9.10.12

Una crítica de un pensador sanmartiniano

 
 En la edición del suplemento cultural de este prestigioso medio (Nuevo Diario de Santiago del Estero) publicada el día 23 de septiembre del corriente año, el Lic. Guillermo Abregú critica una obra que no ha leído. Como soy el autor de la misma cuyo título es "José de San Martín ¿Un agente inglés?", que publicó ediciones Lumiere, sólo por ello, haré un par de reflexiones, puesto que es imposible polemizar con quién ignora aquello de lo que está hablando.

  Por supuesto que desde el inicio disculpo al Licenciado Guillermo Abregú por su falta de información, porque el libro se agotó, en su primera edición, en las librerías de Buenos Aires, apenas a los diez días de haber salido a la venta. Que no leyó la obra está reconocido por el mismo crítico al principio del texto, pero sobretodo por unas cuantas apreciaciones que formula y que dan prueba acabada de ello.

  Al parecer, apenas tomó conocimiento de unos comentarios de Rolando Hanglin, en el diario La Nación sin considerar tampoco otras opiniones que se han vertido con motivo de mi obra, pero que, sin embargo, fueron suficientes para exaltar su furia sanmartiniana. Un ejemplo de ello es cuando menciona a la obra de Rodolfo Terragno, sobre el plan de Maitland, como un antecedente central.

  Al respecto debo aclarar, que esta cita, es una de más de medio centenar que como bibliografía sirvieron a la investigación y que fueran referenciadas en el texto. Otro, es el apunte sobre la masonería, en el que parece interpretar que es a ella a quién yo me dirijo como el factor clave de la dependencia sanmartiniana al imperio británico. Con respecto a este punto escribí un largo capítulo, enteramente dedicado a demostrar que nada tenía que ver su condición masónica, con el servicio que prestara el General a la corona inglesa.

  Es más, él rechazó a sus hermanos y terminó enfrentado con la mayoría de ellos, en Argentina, Perú y Chile, lo que originó que tuviera que irse de los tres países en mala relación con sus contemporáneos y no pudiera regresar jamás, como tampoco pudo hacerlo a España que fue su patria, a la que debía su nacionalidad por el "ius sanguinis", vigente aún hoy, todavía, en la madre patria, donde estudiara, se educara y construyera su vida militar al igual que todos sus hermanos, que permanecieron leales a dicho ejercito y a dicho país al que jamás se les ocurrió traicionar.

  Por último, para hacer breve referencia a otra de sus apreciaciones, le dedico un capítulo también a la actuación sanmartiniana en Europa durante los dos bloqueos, tanto el francés como el anglo francés, que Abregú, por supuesto desconoce. Seguramente en una nueva edición del libro, el Licenciado Abregú podrá leer el trabajo y las pruebas de todo cuanto afirmo que profusamente incorporo al texto, y obviamente, como rechazo la soberbia y el pensamiento único acepto, que tal vez, podrían ser pasibles de una mejor interpretación de su parte o de cualquier otro interesado o conocedor.

  Claro que en este sentido me permito recordarle que al respecto, no ayudaran las expresiones voluntaristas y generalizadoras, como cuando sostiene: "'ante la consabida idea de San Martín y Bolívar de formar la gran nación latinoamericana'" o más adelante: "'mientras San Martín avizoraba el crecimiento hacia Latinoamérica para hacer de ella - junto a Bolívar ' la patria grande que soñaban'" Esto seguramente se debe a una expresión de deseos del crítico pero no tiene ningún fundamento histórico.

  Existen una cantidad innumerable de hechos que prueban que esa era la ambición y la obra de Bolívar, pero no así de San Martín. Esa gloria es del caraqueño, no podemos arrebatársela. Bolívar se comprometió con el destino de su pueblo. Luchó, vivió y murió en el, mientras que San Martín sólo cumplió una tarea en poco más de una decena de años, para después irse, como llegó, y no volver jamás.

  De este último sólo pueden recogerse algunas de sus expresiones en discursos o cartas desde el exilio, desde los que construyó su historia patriótica, pero no existe un solo hecho político en su actuación americana que lo acredite. Las palabras de los interesados no son buena fuente de la historia, puesto que no sólo nadie habla mal de sí mismo sino que generalmente, como diría Leopoldo Marechal, en ellas "se exhiben la cara limpia y se esconde el traste siniestro".
  La sociedad argentina ya superó su estadio primitivo y hoy, culta y evolucionada, exige respuestas a "misterios e interrogantes" que los mitos, como verdad revelada o los ídolos infrahumanos no pueden acordar. Sólo considerando a los próceres fundacionales como hombres de carne y hueso podremos aprender de sus ejemplos y de su abnegación.
 
✒ Antonio Calabrese, autor del libro ''José de San Martín ¿Un agente inglés?" | Nuevo Diario  | .

25.9.12

San Martín no fue agente inglés

 
 El autor de esta nota tiene como propósito dar una respuesta a la columna de Rolando Hanglin 'Una bofetada a San Martín', que apareció en La Nación, el 4 de setiembre de 2012, y que se refiere a un libro de un santiagueño.

  El general José de San Martín no fue agente inglés como sostiene en su libro ('San Martín ¿un agente inglés?') el Dr. Antonio Calabrese. Deslizar o afirmar semejante argumento, es producto de una distorsión histórica que cae frente a las fuentes mismas donde abrevó ocurrentemente: el libro del Dr. Rodolfo Terragno 'Maitland & San Martín', en el que su autor revela el plan de ese estratega escocés (realizado en 1799) para ocupar y luego emancipar las colonias españolas en Sudamérica. Plan del que resultan comparables las acciones llevadas a cabo por San Martín en su campaña libertadora (cruce de los Andes y llegar al Perú por el Pacífico, entre otras analogías), pero que no por ello, según sostiene el propio Terragno, significa que nuestro prócer máximo haya sido un agente al servicio de Gran Bretaña.

  Decir que el Padre de la Patria fue el ejecutor de un plan impartido por los ingleses, defendiendo esta antojadiza interpretación por el hecho de sus amistades militares y políticas británicas -entre otras conjeturas, a partir de la presencia de algunas de ellas visitándolo en estas tierras durante la guerra de la independencia- y porque la flota naval de la expedición Libertadora estaba conformada en gran parte por barcos extranjeros y por tripulantes ingleses, en un número de 600 hombres sobre un total de 1.600, es una disquisición que no tiene asidero, desde el momento en que nadie ignora que fue el Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Juan Martín de Pueyrredón (y lo mismo ocurrió en Chile), quien autorizó fondos a fin de adquirir buques para formar la expedición, y para que se enviaran misiones a los Estados Unidos y Gran Bretaña, a cargo de Manuel Aguirre y Antonio Álvarez Condarco, respectivamente, para contratar naves y tripulaciones para las operaciones navales de la patria naciente. Valga decir que Aguirre llevó al presidente norteamericano Monroe, una comunicación de San Martín, diciéndole: 'El instrumento principal para la empresa de la libertad de América es el armamento de naves'. Agreguemos lo dicho por Norberto Galasso: 'La flota de guerra de las Provincias Unidas, forzosamente debía estar compuesta por ingleses y otros extranjeros, desde el momento en que no había marinos expertos criollos'.

  Conocida es la correspondencia y encuentros que San Martín mantuvo con el comodoro británico Bowles, a cargo de las fuerzas navales de esa nación en Sudamérica (ancladas en Brasil). Desde la primera estada de ese jefe naval en Buenos Aires, en el año 1814, el entonces coronel creador de los Granaderos cambiaría con él ideas sobre la guerra empeñada y, más tarde, por el deseo de obtener ciertas informaciones, reclamó su presencia en aguas de Chile, pero conjeturar a partir de esto que San Martín seguía instrucciones como agente británico, resulta un argumento que no puede pasar de la polémica como verdad.

La influencia masónica

 Por otra parte, tampoco nadie ignora que San Martín era masón (fue iniciado Maestro Masón en 1808, en la Logia Integridad de Cádiz; en Buenos Aires fundó la Logia del Ejército y luego la Logia Lautaro de Córdoba) y, en alguna medida, contó con el apoyo de sus hermanos masones establecidos en Londres para realizar la campaña independentista. Al respecto, también hay que tener en cuenta que Simón Bolívar (quien pertenecía a la 'Logia Estrella de Guayaquil') recibió el apoyo económico de los masones, con los que se entrevistó en Londres en julio de 1810, merced a las gestiones del revolucionario caraqueño Francisco de Miranda, fundador de la Gran Logia Americana de los Caballeros Racionales, quien operaba a ese nivel con la francmasonería inglesa, a fin de conseguir el respaldo necesario para afrontar los gastos del ejército bolivariano en su lucha contra los españoles en América. En este sentido, lord Wellesley -primer secretario del Estado inglés-, recibió a Bolívar en Londres, en su palacio de Apsley House, para darle el respaldo que buscaba. Y qué decir de la carta de Bolívar -firmada de puño y letra el 15 de mayo de 1815 en Jamaica, y entregada a Maxwell Hyslop- ofreciendo Panamá y Nicaragua a Inglaterra a cambio de armamentos, dinero y voluntarios 'que quisieran seguir las banderas americanas' ¿Entonces Bolívar también fue agente inglés, según la teoría de Calabrese? El apoyo militar y económico externo era indispensable para vencer a la potencia realista española, así como Estados Unidos tuvo el apoyo español y francés para independizarse de Inglaterra. Acudir en aquella época a la poderosa masonería europea, ligada a las logias lautarinas integradas por notables criollos afincados en el viejo continente -de las que también formaban parte destacados personajes británicos- era algo así como recurrir en nuestros días al Fondo Monetario Internacional en busca de ayuda económica para llevar adelante los planes trazados. Paradojas e intríngulis de las guerras independentistas americanas, o búsquedas de equilibrios si se prefiere.

 Al interrogante de quién influyó en Europa para que San Martín decidiera venir a América para luchar por la emancipación, cabe señalar que encontró seguro reparo en las ideas que expandía en las logias masónicas el venezolano Francisco de Miranda (que tenía el grado de general del ejército francés), teniendo particular interés en el grupo 'Conjuración de Patriotas' encabezado por el salteño José Moldes y por el que presidía en Cádiz otro salteño, José Gurruchaga, llamado 'Los Caballeros Racionales'. A esta institución gaditana pertenecía San Martín, y coincidían con la Gran Reunión Americana, fundada por Miranda y establecida en Londres, cuyos integrantes prometían trabajar por la independencia de América, y juraban 'no reconocer por gobierno legítimo de las Américas, sino aquel que fuese elegido por la libre y espontánea voluntad de los pueblos y de trabajar por la fundación del sistema republicano'.

Ejemplos para refutar

 Quienes estigmatizan a San Martín como agente británico, deslizan que el Libertador no fue capaz de formar los Estados Unidos de Sud América porque a Inglaterra le convenía que hubiera naciones separadas para disminuir su poder ante los intereses de la Gran Bretaña. De más está decir que esta rebuscada y ofensiva conjetura, se desmorona ante la consabida idea de San Martín y Bolívar de formar la Gran Nación Latinoamericana, que fracasó por las pujas internas del poder, tanto en Venezuela como en el Río de la Plata.

 Sobran los hechos que desmienten la versión de un San Martín agente británico. Si de buscar indicios en este sentido se trata, entonces, más bien habría que poner el ojo en la figura de Bernardino Rivadavia, quien era pro-británico ('representante típico de los negocios ingleses', al decir de Galasso), y al que San Martín estuvo a punto de retarlo a duelo en 1825, precisamente porque Rivadavia lo hacía perseguir con espías y la visión económica de éste era hacia el exterior (Gran Bretaña), mientras San Martín avizoraba el crecimiento hacia Latinoamérica, para hacer de ella -junto con Bolívar- la Patria Grande que soñaban. ¿Acaso pasó al olvido el legado de San Martín a Juan Manuel de Rosas, obsequiándole el sable que lo acompañara en la campaña libertadora, tras la batalla que empeñaron los argentinos en 1845 contra las escuadras navales anglo-francesas en la Vuelta de Obligado?, cuando el general San Martín dijo: '¡Hemos demostrado a los invasores que los argentinos no somos empanadas que se comen con sólo abrir la boca!'. ¿Pudo un agente británico haber expresado esta muestra de patriotismo contra la Armada inglesa?.

 Si bien es cierto que, de acuerdo al libro que citamos de Rodolfo Terragno, nuestro Libertador llevó a cabo un plan de acción prácticamente idéntico al elaborado por el estratega escocés Thomas Maitland (que no se sabe si lo llegó a conocer personalmente), y sin saberse a ciencia cierta cómo se informó del mismo años después -y si lo hizo-, a la luz de las coincidencias con los pasos dados en su campaña libertadora, valga repetir los dichos de Terragno acerca de que 'San Martín (en aquellos días de la lucha por la independencia) consideraba a Gran Bretaña un aliado eficaz y confiable. No obstante, repudiaba todo afán inglés de colonizar Sudamérica'. En este sentido, el historiador británico J. C. Metford, reconoce que San Martín (en 1845) tomó partido por la Argentina y ponderó a Juan Manuel de Rosas por la férrea defensa de la soberanía frente a los ingleses.

 Por todo esto, resulta inconcebible tildar al Padre de la Patria como supuesto agente inglés -incluso dejar flotando el interrogante de si fue rentado o no-. Y algo más concluyente para desagraviar al héroe máximo de nuestra nacionalidad: ¿Qué ofrendaron San Martín y Bolívar a Inglaterra al lograr la independencia de las nuevas repúblicas sudamericanas?

Luz sobre las sombras

 Echemos más luz sobre las sombras que se han arrojado sobre la integridad patriótica y en desmérito del genio militar del Libertador, al poner en duda la originalidad de su plan militar, que más allá de las coincidencias con el plan de Maitland, demostró sobradamente su capacidad táctica y su inteligencia estratégica para organizar -sobre la marcha de los acontecimientos y resultados en la guerra de la independencia- la armada del Pacífico, porque él mismo había manifestado que fue la naval la carrera de su predilección, pues en naves de España sirvió dos años como infante embarcado, y 'dos marinas hermanas -de Chile y Perú- le deben sus desvelos y la de su patria el respeto con que siempre honró a sus figuras más representativas y al rol prestado por la escuadra en encuentros inmortales' al decir del capitán de Fragata, Héctor Ratto, en su estudio sobre la estrategia naval del Libertador, donde se destacan aspectos mal conocidos de la obra militar sanmartiniana.

 Decía Mitre que 'San Martín había combatido veintidós años bajo la bandera española (hasta el advenimiento del absolutismo del que renegó, agregamos) contra los moros, franceses, ingleses y portugueses, por mar y por tierra, a pie y a caballo, en campo abierto y dentro de murallas. Conocía prácticamente la estrategia de los grandes generales, el modo de combatir de todas las naciones de Europa, la táctica de todas las armas, la fuerza irresistible de las guerras nacionales', de modo tal que su genio lo llevó a cumplir con admirable precisión la campaña libertadora.

 Más aún, su ideal libertario y sus principios de moral política se manifestaron en cada acto y pensamiento de su existencia. Al despedirse San Martín de los peruanos, el 20 de setiembre de 1822, señaló: 'Mis promesas para los pueblos en que he hecho la guerra están cumplidas: hacer su independencia y dejar a su voluntad la elección de sus gobiernos'. Y antes, el 24 de junio de 1821, en una entrevista concedida al capitán Hall, oficial de la Marina Real de Inglaterra, afirmó que 'el país mismo juzgará cuáles son sus verdaderos intereses; es justo que los habitantes hagan conocer lo que piensan. La opinión pública es un nuevo resorte introducido en los asuntos de estas comarcas: ha llegado el día en que va a manifestar su fuerza y su importancia'. ¿Qué agente inglés, y ante un militar inglés, podría haber expresado estas virtudes de libertad de los pueblos, tras haberles dado su independencia, sin reclamar para nada derechos de conquista? Todo lo contrario al espíritu imperialista de invasión y ocupación que caracterizó a la Rubia Albión a lo largo de la historia.

 Bien está puesto el título de las dos notas que Rolando Hanglin publicó en el diario La Nación (4-11 y 11-9-2012) sobre el libro 'San Martín ¿un agente inglés'?, de Antonio Calabrese: 'Una bofetada a San Martín'' y a los argentinos, agregaríamos. Y por qué no, a los chilenos y peruanos también.
 
✒ Guillermo Adolfo Abregú | Nuevo Diario  | .
http://www.nuevodiarioweb.com.ar/nota/seccion/415441/martin-agente-ingles

2.4.12

"Los británicos no podían creer que era un único soldado el que los frenaba disparando"


 Él sólo frenó una avanzada británica y le permitió replegarse a 120 compañeros. “Disparé desde todos lados”, dijo a 24CON. Es el único civil de la historia con la máxima condecoración, cuando la recibió era analfabeto.

 La Guerra de Malvinas llevó a la batalla a miles de jóvenes conscriptos que, algunos con apenas meses de instrucción militar, lucharon fusil en mano contra las entrenadas tropas británicas. Entre los colimbas, muchos destacaron y pusieron en juego su valor y su vida por sus compañeros, pero entre todos ellos uno en particular demostró de lo que podía ser capaz.

 El Soldado Oscar Poltronieri era el encargado de utilizar una ametralladora pesada MAG como integrante del Regimiento de Infantería Mecanizado 6 de Mercedes. En una de las últimas batallas de la guerra, él sólo demoró el avance de los ingleses mientras sus compañeros se replegaban seguros. Su valor fue premiado, es el único civil de la Historia argentina que recibió la más alta condecoración. Tras la Guerra de Malvinas sólo 20 combatientes recibieron la Cruz La Nación Argentina al Heroico Valor en Combate, Poltronieri es el único conscripto.

 “A mi la medalla me la dieron por lo que contaron los ingleses. Mis compañeros contaban lo que había hecho, yo relaté cómo había escapado, pero cuando los ingleses contaron cómo alguien los frenaba disparándoles, me dieron la medalla”, relató a 24CON.

 Aun cuando en la ciudad de Mercedes, hacia el oeste de Buenos Aires, apenas kilómetros fuera del Conurbano, una calle lleva su nombre y una plaza ostenta orgullosa un monumento a su figura, él se muestra humilde y sorprendido ante cada pregunta. Es que aunque sabe que lleva la misma medalla que los próceres argentinos, reconoce que no sabe cuán importante fue su trabajo.

 Ya cuando la mitad de junio había avanzado sobre las islas, al igual que las tropas inglesas, y el cerco de fuego se acercaba hacia Puerto Argentino, Poltronieri y su batallón se vieron cara a cara con el enemigo. “Mataron a un compañero que operaba otra MAG, me agarró una bronca… entonces me quede solo. Replegué una compañía mientras yo sostenía a los ingleses”, en pocas palabras Poltronieri resume cómo le salvó la vida a más de 100 compañeros.

 La superioridad numérica y técnica de los ingleses hacía que no detuvieran su paso. Mientras las tropas argentinas replegaban desde los cerros hacia la capital de las islas, continuaban disparando. Los morteros británicos impactaban entre los soldados que regresaban a Puerto Argentino. “Disparaba y me replegaba, y volvía a disparar. Tiré desde el cerro Dos Hermanas, desde el monte Longdon y monte Tumbledown. Los ingleses nunca supieron que era uno sólo”, afirmó orgulloso.

 Dos días después de que sus compañeros se replegaran y lo dejaran al joven soldado como única cobertura, reapareció en Puerto Argentino sin un solo rasguño. “Me dieron por muerto tres veces, pero las tres reaparecí tirando otra vez. Cuando volví al cementerio, donde habían replegado mis compañeros, no lo podían creer. Tuve un dios aparte”.

 Días antes de la guerra sufrió un incidente que casi lo aleja de su destino heroico: “se me metió una mosca en el oído, y me hizo gusanos. En el regimiento me atendieron y me los sacaron, casi pierdo el oído derecho. Entonces me firmaron la baja, me podía ir a mi casa, pero yo no lo firmé, no me quería ir, y unos meses después empezó lo de Malvinas… era mi destino”, explicó.

 Poltronieri se transformó en el héroe de los colimbas. El Congreso Nacional lo condecoró y él entendió que había cumplido. Sin embargo, no pudo leer lo que decía la cruz que le entregaban, Poltronieri no sabía leer ni escribir. Las notas que se escribieron sobre sus acciones las pudo leer recién hace pocos años cuando ingresó a la escuela. Reconoce que le cuesta y le lleva tiempo reconocer cada letra, pero hoy puede leer y escribir.

 Su analfabetismo sumado a la notoriedad que le dieron sus acciones en Malvinas lo llevaron a sufrir algunos problemas. Durante los noventa, el municipio de General Rodríguez le entregó una casa, pero un concejal lo invitó a firmar unos documentos que él no supo leer. Firmó la entrega del inmueble al concejal y quedó en la calle. Con el paso de los años el Municipio de Mercedes le cedió un lote donde hoy busca levantar una casa prefabricada. Trabaja en el Hospital Militar de Campo de Mayo y es un referente sobre los soldados que combatieron en Malvinas.

Poltronieri volvió hace dos años a las islas para filmar el documental
El Héroe del monte Dos Hermanas
 “Estas semanas tuve mucho trabajo. Dimos charlas en colegios, programas de televisión, notas. Además trabajo en una película”. Es la segunda película donde trabaja como él mismo. En abril del año pasado se estrenó el documental El Héroe de Monte Dos Hermanas, donde se muestra su regreso a su posición en las islas, luego de más de dos décadas de haberla abandonado.

 El Conflicto de Malvinas sigue siendo el motor de su vida. Espera el día en que Gran Bretaña se siente a discutir con Argentina sobre soberanía y cuando las islas dejen de estar ocupadas. Espera y sabe lo que hará ese día: “Me voy a vivir a las islas, voy a ser el primero en ir, es mi tierra. Malvinas es un sentimiento para mi. Ojalá nos devuelvan las islas, pero se va a poner muy duro, tienen semejante base, han hecho cualquier cosa en las islas. Me gusta la estrategia argentina de ir hablando con todos los países y conseguir apoyo… Ojalá vuelvan a la Argentina”, finalizó.

 Humilde y silencioso, Poltronieri vive sólo. Habla de los colegios humildes que visita para contar su historia y de las necesidades de los comedores de Mercedes. Se emociona al ver la necesidad de los chicos de su barrio y recuerda a su ex esposa y sus hijos que viven en Entre Ríos. Quiere tener su casa y más tiempo para practicar lectura. Cada día que vive, piensa y sueña con el día en que pueda regresar a las Islas Malvinas para establecerse y empezar de nuevo como un habitante de las frías islas del sur.

Leandro Fernández Vivas | 24CON | Lunes 2 de abril de 2012.

14.1.12

Periodista inglés plantea a Londres que devuelva las Islas Malvinas



Un problema en las Malvinas, una solución civilizada

 Deberíamos repetir el éxito del traspaso de Hong Kong y prepararnos para entregar las islas a Argentina.

 El problema de las Malvinas, uno de los dos únicos problemas post-coloniales realmente polémicos que quedan para Gran Bretaña, Gibraltar es el otro, se está calentando nuevamente y siniestramente. Se convoca a los embajadores, se hacen declaraciones a las asambleas nacionales, se dan direcciones belicosas, se desempolvan los viejos planes de invasión y se reconsideran las reacciones defensivas navales de larga distancia; y todo con un cansado suspiro de exasperación y gemidos de "¿Cómo volvió todo a esto?".

 El petróleo, es una respuesta, el pescado otro, así como el orgullo nacional, considerado oficialmente como "en juego" una vez más, tanto en Londres como en Buenos Aires. Principios políticos consagrados por el tiempo: la autodeterminación para los isleños, en particular, está siendo desafiada. Las formas de vida insulares largamente veneradas (bollos de teatime, conducir a la izquierda, cosechar kelp, hablar inglés) están en juego.
 Si el tempo mejora, podríamos ver hablar de 1982 de nuevo. Lo que es actualmente un problema podría convertirse en una crisis. Después de un intervalo de treinta años, el pensamiento está borboteando en primer plano que un tesoro mal pagado podría ser gastado nuevamente y una sangre preciosa derramada una vez más, para enfrentar un problema que Jorge Luis Borges ridiculizó durante la última y desordenada pelea entre Gran Bretaña y Argentina: "Dos hombres calvos peleando por un peine".

 Él estaba  en lo correcto en ese momento, y estaría bien si alguien volviera a decirlo. Otra guerra sería inútil. Seguramente haría que el último fuera casi completamente inútil. Y si los británicos nos molestamos en combatirlo con nuestras Fuerzas muy disminuidas, probablemente perderíamos. Esa es la cruda realidad que debe tenerse en cuenta en Whitehall. Sin duda están siendo considerados en polvorientos rincones del Departamento de Estado, por un gobierno estadounidense que ha indicado que ciertamente esta vez no vendría en nuestra ayuda, ya sea abierta o encubiertamente, deberíamos ser tan tontos y miopes como para tratar de resolver este problema una vez más con pistolas.

 Sin embargo, este es un problema que podría resolverse, y en su totalidad por la diplomacia y el sentido común. Podría ser resuelto y debería resolverse, sobre todo porque es bastante absurdo que nuestra relación con un gran país de América Latina resulte incómoda al distraer el problema de forma tan delicada. Hay al menos dos precedentes para guiarnos, y uno de ellos involucra a una nación que la mayoría de los británicos consideraría tan poco confiable como hemos considerado durante mucho tiempo a Argentina.

 Este precedente involucra a China. Este es un país con un historial de derechos humanos que es en muchos órdenes más espantoso que el de Argentina, y sin embargo, los británicos hemos confiado implícitamente desde 1997 que los chinos, según lo acordado, se encargarían de los seis millones anteriores Ciudadanos británicos de nuestra antigua colonia de Hong Kong. La garantía que les obligamos a firmar (permitiendo que "obliguen" a Whitehall a ver las cosas) sostuvo que, durante los 50 años posteriores al traspaso del 30 de junio de 1997, la forma de vida de la población local - té oolong en el Clipper Lounge, revistas porno con papel adhesivo aplicado a las partes traviesas, concesionarios de Rolls-Royce en cada esquina, zapatos blancos solo en Ladies Recreation Club, una escala de pago fijo para las criadas filipinas, se conservarían.

 La soberanía china sobre el territorio se concedió fácilmente (no podía haber ningún argumento al respecto, en realidad, dado que China poseía el suministro de agua y tenía un ejército diez veces más grande que el nuestro), pero se podía preservar el modo de vida colonial. Y debe admitirse que, a pesar de disparar prisioneros y encarcelar a Ai Weiwei y de excluir a su gente de Facebook y Twitter, China ha cumplido más o menos su promesa hacia nosotros y hacia Hong Kong. Un país, dos sistemas: esta idea radical que se remonta a fines de la década de 1980 ha funcionado desde entonces, y casi impecablemente.

 Sin embargo, el precedente Nº 2 es el más interesante y posiblemente el más relevante. Se trata de un archipiélago disperso en el norte del Mar Báltico, las Islas Aland. Están situados casi a medio camino entre los acantilados sumergidos en el mar de Finlandia y Suecia; gracias a los dramas geopolíticos excesivamente complejos del Báltico (que implican principalmente hegemonía rusa y guerras con Francia) se encontraron después de la Gran Guerra colonizada casi en su totalidad por los suecos y aún en la Crisis de Aland de 1921, reclamada tanto por Suecia como por Finlandia.

 La Sociedad de las Naciones fue presionada a cumplir su primer deber de arbitraje, causando fascinación en todo el mundo y un inmenso alboroto internacional. Incluso Japón intervino, argumentando a favor de Finlandia (principalmente para garantizar el voto de Finlandia si y cuando Japón presionó sus propias reclamaciones a varias islas queridas por Corea) que desde que los Aland estuvieron geológicamente conectados a Finlandia, y separados de Suecia por un mar profundo- trinchera, deben considerarse finlandeses.

 Y así es como finalmente votó la liga. La bandera finlandesa, según se dictaminó, podía sobrevolar la capital, pero las costumbres y leyes de Suecia (incluido el idioma del gobierno y la educación ofrecida a los niños) se aplicarían al pueblo Aland. Los suecos inicialmente estaban malhumorados por perder la soberanía; pero en los 90 años transcurridos desde entonces, todas las islas han prosperado y la crisis ha quedado olvidada hace mucho tiempo.

 Sospecho que la próxima crisis de las Malvinas de 2012 también sería olvidada si pronto se acordara un acuerdo similar entre Londres y Buenos Aires. No hay necesidad para la ONU arbitrar, o para cualquier otra persona: Gran Bretaña y Argentina podrían llegar rápidamente a un acuerdo, si todos se comportaran con madurez y de buena fe.

 En esencia, el trato sería similar al del Báltico, con solo un toque del acuerdo de 1997 sobre Hong Kong. La soberanía de las Islas Malvinas sería, crucialmente, entregada a Argentina. A cambio, darían una garantía firme, inequívoca e internacionalmente garantizada de que la forma de vida británica se conservaría en las islas para, digamos, el próximo siglo. Si alguien realmente se preocupa, todos los nombres locales - Puerto Stanley, Goose Green - se quedarían, aunque Gran Bretaña podría y debería permitir que las islas se llamen Malvinas (que en cualquier caso es una reliquia del colonialismo francés, los colonos originales era provenientes de St. Malo).

 Y en lo que respecta al petróleo y los peces -los asuntos que realmente preocupan a las tres partes- se podría acordar un acuerdo negociado. Tal vez Londres, Buenos Aires y Puerto Argentino recibirían cada uno un tercio de los ingresos, con las proporciones que cambiaban con el paso de los años.

 El diablo bien podría estar en esos detalles financieros: las conversaciones podrían llevar años. Pero hablar es mucho mejor que luchar. Mientras el principio básico -el de intercambiar soberanía por garantías, de permitir que una bandera celeste argentina sobrevuele la Casa de Gobierno de Puerto Argentino , siempre que un taxi de la isla pueda conducir por Thatcher Drive en el lado izquierdo - se acuerda desde el comienzo: entonces puede algún sentido volver al Atlántico Sur, y el miedo a esta situación extraña e innecesaria que se sale de control una vez más puede evitarse, de una vez por todas.



✒ Simon Winchester @simonwwriter | The Times | Sábado 14 de enero de 2012.

21.8.11

"¡Cuba se cargó a la URSS!"


   Un alto funcionario disidente desvela las cifras del desastre.

 Fui jefe del departamento que atendía las relaciones con Hungría, Checoslovaquia y Yugoslavia. Negocié muchos de los créditos que Cuba recibió del campo socialista; una ayuda que no tenía ninguna sustentación económica, sólo política", se sincera Óscar Espinosa Chepe.

 Espinosa Chepe tiene 71 años, es economista y disidente. Pero antes de romper con el régimen de Fidel Castro trabajó durante décadas como alto funcionario en las entrañas del sistema de planificación centralizada que se construyó en la isla a imagen y semejanza del soviético. Hoy, tras dos estancias en la cárcel, múltiples interrogatorios y una orden de confinamiento que le impide salir de La Habana, dedica su tiempo a levantar acta del naufragio estructural de la economía de su país tras el hundimiento de la URSS.

 "En realidad, no fue Gorbachov. ¡Cuba acabó con la Unión Soviética! Lo que Moscú se gastó aquí es incalculable. Sólo en créditos impagados, los rusos estiman que perdieron unos 20.000 millones de dólares de la época; una cifra a mi juicio conservadora", dice vía telefónica a La Vanguardia desde su domicilio habanero.

 En la lógica de la guerra fría y en aras del internacionalismo proletario, Moscú se dejó en Cuba hasta la camisa. El cheque en blanco duró 30 años y cubrió todos los ámbitos de la vida en la isla. Desde la agricultura y el deporte hasta el ballet clásico, las fuerzas armadas, el transporte o las muñecas. Entre 1960 y 1990, se calcula que llegaron al país unos 18.000 soviéticos –sin contar asesores militares ni espías– para trabajar en el desarrollo del socialismo tropical. A su vez, entre 100.000 y 300.000 cubanos marcharon becados a la URSS para recibir formación técnica y académica en todo tipo de disciplinas.

 Cuenta Espinosa Chepe que la subvención soviética a las arcas sin fondo del régimen castrista consistía en "una ficción contable absoluta, mediante la que Moscú pagaba los productos que Cuba le vendía a un precio nueve o diez veces superior al del mercado y, a la vez, le proporcionaba petróleo a costos preferenciales". Así, el crudo soviético "se convirtió en la principal fuente de divisas para la economía cubana y su primer producto de exportación al mundo capitalista, que pagaba en dólares los barriles que recibía directamente de Bakú".

 Porque lo demás llegaba en especias –alimentos, maquinaria, productos de todo tipo– o en rublos. "Unos tres millones de rublos convertibles al día les costaba el subsidio", apunta el también ex diplomático, que prefiere no sacar la cuenta global de la fortuna dilapidada. "La ayuda sostuvo el sistema de salud y educación, pero no sirvió para desarrollar el país. Ni el campo ni la industria sobrevivieron al colapso de la Unión Soviética", añade.

 Tras el cataclismo, Moscú abandonó a los cubanos a su suerte. Los rusos se olvidaron incluso de sus inversiones en la isla –algunos cifran en 12.000 millones de dólares– y cortaron compras y suministros. "Para nosotros fue como si dejara de salir el sol", diría mucho después Fidel Castro, que en 1991 decretó el estado de emergencia económica con el llamado periodo especial: un regreso a la autarquía "que aún no ha terminado", sostiene Espinosa Chepe.

 Cuba logró sobreponerse a la brutal caída del 35% que su PIB sufrió en los primeros tres años de orfandad soviética. Se abrió al turismo, despenalizó la tenencia de dólares, autorizó los mercados campesinos y permitió la entrada de remesas. "Pero sobre todo –afirma el economista–, se entregó a otra dependencia: la venezolana. Caracas es el nuevo Moscú, aunque con menos recursos. De la URSS dependíamos, pero al menos recibíamos tecnología. ¿Qué pueden darnos los venezolanos a nosotros? ¡Nada!".


✒ Elisabet Sabartés @esabartes  | La Vanguardia | Domingo 21 de agosto de 2011.

30.6.11

“Nunca les perteneció”


 Un grupo de mapuches ha ocupado un predio de nuestro Parque Nacional Nahuel Huapi y lo ha llamado «lugar recuperado», cuando en el momento de la conquista lo poblaban nuestros pampas puelches y los poyas (de etnia tehuelche), conforme el libro de Guillermo Furlong S. J., “Entre los tehuelches de la Patagonia”, o las noticias de los misioneros Rosales, Mascardi, Guillelmo, Manchoni, Cardiel y otros jesuitas que caminaron y poblaron la región, o las entradas de los primeros españoles desde Chile. No había mapuches en la región, ya que éstos eran trasandinos. Cuando el general Roca realizó su Campaña al Desierto, y en las campañas de 1881 y 1883 del general Villegas a Neuquén, la zona de Bariloche la ocupaban los tehuelches manzaneros de Sahiueque (gran cacique tehuelche septentrional, por padre y madre), no los mapuches. Sin embargo ninguna autoridad nacional, provincial ni municipal hace nada para desalojarlos de un lugar que nunca les perteneció y que ocupan ilegalmente.  



✒ Roberto Edelmiro Porcel* | Río Negro | Jueves 30 de junio de 2011.

Miembro de la Academia Argentina de la Historia Ciudad Autónoma de Buenos Aires

3.4.11

Un héroe, todos los héroes

Sección de Ametralladoras del BIM 5 combatiendo en Monte Tumbledown

 Varios relatos británicos mencionan a un heroico soldado argentino del que casi nada se sabe, que fue ultimado poco antes de la caída de Puerto Argentino, tras negarse a rendirse, cuando su sección ya lo había hecho. En 1983, fue hallado un cuerpo en la zona de ese combate y se lo enterró como NN en Darwin. Con los años, varios estudios empezaron a relacionar una cosa con otra dando origen a "la leyenda del soldado Pedro", un héroe anónimo al que todavía sus ex compañeros de batalla siguen tratando de identificar

 La noche del 13 de junio de 1982, cubierto por la nevisca reinante, el Segundo Batallón de Guardias Escoceses asaltó las posiciones argentinas en Tumbledown, un monte de 228 metros de altura que dominaba la última línea defensiva de las tropas nacionales alrededor de Puerto Argentino, capital de las islas Malvinas. Tras ocho horas de combate -reconocido por ambos bandos como el más duro de la campaña- y un último y desesperado contraataque, los argentinos se vieron forzados a retirarse. Detrás dejaban la última chance de detener el asalto enemigo hasta la llegada del invierno y evitar así la derrota total, que llegaría pocas horas más tarde. Pero su resistencia y entrega dejaban algo más entre los británicos: una leyenda.

 Ya en la madrugada del 14 de junio, cuando las posiciones argentinas iban cayendo, un soldado criollo habría decidido seguir peleando, quizá para permitir la retirada de sus compañeros o tal vez por no aceptar la inminente derrota.

 Algunos relatos británicos dicen que resistió una hora, otros sostienen que aguantó aunque todos coinciden en que este muchacho cambió de posición constantemente e hizo fuego contra los Guardias, negándose a rendirse; incluso cuando un oficial argentino capturado le ordenó hacerlo. Hasta que fue abatido por una combinación de cohetes antitanque y un último y fatal disparo en la frente. Cayó en la ladera este del monte, denominada La Terraza, en un despeñadero tan inaccesible que su cuerpo recién pudo ser recuperado en enero de 1983.

 Los Royal Pioneers y los enterradores civiles que rescataron el cadáver desconocían el nombre de este joven, como el de la mayoría de los 649 argentinos que murieron en las islas. Sólo sabían que había sido un héroe, que de haber sido uno de ellos, hubiera recibido los más altos honores. Su recuerdo perduró, y con el tiempo lo apodaron Pedro. ¿Por qué Pedro? Probablemente, porque para los británicos es un nombre apropiado para un latino desconocido, como John podría serlo para un británico desconocido. Sea como fuere, recién varios años después se empezó a profundizar en el tema.

 "Pedro podría haber esquivado la batalla, pero en cambio peleó solo y a muerte, y es triste que su nombre no sea conocido y honrado como merece", afirma el historiador británico-estadounidense Hugh Bicheno en su libro Razon´s edge, que aunque con algunas críticas, es considerado el más serio de los que alude al personaje.

 Cuando se dio con el cuerpo, todos los argentinos caídos en Malvinas ya estaban enterrados en Darwin, en tumbas anónimas. A Pedro le correspondió la B-1-15, y con eso pasó a ser un "soldado desconocido" más.

¿Cómo develar entonces quién fue este heroico conscripto? Hay una primera respuesta bastante imprecisa, aunque cierta: Pedro fue uno de los cerca de 30 argentinos que murieron en Tumbledown.


Tras un manto de misterio

 El notable desempeño de Pedro no fue la excepción en Tumbledown. La noche del 13 al 14, el grueso de los argentinos que permanecía allí pertenecía al Batallón de Infantería de Marina Nº 5, Compañía Nácar, con base en Tierra del Fuego en tiempo de paz. Los hombres del BIM-5 estaban acostumbrados al frío y al viento, y su duro entrenamiento de dos años los había preparado mejor que a la mayoría del Ejército. Estaban bien equipados y contaban con amplio entrenamiento en cartografía y combate nocturno, algo fundamental en Malvinas, donde la mayoría de los ataques británicos se dio por la noche.

 Los tropas enemigas consideraban al BIM-5 de lo mejor de la Argentina. Y la unidad hizo justicia a su fama: sobre dos secciones de la Compañía Nácar cayó la furia de la Compañía Left Flank de los Guardias Escoceses, pero los infantes contuvieron a esa fuerza muy superior en número alrededor de seis horas. Para desalojarlos, los británicos tuvieron que asaltar una a una sus posiciones, recurriendo a la artillería terrestre y naval, los misiles antitanque, las granadas, y el combate cuerpo a cuerpo. Teniendo en cuenta que Pedro luchó con tanta garra, no sería de extrañar que hubiera pertenecido a este grupo.

 Salvo por un dato: el BIM-5 batalló, en general, en la parte oeste de Tumbledown, lejos de donde hallaron a Pedro. Sin embargo, por mucho tiempo no se descartó que Pedro pudiera ser un infante de marina que escapó de la derrota inicial y se replegó para seguir peleando. Aunque algo revelado por Bicheno a Enfoques permitiría desechar esa posibilidad: "Pedro vestía como los del Ejército. Si hubiese tenido el uniforme del BIM-5, los que recuperaron su cadáver lo habrían comentado. Los británicos pensaban erróneamente que el vestuario de los infantes de marina era distintivo de los comandos argentinos".

 Dado que no es lo mismo combatir con una fuerza de élite que con conscriptos, si Pedro hubiese vestido como un integrante del BIM-5, los británicos no se hubieran privado de destacarlo. Eso es lo que hicieron en las batallas donde enfrentaron a grupos comandos porque les enorgullecía haberlos vencido. Así las cosas, si Pedro era del Ejército, ¿a qué unidad pudo pertenecer?

 En Tumbledown participaron varias unidades del Ejército: 48 hombres de la 3ª sección de la Compañía B del Regimiento de Infantería Motorizada 6, de Mercedes, Buenos Aires; 12 de la compañía B del Regimiento del Infantería 12 de Mercedes, Corrientes, a cargo del subteniente Celestino Mosteirín y que sufrió la baja del conscripto Ramón García, y otra sección aún más disminuida (cinco hombres) del Regimiento de Infantería 4, con asiento en Monte Caseros, Corrientes, a cargo del subteniente Oscar Silva, que murió junto a sus cuatro muchachos. La mayoría procedía de Dos Hermanas, enclave perdido la noche anterior.

 Oscar Teves, autor local del libro Pradera del Ganso y próximo a escribir otro sobre Tumbledown, no descarta a ninguno de estos grupos. Ni siquiera al BIM-5: "En verdad, no sé si La Terraza es el lugar donde cayó Pedro. Es más, recorrí la zona y no vi lugares inaccesibles como el que describe Bicheno".

 En cambio, para el hoy teniente coronel y por entonces subteniente de 19 años de la 3ª B/RIM6, Esteban Vilgré La Madrid, las líneas de investigación siempre fueron dos: "Hasta saber lo del uniforme de Pedro, siempre pensé que era un infante de marina desprendido de la sección del teniente de corbeta Carlos Vázquez -la última del BIM-5 en resistir- o uno de mi sección, que luchó en el lado este de Tumbledown, donde abatieron a Pedro. Aparentemente, este joven cayó a 400 metros del sitio inicial donde estaba yo, pero eso no significa que no perteneciera a mi grupo porque no estábamos todos juntos".

 La Madrid descarta a los muchachos del subteniente Silva, ya que se encontraban en el sector oeste del monte. También al soldado García, del RI-12. "Me lo aseguró el subteniente Mosteirín", acota.

 Los conscriptos muertos del RIM-6 en Tumbledown cayeron durante un contraataque lanzado sobre el final, una vez doblegada la sección del teniente Vázquez. El RIM-6 estaba bien entrenado por su jefe, el teniente coronel Oscar Jaimet, antiguo comando que había instruido a sus hombres en combate nocturno. Pese a no estar tan aclimatados como los fueguinos del BIM-5, los muchachos del RIM-6 eran en general peones de Lobos, Mercedes, Luján y zonas aledañas, que sabían de heladas e intemperie. Y coraje no les faltaba: Oscar Poltronieri, el soldado más condecorado del Ejército en su historia era uno de sus dos ametralladores (ver recuadro).

 La historia de Poltronieri tiene varios puntos en común con la de Pedro: Poltronieri cambió constantemente de posición y se rezagó durante la retirada, aletargando el ataque británico. Y también fue dado por muerto, aunque en realidad logró escapar.

 ¿Es posible que la leyenda británica mezclara varias historias? No se puede descartar. De hecho, en batallas anteriores también aparecieron relatos de francotiradores o ametralladores argentinos deteniendo ataques durante horas. Hay un cierto patrón en la psique británica, más dispuesta a creer en historias de "súperargentinos" que en la resistencia organizada de varios grupos oponiéndoseles al mismo tiempo. Es más, como en el caso de Pedro, en los relatos sobre el combate del 28 de mayo en Pradera de Ganso, se habla de criollos negándose a rendirse ante el pedido de oficiales capturados.

 No es lo único. Ya que hay diferentes versiones de la leyenda de Pedro: en una, el joven dispara contra los helicópteros británicos de evacuación médica. En otra, son dos los que lo hacen, y se encuentran al otro lado del monte.

 Esto tiene su lógica. La batalla de Tumbledown no sólo fue de noche sino que nevaba, por lo que la visibilidad era muy mala. Y los militares británicos estaban librando una durísima pelea, bajo fuego enemigo. Relatos de ambos bandos cuentan que el monte literalmente temblaba por los impactos de sendas artillerías, que saltaban esquirlas cortantes de roca y que el ruido era tan ensordecedor que apenas se escuchaban las órdenes y se tenía conciencia de lo que sucedía a pocos metros. Es factible entonces que bajo tanto estrés, los británicos mezclaran situaciones diferentes con distintos soldados argentinos (entre ellos Poltronieri). Además de los relatos que ya habían escuchado y lo que esperaban de sus enemigos.

 Por eso no hay que desechar que haya habido más de un Pedro. Uno de ellos, el hallado en enero de 1983.


Las bajas del RIM-6

 Pero dándoles crédito a los dichos de Bicheno, ¿de quién era el cuerpo recuperado en el despeñadero?

 Las alternativas se reducen a los soldados del RIM-6 que cayeron en combate. En 2010, para el bicentenario de ese regimiento, Enfoques viajó a su nuevo cuartel, en Toay, La Pampa, donde hay una placa en homenaje al conscripto Juan Horisberger, que dice que el enemigo lo apodó Pedro por su valentía. Sin embargo, más allá de su coraje, sólo se trataría de una iniciativa ligada a la buena voluntad de algunas personas. Asimismo, testimonios de varios de sus compañeros indican sin duda que Horisberger fue el primero en morir, de un tiro en el pecho.

 Otros tres soldados, Horacio Balvidares, Horacio Echave y Héctor Guanes, murieron en posiciones conocidas. Los dos primeros habían caído cerca de Sapper Hill y Guanes, en Dos Hermanas.

 Sobre Ricardo Luna surgieron dudas, pero para La Madrid, su deceso no coincide con el momento en que habría caído Pedro. También hubo interrogantes en torno a Juan Rodríguez, aunque según La Madrid, el tirador de la sección David Torres fue testigo de su muerte, cerca del fin del combate de Tumbledown, en la madrugada del 14 de junio. La última baja del RIM-6 fue Sergio Azcárate, que murió cuando la sección se encaminaba a Puerto Argentino, alcanzado por fuego enemigo.

 Así, quedan sólo dos: Luis Jorge Bordón, de Lobos, y Walter Ignacio Becerra, que en 1982 vivía en el barrio Zarza de Moreno, Buenos Aires. Ambos integraban el primer grupo de tiradores.

 "A mí me suena más la chance de Becerra. Primero, porque Bordón no estaba tan cerca del lugar descripto, aunque tampoco lo descarto. Y además, por su forma de ser: un tipo muy astuto, vivaracho. El relato sobre un muchacho cambiando de posiciones para despistar al enemigo cuadraría con él, con su personalidad. Y también por el arma que usaba, un FAP, versión ametralladora del FAL normal, con mucha cadencia de fuego, que hubiera llamado poderosamente la atención de los británicos, por sonar distinto al grueso de las armas propias y ajenas", señala La Madrid.

 Una forma de saber si Pedro y Becerra fueron la misma persona era averiguar quién fue el militar argentino que lo habría intimado a rendirse. Según relatos británicos, ese oficial podía ser Vázquez. No obstante, en ese momento el teniente del BIM-5 estaba siendo "interrogado" por sus captores del otro lado del monte porque lo confundieron con un francotirador que les había matado varios hombres. Vázquez no habla mucho sobre Malvinas, aunque por intermedio del investigador Teves se pudo confirmar que él no fue quien habría intentado disuadir a Pedro. Tampoco lo fue el subteniente Mosteirín, que cayó preso junto al teniente de corbeta. Por lo que la leyenda de Pedro sigue reservándose algunos misterios.

 El Ejército no se pronunció oficialmente sobre esta historia. Por ende, se descarta que se haya pensado en recurrir a análisis de ADN para conocer la verdadera identidad de Pedro. Además, en cuanto a Becerra sería imposible hasta que no se logre dar con su familia. "En los casos de Becerra y Guanes, nunca pudimos establecer contacto; con el resto, sí. Al principio, cuando llamábamos, muchos estaban muy enojados, eran padres que habían perdido a sus hijos en la guerra. Pero cuando les explicábamos que lo hacíamos para invitarlos a homenajes que rendíamos a sus hijos, cambiaban de actitud", explica el teniente coronel Marcelo Pollicino, responsable de algunas de esas búsquedas, como de actividades relacionadas con el stress postraumático de veteranos de guerra y familiares y entusiasta seguidor de la historia de Pedro. "Hacer estudios de ADN conllevaría una decisión política, cuestiones diplomáticas, fondos. Además, debería ser para todas las familias que tienen un hijo sepultado como NN en Malvinas", añade.

 El último intento para localizar a la familia de Becerra fue en 2004, en la dirección y teléfono de su madre, en el barrio porteño de Parque Patricios. Enfoques retomó la búsqueda mediante la Unidad de Atención y Asistencia al Veterano de Malvinas de la ANSES, aportándole nombre completo y DNI del fallecido, aunque al cierre de esta edición no se había obtenido respuesta, lo que impidió saber si alguien cobra una pensión en su nombre e intentar contactarlo.

 Como Pedro habría muerto en soledad y nadie pudo certificar que se tratara de Becerra, esta investigación sigue abierta. Sólo un testimonio clave que este trabajo tal vez no halló o un ADN al cuerpo enterrado en la tumba B-1-15 de Darwin podría quizá desentrañar el interrogante. Pero no cabe duda de que, sea quien fuere, Pedro encarna el valor de muchos jóvenes que ofrendaron o estuvieron dispuestos a dar su vida por la Patria. Muchos de los cuales hoy caminan por las calles, anónima y humildemente, a pesar de haber actuado como verdaderos héroes.


El único conscripto condecorado

 "Constituirse durante toda la campaña en ejemplo permanente de sus camaradas, por su espíritu de lucha, sencillez y arrojo, ofreciéndose como voluntario para misiones riesgosas. En combates desarrollados en las zonas de los montes Dos Hermanas y Tumbledown operó eficazmente con una ametralladora deteniendo ataques enemigos. Fue siempre el último en replegarse, resultando sobrepasado en ocasiones por los ingleses. Dos veces se lo tuvo por muerto, pero logró reunirse con su sección y siguió combatiendo con igual decisión y eficacia". Así reseña la Cruz de la Nación Argentina al Heroico Valor en Combate el accionar en Malvinas de Oscar Poltronieri, el único conscripto condecorado con este galardón por el Ejército Argentino en toda su historia. "El Poltro" nació en Mercedes el 3 de abril de 1962, hoy cumple 49 años. En su ciudad natal realizó diversas tareas de campo desde chico (no pudo ir a la escuela) y también hizo la conscripción, a la que se presentó porque no lo convocaban. Tras la guerra, con las medallas, pasó por la TV local y europea, hasta que llegó la hora de seguir con su vida. Se casó, tuvo cinco hijos (el primero murió), se mudó al conurbano y trabajó 14 años en una compañía láctea. Luego empezó a deambular por un sinfín de lugares y hasta llegó a pedir en los trenes. Callado y solitario, ahora vive humildemente en Entre Ríos, aunque al menos ya no piensa en vender las medallas que dan cuenta de sus hazañas malvineras".

Oscar Poltronieri, Cruz al Heroico Valor en Combate

Libros en la pesquisa

 El primer texto británico que hizo referencia a la heroica resistencia de un soldado argentino en Tumbledown fue Going back: return to the Falklands, de Simon Weston, un ex guardia galés que sufrió muy graves quemaduras durante el hundimiento del buque Sir Galahad. El libro, tildado de poco confiable debido a la experiencia que atravesó su autor, habla de dos conscriptos del BIM-5 que le dispararon a helicópteros médicos del Reino Unido en el lado opuesto del monte al que aludirían los siguientes títulos. En 1989, salió The fight for the Malvinas, del militar e historiador Martin Middlebrook, el primero en cruzar fuentes de ambos bandos. 5th Infantry Brigade in the Falklands, de Nicholas van der Bijl y David Aldea, volvió a decir en 2002 que el conscripto le había tirado a los helicópteros de evacuación. Algo que el historiador Hugh Bicheno negó tajantemente en Razon´s edge, en 2006. De los cuatro, sólo el último texto se tradujo al castellano tres años después como Al filo de la navaja.

✒ Sergio Núñez y Ernesto Castillo | La Nación | Domingo 3 de abril de 2011.