5.2.13

29.1.13

Nacionalismo - Antonio Caponnetto (4° parte)




Ciclo de conferencias sobre el actual Nacionalismo Argentino.  
Centro de Estudios Económicos Mariano Fragueiro. 

22.1.13

Nacionalismo - Antonio Caponnetto (3° parte)




Ciclo de conferencias sobre el actual Nacionalismo Argentino.  
Centro de Estudios Económicos Mariano Fragueiro. 

15.1.13

Nacionalismo - Antonio Caponnetto (2° parte)




Ciclo de conferencias sobre el actual Nacionalismo Argentino.  
Centro de Estudios Económicos Mariano Fragueiro. 

8.1.13

Nacionalismo - Antonio Caponnetto (1° parte)




Ciclo de conferencias sobre el actual Nacionalismo Argentino. 
Centro de Estudios Económicos Mariano Fragueiro. 


1.1.13

Raíces ideológicas del nacionalismo


 [Jordán Bruno] Genta expresa una doctrina extrema en el variado espectro de corrientes encerradas dentro del término nacionalismo, cuyo año de nacimiento, para gran parte de los estudiosos de esta línea ideológica, se produce en 1927, con la aparición del semanario La Nueva República, del que participaron Rodolfo Irazusta (director) y Ernesto Palacio (redactor jefe), además de Juan E. Carulla y Julio Irazusta, entre otros colaboradores. 

 Para los historiadores, esa publicación, que se presentaba como "semanario nacionalista" forjó el primer intento de conformar un ideario y un grupo de acción guiado por esta ideología, cuyos antecedentes pueden rastrearse en Ricardo Rojas (La restauración nacionalista, Blasón de Plata) y Manuel Gálvez (El diario de Gabriel Quiroga) y la Liga Patriótica Argentina de Manuel Carlés. La prédica autoritaria de Leolpoldo Lugones y su "hora de la espada" también es parte fundante de este credo. 

 La Nueva República irrumpió en el panorama político e intelectual poco antes del segundo triunfo electoral de Hipólito Yrigoyen, a quién demonizó como símbolo del populismo democrático. Por entonces, otra publicación, Criterio, también contribuyó con voz, en este caso desde un sector de la Iglesia Católica, a dar forma a esta corriente nacionalista que apoyó el golpe de José Félix Uriburu con ideas y hombres. 

 Pero las agrupaciones nacionalistas, lejos de conformar un movimiento homogéneo, se desgajaron en distintas direcciones a través de décadas. Algunas se basaron en una concepción elitista de la sociedad; otras se apegaron a la tradición católica e hispánica; muchas adhirieron al facismo y al nazismo; también las hubo que se volcaron hacia lo "nacional y popular" y que se plegaron a sectores de izquierda. La actitud asumida frente al peronismo por los dirigentes nacionalistas sirve para graficar este punto: mientras algunos adhirieron de manera incondicional (Palacio), otras se opusieron de forma tenaz (Genta). 

 La diversidad de nacionalismos puede ejemplificarse con la convocatoria que la revista Restauración (nombre con que fue rebautizada Cabildo por algunos números) realizó a fines de 1975. Junto con la Liga de la Restauración Argentina, la Centuria Nacionalista, la Corporación de Estudiantes, la Guardia de San Miguel y el Sindicato Universitario de Derecho, ese mensuario de extrema derecha organizó una misa para el 4 de noviembre de ese año en la iglesia Nuestra Señora del Socorro, "por el eterno descanso de lo siguientes compatriotas nacionalistas y de todos los que involuntariamente hayan quedado omitidos". La lista de homenajeados agrupaba a personalidades tan dispares como, entre otros, Genta, Gálvez, José Félix Uriburu, Lugones, Raúl Scalabrini ortíz, Carlos Alberto Sacheri, Arturo Cancela, Ramón Carrillo, Ramón Doll, Virgilio Filippo, Guillermo Furlong, Atilio García Mellid, Homero Guglielmini, Carlos Ibarguren , Rodolfo Irazusta, Gustavo Martínez Zuviría (Hugo Wast), Julio Meinvielle, Francisco Muñoz Aspiri, Darwin Passaponti, Cesar E. Pico, Carlos M. Silveyra, Daniel Videla Dorna, Pedro Juan Vignale y Lizardo R. Zia. 

✒ | Germán Ferrari 
Extracto  del artículo "Genta, un cruzado contra liberales y marxistas". Publicado en la revista Todo es História, año XLIV, edición 526, mayo de 2011 (pag. 65). 

Foto: Carlos Alberto Sacheri, Jordán Bruno Genta, Raúl Alberto Amelong. 

9.10.12

Una crítica de un pensador sanmartiniano

 
 En la edición del suplemento cultural de este prestigioso medio (Nuevo Diario de Santiago del Estero) publicada el día 23 de septiembre del corriente año, el Lic. Guillermo Abregú critica una obra que no ha leído. Como soy el autor de la misma cuyo título es "José de San Martín ¿Un agente inglés?", que publicó ediciones Lumiere, sólo por ello, haré un par de reflexiones, puesto que es imposible polemizar con quién ignora aquello de lo que está hablando.

  Por supuesto que desde el inicio disculpo al Licenciado Guillermo Abregú por su falta de información, porque el libro se agotó, en su primera edición, en las librerías de Buenos Aires, apenas a los diez días de haber salido a la venta. Que no leyó la obra está reconocido por el mismo crítico al principio del texto, pero sobretodo por unas cuantas apreciaciones que formula y que dan prueba acabada de ello.

  Al parecer, apenas tomó conocimiento de unos comentarios de Rolando Hanglin, en el diario La Nación sin considerar tampoco otras opiniones que se han vertido con motivo de mi obra, pero que, sin embargo, fueron suficientes para exaltar su furia sanmartiniana. Un ejemplo de ello es cuando menciona a la obra de Rodolfo Terragno, sobre el plan de Maitland, como un antecedente central.

  Al respecto debo aclarar, que esta cita, es una de más de medio centenar que como bibliografía sirvieron a la investigación y que fueran referenciadas en el texto. Otro, es el apunte sobre la masonería, en el que parece interpretar que es a ella a quién yo me dirijo como el factor clave de la dependencia sanmartiniana al imperio británico. Con respecto a este punto escribí un largo capítulo, enteramente dedicado a demostrar que nada tenía que ver su condición masónica, con el servicio que prestara el General a la corona inglesa.

  Es más, él rechazó a sus hermanos y terminó enfrentado con la mayoría de ellos, en Argentina, Perú y Chile, lo que originó que tuviera que irse de los tres países en mala relación con sus contemporáneos y no pudiera regresar jamás, como tampoco pudo hacerlo a España que fue su patria, a la que debía su nacionalidad por el "ius sanguinis", vigente aún hoy, todavía, en la madre patria, donde estudiara, se educara y construyera su vida militar al igual que todos sus hermanos, que permanecieron leales a dicho ejercito y a dicho país al que jamás se les ocurrió traicionar.

  Por último, para hacer breve referencia a otra de sus apreciaciones, le dedico un capítulo también a la actuación sanmartiniana en Europa durante los dos bloqueos, tanto el francés como el anglo francés, que Abregú, por supuesto desconoce. Seguramente en una nueva edición del libro, el Licenciado Abregú podrá leer el trabajo y las pruebas de todo cuanto afirmo que profusamente incorporo al texto, y obviamente, como rechazo la soberbia y el pensamiento único acepto, que tal vez, podrían ser pasibles de una mejor interpretación de su parte o de cualquier otro interesado o conocedor.

  Claro que en este sentido me permito recordarle que al respecto, no ayudaran las expresiones voluntaristas y generalizadoras, como cuando sostiene: "'ante la consabida idea de San Martín y Bolívar de formar la gran nación latinoamericana'" o más adelante: "'mientras San Martín avizoraba el crecimiento hacia Latinoamérica para hacer de ella - junto a Bolívar ' la patria grande que soñaban'" Esto seguramente se debe a una expresión de deseos del crítico pero no tiene ningún fundamento histórico.

  Existen una cantidad innumerable de hechos que prueban que esa era la ambición y la obra de Bolívar, pero no así de San Martín. Esa gloria es del caraqueño, no podemos arrebatársela. Bolívar se comprometió con el destino de su pueblo. Luchó, vivió y murió en el, mientras que San Martín sólo cumplió una tarea en poco más de una decena de años, para después irse, como llegó, y no volver jamás.

  De este último sólo pueden recogerse algunas de sus expresiones en discursos o cartas desde el exilio, desde los que construyó su historia patriótica, pero no existe un solo hecho político en su actuación americana que lo acredite. Las palabras de los interesados no son buena fuente de la historia, puesto que no sólo nadie habla mal de sí mismo sino que generalmente, como diría Leopoldo Marechal, en ellas "se exhiben la cara limpia y se esconde el traste siniestro".
  La sociedad argentina ya superó su estadio primitivo y hoy, culta y evolucionada, exige respuestas a "misterios e interrogantes" que los mitos, como verdad revelada o los ídolos infrahumanos no pueden acordar. Sólo considerando a los próceres fundacionales como hombres de carne y hueso podremos aprender de sus ejemplos y de su abnegación.
 
✒ Antonio Calabrese, autor del libro ''José de San Martín ¿Un agente inglés?" | Nuevo Diario  | .