23.1.14

Ataque y copamiento del Regimiento de Infantería Mecanizado 3 General Belgrano y del Escuadrón de Exploración de Caballería Blindado 1, con asiento en La Tablada


 El 23 de enero de 1989, siendo las 6.15 un grupo de aproximadamente 45/50 personas, entre las cuales se incluían varias mujeres, irrumpió en los cuarteles de la unidad y subunidad señaladas, tras embestir y derribar el portón de entrada de la guarnición, utilizando un camión de transporte de gaseosas –que había sido robado minutos antes- y cinco o seis automóviles.

 En dicha operación inicial fue asesinado el soldado apostado en esa entrada sin que tuviese la oportunidad de hacer uso de su arma reglamentaria. Acto seguido fue tomado el local de la guardia de prevención, permaneciendo en él varios subversivos, mientras el resto ingresaba con los vehículos al interior del cuartel.  En esta operación participaron dos grupos debidamente identificados: uno que ingresó al cuartel en la forma ya indicada y otro, no identificado, que actuó fuera de las instalaciones militares, en actividades de hostigamiento (francotiradores), como así también en agitación popular y apoyo sanitario, llevadas a cabo por personal mimetizado entre la población civil que rodeaba a los cuarteles.
 
 Las acciones posteriores tuvieron como objetivos prioritarios, además de la tarea inicial de la guardia de prevención, apoderarse de las instalaciones de la plana mayor de la unidad de infantería, los casinos (oficiales y suboficiales) y una o más subunidades, con la finalidad de sustraer armamento y municiones.
 
 Inicialmente sólo pudieron concretar la toma del edificio de la plana mayor, donde fue asesinado el 2do. jefe del Regimiento 3, mayor Horacio Fernández Cutiellos y del casino de suboficiales, en el que mantuvieron como rehenes un número importante de suboficiales y soldados.
 
 Debido a los escasos efectivos que se encontraban en el cuartel como consecuencia de la licencia anual y a la hora en que se produjo el ataque, oportunidad en que el personal aún no había regresado del franco de fin de semana, el grupo terrorista logró el copamiento de la unidad militar en un reducido lapso, explotando el factor sorpresa y la capacidad de fuego con que contaban.
 El concepto de esa operación, planeada y comandada desde fuera de las instalaciones militares por Enrique Gorriarán Merlo, fue claramente determinado por la documentación secuestrada durante y después de las acciones de recuperación de las instalaciones militares, entre la cual se encontraba la proclama inicial que pretendían difundir por emisoras radiales, previo copamiento de éstas; una segunda proclama en la cual se instrumentaba un plan de emergencia luego que el "gobierno del pueblo" accediese al poder.
 
 En dicho plan se incluía la disolución de las FF. AA. y su reemplazo por las milicias populares; por último, una serie de comunicados en los cuales se detallaban las organizaciones políticas, gremiales, estudiantiles y educacionales que se adherían al movimiento insurreccional subversivo y a la toma del poder nacional.
 Consolidada la primera fase de la operación (toma del cuartel) comenzaría la fase agitación popular con la ayuda de altavoces que poseía el grupo de apoyo externo, justificando su actitud de que la toma de la unidad militar era para desalojar a rebeldes adictos al teniente coronel Rico y al coronel Seineldín que tenían el propósito, según el grupo subversivo del Movimiento Todos por la Patria (MTP), de dar un golpe de estado. Para ello, los terroristas tenían impreso una gran cantidad de falsos volantes en los cuales los citados militares llamaban a la rebelión contra el Gobierno de la Nación. Dichos panfletos también fueron secuestrados al grupo atacante junto con el resto de la documentación ya indicada.
 
 A partir de lo planificado y con posterioridad a la toma del cuartel, la agitación popular que pretendían lograr estaba destinada a convocar una marcha multitudinaria, desde varios puntos de la Capital Federal, Gran Buenos Aires y aun del interior del país, para dirigirse a Plaza de Mayo y ocupar la Casa Rosada. Esto se haría para evitar el supuesto golpe de estado de Seineldín y de Rico.
 
Si esta operación hubiera tenido éxito, igual actitud se habría adoptado en otras zonas del país, particularmente en Rosario y Córdoba, lugares donde se comprobó que existían grupos similares al que actuó en La Tablada el 23 de enero.
 
La reacción inicial de la Policía de la Provincia de Buenos Aires que de inmediato estableció un cerco de las unidades tomadas, y el progresivo regreso de personal franco destinado a la unidad y subunidad del cuartel que por la parte posterior accedió al empleo de algunos vehículos blindados estacionados en las instalaciones correspondientes, impidieron concretar la parte inicial del plan subversivo previsto que, sintéticamente, consistía en tomar la unidad, apoderarse de armamento y munición, distribuir los supuestos panfletos de Seineldín y Rico y posteriormente retirarse del cuartel para iniciar la segunda fase: agitación popular.
 
 A esta altura de los acontecimientos, encontrándose cercados los elementos subversivos, el Estado Mayor General del Ejército, con autorización del presidente de la Nación, Dr. Raúl Alfonsín, ordenó el traslado y posterior empleo de efectivos militares y de Gendarmería Nacional bajo las órdenes de un comando unificado, en la persona del general de brigada Alfredo Arrillaga, quien se desempañaba como Inspector General del Ejército.
 
 Las acciones militares se llevaron a cabo durante todo el día 23 y hasta las 10.30 del día 24 de enero, oportunidad en que, ya abatidos la mayor parte de los subversivos que siguieron combatiendo hasta la hora indicada, se materializó la rendición de 14 de ellos, uno de los cuales (una mujer) falleció a los pocos minutos como consecuencia de las heridas recibidas. Junto con esta rendición se produjo la liberación de los rehenes (suboficiales) que mantenían en su poder los integrantes del MTP que aún permanecían con vida.
 Por expresa orden del Presidente de la Nación, el personal detenido fue puesto a disposición del juez federal correspondiente, Dr. Larrambebere, quien de inmediato se hizo presente en el lugar de los hechos.
 
 El saldo de muertos de propias tropas fue de nueve integrantes del Ejército Argentino y dos de la Policía de la Provincia de Buenos Aires. La cantidad de heridos y mutilados alcanzó a treinta y siete hombres, algunos de ellos de suma gravedad y otros con lamentables mutilaciones corporales (pérdida de ambas piernas, pérdida de un ojo, etc.).
 
La identificación de muertos y detenidos, secuestro de documentación, armamento y munición utilizada -en su mayoría de origen ruso y chino- y gran cantidad de bibliografía y material ideológico capturado a los subversivos, permitieron determinar fehacientemente que el grupo, integrado en su mayoría por el Movimiento Todos por la Patria (MTP), era un desprendimiento del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), liderado por Enrique Gorriarán Merlo y con la participación, en este operativo, de elementos pertenecientes a las siguientes organizaciones:
Partido de la Liberación (PL)
• Movimiento de Liberación 29 de Mayo (ML-29)
• Montoneros (Columna Sur-Oeste)

Personal militar fallecido en la recuperación de los cuarteles de La Tablada
 
Mayor Horacio Fernández Cutiellos (h)
 Nació el 27 de setiembre de 1951, en la provincia de Corrientes. Ingresó al Colegio Militar de la Nación el 1º de marzo de 1968, y egresó como subteniente de infantería el 17 de diciembre de 1976. Cursó la Escuela Superior de Guerra de donde egresó como Oficial de Estado Mayor. Además tenía la especialidad de paracaidista militar.
 Su último destino fue como 2do. jefe del RI Mec. 3, lugar donde fue asesinado el 23 de enero de 1989. Fue ascendido post mortem al grado de teniente coronel.
 Ni bien se inicia el ataque al cuartel, el mayor Fernández Cutiellos, que había pernoctado en la plana mayor de la unidad, al tomar conocimiento de lo que estaba ocurriendo comienza a disparar contra los subversivos que podía observar. Esta actitud llevada a cabo desde la jefatura de la unidad, impidió la toma de la compañía comando y del edificio de la plana mayor.
 Siendo aproximadamente las 7.20  logra comunicarse con el jefe del regimiento, teniente coronel Jorge Luis I. Zamudio y le informa que el ataque al cuartel está siendo llevado a cabo por elementos subversivos. Dicho jefe, desde su domicilio, se comunica telefónicamente con el CENOPE (Centro de Operaciones del Ejército del EMGE) enterándolos de la situación y de inmediato se traslada a la zona del cuartel.
 Conjuntamente con otros oficiales y suboficiales que regresaban de franco ingresan por los fondos del cuartel para intentar la recuperación. En horas de la tarde, aproximadamente a las 14.30, el teniente coronel Zamudio mientras intentaba reconocer a pie la entrada lateral del casino de suboficiales, ocupado por los subversivos, es herido gravemente por un disparo en la espalda.
Mientras estas acciones se llevaban a cabo el mayor Fernández Cutiellos efectúa desplazamientos para poder continuar el fuego hacia la guardia de prevención, en poder de los subversivos. Encontrándose en la entrada principal de la jefatura, que da a la plaza de armas, fue alcanzado por un disparo en la espalda, cayó hacia adelante, donde fue ultimado por un disparo de Itaka en el rostro. Con su actitud había impedido, hasta el momento de su muerte, que los terroristas accedieran al edificio de la jefatura, donde se encontraba el centro de las comunicaciones alámbricas y radiales.
 
Teniente Ricardo Alberto Rolón
 Nació en la ciudad de Buenos Aires el 11 de diciembre de 1963. Ingresó al Colegio Militar de la Nación el 16 de febrero de 1982, y egresó como subteniente de infantería el 13 de diciembre de 1985.
 En el grado de teniente realizó el curso de comandos obteniendo dicha especialidad.
 Su último destino fue la Compañía de Comandos 601 con asiento en Campo de Mayo.
 Fue ascendido post mortem al grado teniente 1ro.. El citado oficial era de estado civil soltero.
 Durante la noche del 23 al 24 de enero, aprovechando la oscuridad, el teniente Rolón conjuntamente con personal de su compañía, utilizando un vehículo blindado logran acercarse al casino de suboficiales, último reducto de los terroristas que aún combatían. Logran acceder al primer piso y al tratar de irrumpir en el dispositivo de los subversivos es descubierto y abatido por un nutrido fuego de armas portátiles. Su cuerpo gravemente herido es recuperado por el personal que lo acompañaba y evacuado al Hospital Militar Central, donde fallece.
 
Sargento ayudante Ricardo Raúl Esquivel
 Oriundo de la provincia de Santa Fe había nacido en la ciudad de Rosario, su último destino fue el Colegio Militar de la Nación.
 Estaba casado con la señora Ana María Bessone y tenía un hijo. Fue ascendido post mortem al grado de suboficial principal
 En oportunidad que se trataba de recuperar una compañía en poder de los subversivos, el sargento ayudante Esquivel participaba de dicha acción. Ante la imposibilidad de que una ambulancia que transportaba dos heridos pudiese cruzar la zona en la cual se estaba combatiendo, el citado suboficial se hizo cargo de dicho traslado al puesto de socorro, circunstancia en que recibe un disparo que le ocasiona la muerte. 

Sargento Ramón Waldimiro Orué
 Nació en la provincia de Formosa. Tenía la especialidad de comando y al producirse el hecho en La Tablada revistaba en la Compañía Comando 601 con asiento en Campo de Mayo, subunidad que participó activamente en la recuperación de las instalaciones
Era casado y no tenía hijos. Fue ascendido post mortem al grado de sargento 1ro.
 El sargento Orué formaba parte del cerco instalado en la noche del 23 al 24 de enero, alrededor del casino de suboficiales donde aún permanecía un importante grupo de terroristas tratando de resistir el ataque de propia tropa. Dos subversivos tratan de huir del lugar, el sargento advierte la maniobra, los intercepta y se produce un intercambio de disparos. Los dos delincuentes terroristas son abatidos y el sargento Orué es herido de gravedad. Se lo trasladó al Hospital Militar Central. Luego de varios días de sufrimiento, falleció el 2 de febrero de 1989. 
Cabo Primero José Gustavo Albornoz
 Nació en la Capital Federal y falleció cuando sólo contaba 24 años. A su egreso de la Escuela de Suboficiales Sargento Cabral como cabo de infantería, fue destinado al RI 8 con asiento en Comodoro Rivadavia, donde prestó servicios durante tres años. Posteriormente fue destinado al RI Mec. 3, lugar donde murió combatiendo contra el grupo subversivo del MTP que copó la unidad.
 Estaba casado y era padre de un hijo de apenas un mes de vida.
 Al iniciarse el ataque a la guardia de prevención, ya en poder del grupo subversivo, con la finalidad de rescatarla, el cabo 1ro. Albornoz, con personal de la guardia que tenía como misión resguardar el polvorín de la unidad, se adelanta a su fracción, siendo sorprendido por el fuego de los terroristas que le producen la muerte. Ante esta situación los soldados se repliegan hacia las caballerizas y parque de automotores, oportunidad en que también es alcanzado por el fuego enemigo el soldado Grillo, produciéndole la muerte. 
Soldado clase 1969 Héctor Cardozo
 Revistaba en el RI Mec. 3. Mientras permanecía como rehén en el casino de suboficiales tomado por los elementos subversivos, el fuego de artillería de propia tropa produjo el derrumbe de una pared que lo aplastó produciéndole la muerte. En tal circunstancia el soldado Cardozo estaba socorriendo a otro soldado que se encontraba herido y que no podía desplazarse, dada la confusión reinante entre los terroristas como consecuencia del intenso fuego que estaban recibiendo.
 Posteriormente el cuerpo del soldado Cardozo fue utilizado como escudo por los subversivos que aún permanecían en el casino. 
 
Soldado clase 1969 Martín l. Díaz
 Pertenecía al RI Mec. 3. Desempeñándose como centinela apostado defendió su puesto hasta ser abatido por el grupo terrorista con un disparo en el pecho. 
Soldado clase 1969 Roberto Taddía
También pertenecía al Regimiento y al producirse el ingreso de los atacantes por la guardia de prevención mediante el empleo de varios vehículos, el soldado Taddía se encontraba barriendo las inmediaciones de dicha dependencia. Fue asesinado mientras tenía una escoba en la mano. Fue el primer muerto de La Tablada. 
 
Soldado clase 1969 Julio D. Grillo
Revistaba en el RI Mec. 3. Formaba parte de una patrulla que trataba de evitar que el parque de automotores donde estaban los vehículos blindados cayese en poder de los atacantes; recibió un impacto de bala efectuado por éstos lo cual le produjo la muerte. 
 
Documentos capturados
 Proclama del MTP a difundir en el caso que tuviese éxito la primera fase de la operación.
 Proclama del grupo subversivo MTP que darían a conocer a través de emisoras radiales:
 
 “El ejército de Seineldín y Rico, se sublevó de nuevo. Quieren dar un golpe de estado. Quieren asesinar a todos los que no aceptan vivir bajo las botas. En la medianoche de hoy, los carapintadas se sublevaron en el Regimiento Tres de Infantería de La Tablada. Allí se preparaban y habían empezado a marchar contra la Casa Rosada. Iban a asesinar a todos los que se le opusieran. Como ya mataron a más de 30 mil compatriotas durante la dictadura militar. Todos sabían que los milicos conspiraban y preparaban esto. Pero nadie hacía nada en concreto para pararlos.
 Ya estamos hartos de la prepotencia de los milicos. Hartos de sus crímenes y de sus robos, que después tenemos que pagar todos. Hartos que nos impongan la injusticia social. Hartos de que no nos dejen vivir en paz. El pueblo se alzó contra ellos. El pueblo de los alrededores de La Tablada ya ha recuperado el cuartel sublevado. Lo dirige este Frente de la Resistencia Popular que se formó allí mismo. Tomamos las armas de los amotinados y les incendiamos su cuartel. Basta de milicos asesinos. En Semana Santa, en Villa Martelli, cantábamos: "Si se atreven les quemamos los cuarteles". Los milicos empezaron de nuevo, y esta vez sí les quemamos el cuartel de La Tablada
 Como siempre en la historia de la Patria, el pueblo hizo verdaderas proezas. Al saber que los carapintadas lo habían tomado, el pueblo entró en masa al cuartel. Mujeres, jóvenes, hombres del pueblo atacaron con revólveres, con escopetas, con piedras y palos. Hicieron trincheras, tiraron bombas molotov. Frente a tanto heroísmo, algunos de los soldados y algunos suboficiales dieron vuelta sus armas y junto al pueblo participaron de la ejecución de los oficiales traidores.
 Una columna de carapintadas había salido del cuartel con rumbo a la Casa de Gobierno.  Pero el pueblo armado levantó barricadas y luego la aniquiló.
 Ahora es el pueblo el que ha ocupado la casa Rosada. Vamos a impedir que Seineldín, Rico y los otros traidores den el golpe de Estado. Vamos a impedirles que remachen la injusticia social, que le impongan más hambre todavía al pueblo. Vamos a impedirles repetir lo que hicieron en el 30, en el 55, en el 66 y en el 76.
 El pueblo quiere un nuevo sistema de libertad y de justicia social. Sin milicos asesinos, ni políticos corruptos, ni ladrones de la patria financiera. Vamos a formar un verdadero gobierno del pueblo. Para que no se avergüence y no arrugue ante los militares. Ni de cuatro ladrones de las mesas de dinero, que se hacen ricos a costa de nuestro sudor. Vamos a hacer un gobierno del pueblo que garantice el trabajo, la producción y la dignidad de la inmensa mayoría de los argentinos. Vamos a terminar con este Ejército que no sirve para nada, que sólo tiene coraje con la picana eléctrica en la mano y se caga y se rinde ante los ingleses en Malvinas. Vamos a terminar con este Ejército que sólo sirve para esclavizarnos y para asesinarnos. El gobierno del pueblo declara disuelto el Ejército profesional y traidor. Ahora lo reemplaza el pueblo en armas. Los soldados y suboficiales únanse al pueblo; ejecuten a sus oficiales traidores. O váyanse de los cuarteles. El que se quede en un cuartel está con los verdugos del pueblo.
 Este Frente de la Resistencia Popular exhorta a todos a cumplir con el artículo 21 de la Constitución Nacional, que manda: "Todo ciudadano está obligado a armarse en defensa de esta Constitución". Vamos a armarnos a los cuarteles y a terminar para siempre con esta lacra. Vamos a imponer para siempre en la Argentina la soberanía del pueblo, sólo la voluntad del pueblo. No hay nada por encima de ella en la Nación. Vamos a la Plaza de Mayo para empezar una nueva Argentina, sin milicos traidores y asesinos. Sin políticos corrompidos.
 Vamos pueblo argentino, con dignidad y sin miedo, que somos más fuertes que ellos y que la historia nos da la razón. Vamos a Plaza de Mayo. Llamamos a todos, a todos:
a las madres que no quieren ver de nuevo caer a sus hijos bajo la represión o desaparecidos, ni vendidos por jefes cobardes en otra guerra como la de Malvinas;
a los jóvenes que no pueden estudiar ni trabajar porque el actual sistema no les da cabida y sólo se acuerda de ellos para perseguirlos en los barrios o asesinarlos;
 a los jóvenes que estudian o trabajan, pero saben que no tienen ningún futuro; que el título que obtengan no les va a servir para nada y que van a tener que trabajar como esclavos para mal vivir; 
 a los trabajadores que viven cada vez más en la miseria, amargados porque no pueden hacer vivir con dignidad a su familia, no la pueden alimentar ni vestir bien, que gastan gran parte de su salario sólo en viajar, que no pueden pagar la luz, que ahora tampoco tienen, que ven a sus hijos expuestos a las enfermedades, morir por el agua contaminada, que viven desesperados porque sus fábricas cierran mientras se enriquecen los ladrones, la mafia de las mesas de dinero;
 a los desocupados, que necesitan trabajar para poder cuidar de su familia, para poder ser seres humanos;
 a los jubilados, que después de trabajar toda la vida reciben una jubilación o una pensión de hambre, y que quieren pasar con decoro sus últimos años;
por nuestro hijos, que necesitan crecer con afecto y seguridad, para no heredar toda esta tremenda injusticia;
 a los industriales nacionales, que se ven absorbidos por las grandes corporaciones, por los monopolios y que están ahorcados por las altas tasas de interés;
a los productores agropecuarios, que reciben una paga miserable por su producción y que son explotados por los intermediarios, que se enriquecen a costa del duro trabajo del hombre de campo;
 a los habitantes de los asentamientos, que les niegan el techo y la tierra para levantar una casa para su familia;
 a los comerciantes, que son víctimas de los precios abusivos de los intermediarios y los monopolios que dominan el mercado;
a los profesionales y técnicos, que necesitan que el país se desarrolle para prestar sus servicios y vivir con honradez;
 a los intelectuales y artistas, a los que los milicos siempre les quitan la libertad para expresarse en sus canciones, sus películas, sus libros y sus pinturas;
a todos, a todos los que quieren vivir en paz para siempre, con justicia social y con libertad garantizadas para siempre;
a todos, a todos los convocamos a reunirse en Plaza de Mayo para imponer el gobierno del pueblo; a rodear los cuarteles, cortarles el agua y la luz; impedir que los milicos asesinos salgan de ellos, levantar barricadas, controlar las calles y los barrios, hacerse cargo del poder en todas partes, unidos contra el golpe de Estado, unidos por la justicia social y la libertad.”
 
Se agradece la gentileza de Prensa Nacional Alternativa. 

✒ | Buscando Historia. Prof. Lic. Ricardo Darío Primo. 

21.1.14

Clase Magistral de Garantismo


Día 1:
FUNCIONARIO: Doctor, ¿podemos hablar de una causa?

JUEZ: Sí, decime.

FUNCIONARIO: Es una causa con un prófugo, que se reabrió. Un tipo que en el 2006 estafó un montón de gente, vendiendo propiedades con títulos truchos y con un falso nombre. Estuvo prófugo desde marzo de 2007, que lo llamaron a indagatoria. Apareció recién ahora. ¿Cómo podemos engancharlo?

JUEZ: No, no se puede. Yo entiendo tu entusiasmo juvenil, a mí me pasó lo mismo cuando entré. Pero pensalo bien: fue hace seis años el hecho ¡Seis años! ¿Qué prueba podemos presentar ahora? Prepárame un sobreseimiento.

FUNCIONARIO: Pero, doctor, el verdadero nombre del tipo fue descubierto ¡Hay testigos!

JUEZ: Sí, pero escuchame: ¿qué valor puede tener una declaración ahora, seis años después? El tipo no se acuerda nada, no se puede acordar. Los testigos no nos pueden decir nada, al menos nada contundente, como para procesarlo. Así que sobreséelo.

FUNCIONARIO: Sí, doctor.

Día 2:

FUNCIONARIO: Doctor, ahora que se legalizó el femicidio, ¿podemos cambiar la calificación legal de la causa M.P. y acusarlo de femicidio al tipo este, así se come más años adentro?

JUEZ: No, hijo, no se puede. Cuando M.P. cometió el hecho, era homicidio simple, no femicidio. No podemos acusarlo ahora de femicidio. La ley penal no es retroactiva. Sólo puede ser retroactiva “IN BONAM PARTEM”, es decir, para bien del imputado.

FUNCIONARIO: Ah... No sabía. ¡Disculpe!

Día 3:

FUNCIONARIO: Doctor, ¿por qué le pusieron pena condicional a F.M.? El tipo condujo borracho, superando la velocidad máxima y cruzó en rojo. Chocó, mató y se escapó. ¿Quién le devuelve a la familia de D.S. la vida de su hijo ahora? ¡Y F.M. sale libre por la otra puerta!

JUEZ: Yo entiendo tu enojo, pero no podés guiarte por los criterios de un carnicero, o un quiosquero. Acá no hacemos venganza de nadie, no concedemos revancha a nadie. ¿Entendés?

FUNCIONARIO: Sí, pero si el delito tiene tantos años de prisión en el código, ¿por qué no se le aplican ahora? ¿Por qué la condena es condicional?

JUEZ: Porque el fin de la pena es la resocialización del imputado, hijo.

FUNCIONARIO: ¿"Resocialización"? ¿No lo mandamos a la cárcel para castigarlo nomás?

JUEZ: ¿"Castigar"? ¡No! Nosotros no castigamos. Castigaban los fascistas, los medievales. Nosotros "resocializamos". Siempre tenés que tener en cuenta eso. El imputado, en este caso, es un tipo que vive en la sociedad, está insertado. Si lo metés en la cárcel, ahí se va a "des-socializar". Se va a volver un marginal. Por eso, lo condenaron a dos años de prisión, pero es "condicional". No los cumple efectivamente, siempre y cuando no se mande una macana.

FUNCIONARIO: Ahh... claro. Gracias.

Día 4:

FUNCIONARIO: Doctor, entró la excarcelación, ¿vio?

JUEZ: Sí, acá la tengo. El fiscal dice que se tiene que quedar adentro el imputado. ¡Ja, qué gracioso! Este fiscal no sabe nada de derecho.

FUNCIONARIO: ¿Por qué?

JUEZ: Mirá, aprendé. El fiscal dice que B.T. tiene que estar preso durante el proceso, basándose en que el hecho que cometió fue violento. Sin embargo, el criterio no debe ser ese. El criterio tiene que ser si B.T. puede o no entorpecer el proceso, o escaparse. En este caso, mal que le pese al fiscal, B.T. tiene domicilio fijo y un trabajo estable. Así que hay que excarcelarlo.

FUNCIONARIO: Pero, doctor, ¡el tipo entró a robar con un revólver, le pegó un tiro a una viejita y se escapó! Si no se chocaba contra al farol no lo agarraban.

JUEZ: Bueno, pero que se escape es normal. Por fugarse no lo podemos castigar. Lo que está claro es que no hay riesgo de que entorpezca la causa. Por eso lo voy a liberar. ¿Entendés?

FUNCIONARIO (dudando): Creo que sí...

Día 5:

FUNCIONARIO: Doctor, ayer lo condenaron al Coronel J.T., ¿vio?

JUEZ: Sí. Gran juicio, gran actuación del tribunal.

FUNCIONARIO: Lo que yo no entiendo, doctor, es cómo probaron los hechos.

JUEZ: Es simple. Hubo dos testigos que vieron al Coronel J.T. torturando a la víctima.

FUNCIONARIO: ¿Pero eso no fue hace más de treinta años?

JUEZ: Sí.

FUNCIONARIO: ¿Y declararon ahora?

JUEZ: Sí.

FUNCIONARIO: ¿No era que no valía? ¿No era que los testigos no se acordaban? Usted me hizo sobreseer al estafador porque los testigos eran de hacía seis años. Ahora me dice que si se puede. ¡¡¡Pero pasaron 30 años…!!!

JUEZ: Ehmm...

FUNCIONARIO: ¿Cómo se explica eso, doctor? Disculpe pero no entiendo.

JUEZ: Mmmm...

FUNCIONARIO: ¡Podría haber enganchado al estafador!

JUEZ: No creo... ¿Sabés qué pasa?

FUNCIONARIO: ¿Qué?

JUEZ: Son delitos de lesa humanidad.

FUNCIONARIO: ¿Qué?

JUEZ: Delitos de lesa humanidad.

FUNCIONARIO: ¿Qué es eso?

JUEZ (suspira): Otro día te lo explico.

Día 6:

FUNCIONARIO: Doctor, ¿me explica los delitos de lesa humanidad?

JUEZ: Tengo poco tiempo ahora. Te lo digo rápido: son los delitos más graves que existen. Son los que hacen los militares, por pura maldad.

FUNCIONARIO: ¿Y de dónde salen?

JUEZ: En la Argentina, los tenemos por el Estatuto de Roma, fundamentalmente. Acordate que desde 1994 los tratados de derechos humanos tienen rango constitucional.

FUNCIONARIO: Pero hay algo que no entiendo. Usted me dijo la otra vez que la ley penal no se podía aplicar retroactivamente. ¿De qué año es el Estatuto de Roma?

JUEZ: 1998.

FUNCIONARIO: ¿Y cómo puede aplicarse a hechos cometidos en los 70?

JUEZ: Ehm.... Porque son delitos de lesa humanidad.

FUNCIONARIO: ¡Con eso no me dice nada!

JUEZ: Creeme, pibe: con eso te digo todo.

Día 7:

FUNCIONARIO: Doctor, ayer lo condenaron a 20 años al Coronel V.R. ¿Lo vio?

JUEZ: Sí. Impecable el juicio.

FUNCIONARIO: Pero no entiendo. El Coronel V.R. tiene 72 años. ¿Para qué lo encarcelamos? ¿No era que los metíamos en la cárcel para resocializarlos?

JUEZ: Ehmm... Sí, claro.

FUNCIONARIO: ¿Y cómo lo resocializa al Coronel V.R. metiéndolo en cana? Vivía con la mujer, en su barrio, tranquilo. Los vecinos dicen que era buen vecino. ¡Estaba inserto! Igual que el tipo que conducía borracho y le dieron pena condicional.

JUEZ: Sí, es cierto. Pero no te olvides que la pena también puede... cómo decirlo... servir de castigo, o algo así.

FUNCIONARIO: ¿Castigo? ¿No era que eso lo hacían los fascistas y los medievales, doctor?

JUEZ: No... a ver. Cómo explicártelo... (silencio)
La sociedad pide una condena para esta gente. Esta gente persiguió sistemáticamente a sectores de la sociedad, desapareciendo gente, torturando, haciendo cosas horribles. La gente nos pide que los encarcelemos.

FUNCIONARIO: ¿El carnicero? ¿El quiosquero?

JUEZ (pensativo): Quizás ellos no. Pero sí el PODER POLÍTICO y una minoría que busca una revancha y un resarcimiento económico. Acordate que soy juez gracias a ellos. No les puedo fallar.

FUNCIONARIO: Pero, ¿no era que el derecho penal no es venganza ni satisfacción? (silencio)

JUEZ: Si son delitos de lesa humanidad, la pena es para el castigo y la venganza. Ahí está. ¿Entendés?

FUNCIONARIO: Voy entendiendo...

Día 8:

FUNCIONARIO: Doctor, ¿por qué el Sargento F. M. está preso hace cuatro años, sin condena?

JUEZ: Porque tiene una causa en trámite, hombre.

FUNCIONARIO: Pero nosotros si tenemos a un tipo cuatro años en cana sin condena lo hubiéramos liberado hace tiempo.

JUEZ: Sí...

FUNCIONARIO: Usted me enseñó que el criterio era si el tipo podía escaparse o entorpecer la investigación. ¿No es cierto?

JUEZ: Claro...

FUNCIONARIO: Y bien... El Sargento F. M., retirado hace diez años, ¿cómo puede entorpecer el proceso?

JUEZ: Bueno, no sé. Habrá que ver por qué el juez no le dio la excarcelación. Supongo que tiene motivos.

FUNCIONARIO: Pero, ¿qué motivos podría tener?

JUEZ: Lo que se supone, es que, como se lo acusa de un delito de lesa humanidad, al ser tan alta la pena, va a intentar escaparse. Por eso se lo deja adentro.

FUNCIONARIO: Pero... ¿y si es inocente?

JUEZ: Mmm...

FUNCIONARIO: ¿No tiene derecho a que su situación se resuelva rápido?

JUEZ: Mmm... no.

FUNCIONARIO: Pero, doctor, ¿quién dice qué es lesa humanidad y qué no?

JUEZ: El IUS COGENS.

FUNCIONARIO: ¿Qué es eso?

JUEZ: La costumbre internacional no legislada.

FUNCIONARIO: ¿Pero no hay costumbres que varían por cada país?

JUEZ: Sí...

FUNCIONARIO: ¿Y quién dice qué es IUS COGENS y qué no?

JUEZ: Mmm... Los países lo van determinando. Lo importante es que lesa humanidad son los casos de militares genocidas.

FUNCIONARIO: ¿No es prejuzgar eso? ¿No tienen derecho a la presunción de inocencia tampoco?

JUEZ: Mmm.. no te olvides que es lesa humanidad.

FUNCIONARIO: Sí. Ya entiendo, es como si no tuvieran derecho a nada. ¿Le puedo hacer otra pregunta? Hay algo relacionada a este tema que no entiendo.

JUEZ: Si… claro


FUNCIONARIO: En esa misma época hubo otras personas que cometieron delitos, igual de graves. Según lo que usted me explica también serían delitos de lesa humanidad. Asesinaron, torturaron, cometieron atentados que costaron la vida de muchas personas, robaron y no se cuantas cosas más. Son todas personas conocidas. Hoy funcionarios públicos, legisladores. Los vemos en los medios, en la justicia. ¡¡¡Y no pasa nada….!!! Bueno… en realidad pasa lo contrario. Son premiados económicamente, distinguidos, homenajeados ¿Por qué?

JUEZ: Obviamente eres muy joven. Todavía no entendes el mundo en el cual vivís. Las personas a la cual te refieres pueden haber cometido algún exceso, pueden haberse equivocado. ¿Pero como se aprende? Haciendo, equivocándose. Esas personas eran JÓVENES IDEALISTAS y no deleznables sujetos como los militares. Una recomendación. Si quieres algún día llegar a Juez Federal Penal, no olvides esta lección.


✒ Red Patriótica Argentina | Domingo 19 de enero de 2014.

15.12.13

El vuelo de Miguel Fitzgerald a Malvinas (1964)

 En muy pocos días se conmemorarán 30 años del intento de recuperación militar de nuestras Islas Malvinas. En esta nota homenajeamos a aquellos que han puesto su valor al servicio de la patria y a los que han ofrendado su vida por ese pedacito de suelo argentino.
         
 El 8 de septiembre de 1964, un aviador civil, a escondidas, en un pequeño Cessna, voló a Malvinas, plantó la bandera nacional, dejó una proclama y volvió. Las autoridades militares argentinas lo sancionaron, pero la alegría de todo le pueblo al conocerse la noticia hizo que no le quitaran la licencia de aviador y sólo fuera apercibido por no haber cumplido con los reglamentos. Luego el presidente Arturo Illia lo dejaría sin efecto.

 Es que la hazaña fue un hito histórico que se dio justo el día en que en las Naciones Unidas se llevaría a cabo una sesión especial sobre descolonización de territorios en América, en la que se discutiría, ese 8 de septiembre, la situación de las Islas Malvinas. Luego de la hazaña, en la ONU también repercutió el hecho. Los diplomáticos se habrían molestado, según se supo luego, pero una reunión que seguramente hubiera pasado inadvertida para los argentinos, despertó un interés inesperado.
 Todo comenzó hacen 48 años, allá por 1964, cuando el tema Malvinas estaba en la agenda de la ONU. No por iniciativa del gobierno argentino, sino por decisión de la Asamblea. En una sesión especial se iba a tratar el tema de las colonias en América. Y en los hangares del país, en las charlas entre pilotos, aparecía y reaparecía un sueño: volar a las islas, plantar bandera, demostrar soberanía. Pero ¿quién se animaría a tan riesgosa hazaña?
 Miguel Fitzgerald era un piloto civil que había arrancado con su pasión de volar allá por los 16 años. En esos días cumpliría 38, pero el pensaba en la importancia y en la oportunidad de hacer el vuelo soñado por tantos aviadores argentinos. Pero también sabía que se arriesgaba a una sanción grave que le podría impedir continuar volando. La Fuerza Aérea no se lo perdonaría. Por eso eligió la fecha en que hacía esa sesión en la ONU.

–Yo traté, y lo logré, de que mi vuelo a las Malvinas coincidiera con esa reunión, y de asegurar la difusión del hecho como una noticia que ocupara una porción importante de los medios de comunicación- cuenta en un reportaje del periodista Luis Franco de Aeromarket.
         
Buscó la cobertura del diario La Razón y de Crónica. El primero no lo dio importancia, mientras que Crónica -de reciente aparición- vio rápidamente que sería una gran información. Le ofreció dinero, combustible y hasta un avión con piloto, pero Fitzgerald dijo que no, que ya tenía todo listo, le habían prestado un pequeño avión Cessna 185  y por lo tanto, si querían la primicia la tendrían, pero el vuelo era de él.     
Miguel se cubriría -con los informes periodísticos que le garantizarían el apoyo popular- de una segura como severa sanción aeronáutica, por volar sin permiso a las Islas Malvinas. Una proeza que nadie había hecho antes en esas condiciones.
         
 El avión se lo prestó Siro Comi (representante de Cessna en Argentina) quien ya había intentado el vuelo hacía un tiempo, pero sin tener éxito.
Los pilotos colegas de Fitzgerald y los técnicos de Siro Comi en Monte Grande, Provincia de Buenos Aires, colaboraron en la preparación del vuelo junto a otros pocos entusiastas que sabían del propósito, pues se debía guardar el mayor secreto.
         
 Cuenta Luis Franco en Aeromarket que “Cuando decimos que la operación tuvo “inteligencia”, lo hacemos en el más amplio sentido del vocablo. Fitzgerald no sólo aplicó sus conocimientos como piloto, sino que también recopiló la información que la operación requería, con cierta habilidad táctica. Contaba en el terreno con una ayuda muy interesante. En Río Gallegos estaba Ignacio Fernández, quien era comandante de Austral y gerente.
–Yo le había confiado mi propósito para que en Río Gallegos recabara toda la información técnica para el vuelo –nos dice Fitzgerald–. Él se encargaría de ir a meteorología para traerme el más reciente relevamiento de la zona que volaría, de modo tal que yo no apareciera por ningún lado. También, había hecho participar al operador de la radio del aeropuerto de Río Gallegos, que era a su vez despachante de Austral, así que era de cierta confianza. Con él coordinamos una secuencia de contactos por radio; yo llamaría en la hora y a las y veinte dando la posición, siempre sin hacer “plan de vuelo”. Ignacio era amigo de un oficial de la Fuerza Aérea que era la máxima autoridad en Río Gallegos quien, sin saberlo entonces, colaboró llevando a Fernández de aquí para allá por la zona. Luego tuve que encontrarme con Ignacio Fernández, y surgió el inconveniente de que no podía sacarme de encima a este señor, pero hasta ahí todo era explicable, ya que para todos los demás yo me dirigía a una estancia en Monte Dinero, Ushuaia, esa era mi cobertura.
         
 Apasionante es el relato de Miguel Fitzgerald respecto no solo el vuelo en si mismo sino sobre todas las peripecias que hubo de pasar para poder lograr su cometido. Había que mantener el secreto para que resultara un éxito.
“Fitzgerald partió con Fernández para el pueblo, los alcanzó el militar quien también se ofreció para llevarlos al aeródromo al día siguiente, para que el piloto, amigo de su amigo, continuara el vuelo a Ushuaia; según él estaba informado, era su destino. La ayuda se aceptó, pero nadie calculó que su constante cortesía sería un obstáculo”, cuenta Franco en Aeromarket.
Miguel había preparado una bandera argentina, con un asta que hizo con un palo que encontró en el aeródromo. La bandera era suya, la misma con que engalanaba el frente de su casa en cada fecha patria.
Fitzgerald debía partir, pero el gentil militar, deseoso de colaborar con él, no se iba y Miguel debía guardar la bandera.
–El tipo no se iba –dice Fitzgerald– yo tenía que tomar la bandera y despegar, no sabía cómo hacerlo sin que surgieran preguntas. Ignacio Fernández, llevando al límite la confianza que tenía en su amigo militar, lo abordó y, casi jugando la misión, le dijo: “Che, Miguel se quiere ir a Las Malvinas”. Momento crucial, segundos que parecieron horas y una sonrisa en su cara. Lo miró y le dijo: “Me alegro que lo tome así…”. A lo que contestó: “Por favor, si usted se la va a jugar, cómo no nos vamos a jugar nosotros”. Así que voy, saco la bandera, pongo el avión en marcha y despego. A las 09:00 del día 8 de septiembre, día de la sesión de descolonización en las Naciones Unidas, y mi cumpleaños, la fase crucial de la operación había comenzado.
 Miguel Fitzgerald amaba los aviones y sería justamente un pájaro de acero quien lo llevaría cumplir el sueño argentino de volar y aterrizar en Malvinas. Quizás ese sueño había nacido muchos antes.
-Ser piloto civil es una vocación. Ya a los seis años tenía esa chifladura, sintetiza en una nota con Sandra Russo. A los 16 volé planeadores y a los 20 aviones con motor. Trabajé en Aerolíneas, hice fotografía aérea, taxi aéreo, remolque de carteles. Menos fumigación y contrabando, hice de todo...
 Como todas las cosas de la vida, el momento ha llegado. Hay que partir. Y lo hace desde Río Gallegos, rumbo a esas Islas misteriosas, a esas hermanitas menores, que parecieran esperar en  medio del Atlántico Sur, su reinserción a esta patria a la que pertenecen y de la que fueran separadas en 1833.
 
 Hacía 131 había sido expulsado don Luis Vernet gobernador argentino de las Islas, hoy otro argentino en el Cessna 185 LV HUA, llamado precisamente Luis Vernet, volvería a plantar la bandera nacional.
"Yo salgo de Gallegos, vuelo mar adentro, a las tres horas y quince minutos veo el archipiélago, cuenta Fitzgerald. Desde arriba se ve un rectángulo como de cien islas e islotes. Voy diciendo ‘operación normal’, y en Gallegos hay gente que entiende lo que digo. Cuando sobrevuelo el archipiélago, una capa muy densa de nubes me impide ver. No puedo zambullirme entre las nubes, porque en alguna parte de ese rectángulo hay un cerro de seiscientos metros de altura. Espero un claro. Lo veo. Y me lanzó hacia debajo de la capa de nubes, identifico Puerto Stanley, busco la pista de cuadreras, y aterrizo. freno el avión, pero no detengo el motor, me bajo con la bandera, la desenrollo y la sujeto al alambrado donde queda flameando como si respirase orgullosa el aire de su tierra. Viene un hombre de los que se habían juntado a ver el aterrizaje, se aproximó al avión, le abrí la puerta; me pregunta: “Where do you come from?” (¿De dónde viene?)” “De Río Gallegos”, contesto. Me ofrece combustible. Tal vez se imaginaba que yo me había desviado. Le agradecí, le dije que no necesitaba nada, pero le pedí un favor: que le entregara al gobernador una proclama que había llevado conmigo. Quizá hoy –reflexiona Fitzgerald– después de tantas cosas ocurridas, el texto no tenga demasiado trascendencia, pero en aquel momento…
El texto decía: Yo, Miguel Fitzgerald, con todo el derecho que me da ser ciudadano argentino, les exijo que se retiren de las Islas Malvinas.
Luego me enteré de que bandera y proclama estarían o estuvieron en el pequeño museo del pueblo.
 Cumplido su cometido, con el alma henchida de orgullo, seguramente con lágrimas en los ojos, Miguel Fitzgerald, después de haber estado tan solo 15 minutos, despegó de regreso al continente.  En el aire, y previendo un vuelo más duradero por el viento de frente, avisa a Rió Gallegos que salió de Malvinas y le indican que no vaya al Aeroclub sino al Aeropuerto. Miguel preguntó si lo arrestarían, pero lo tranquilizaron diciéndole que no.
El diario Crónica esperaba el regreso. Cuando llegó a Río Gallegos, Héctor Ricardo García, el director de Crónica, empezó a jugar su papel. Crónica tenía la primicia. El título en letra catástrofe fue: "Malvinas: hoy fueron ocupadas".


 En la ONU hubo caras circunspectas, la Fuerza Aérea le inició un sumario, pero el pueblo argentino lo convirtió en héroe.
 Regresa a Buenos Aires y a pedido aterriza en Azul, allí un grupo de señoras del comité radical lo esperan con un ramo de flores. El, fiel a su idea de no politizar el vuelo, les responde:
–Esto no es política de partido, señoras, seré un aventurero o un patriota, como ustedes quieran, pero mi idea era poner la bandera de mi país en nuestras islas, y esa es la única bandera que reconozco.
 Mucho ocurrió desde entonces, Miguel Fitzgerald piloteando un bimotor de Crónica volvió a las Islas Malvinas años después, pero fue arrestado por las autoridades inglesas y devuelto al continente. Y la guerra.
 Poco antes de su muerte Fitzgerald decía que habían pasado más de 40 años de aquella hazaña, pero que hasta entonces no había resuelto nada.
 Miguel Lawler Fitzgerald -descendiente de irlandeses- había nacido el 8 de septiembre de 1926 en Lavalle al 400 de la Capital Federal, se crió en Guaminí y a los 9 años volvió a la Capital Federal donde entró de pupilo en el Colegio San Cirano. A los 16 aprendió a volar planadores y a los 20 aviones con motor. Su instructor fue el argentino acróbata y record mundial Santiago Germanó. Luego trabajó en diversas actividades como piloto. Se casó con Palmira Rodríguez y tuvieron 4 hijos: Gustavo, Diego, Carlos y Christian y 9 nietos: Lucía, Elizabeth, Kevin, Nicolás, Molly, Inés, Cristóbal, Moira y Miguel
  Murió, a los 84 años, el 25 de Noviembre de 2010. La historia lo recordará como un héroe. El primer piloto argentino, y además civil, que aterrizara en Malvinas.


✒ | Catamarca Press. 15 de diciembre de 2013. Año V N° 65.
Textos: Redacción CatamarcaPress.
Fuentes: Pagina12.com.ar, lagazetafederal.com.ar, aeromarket.com.ar, elmalvinense.com.ar
Fotos: Internet
Producción: CatamarcaPress © 2012

http://www.catamarcapress.com.ar/nota375.html 

20.11.13

Adolfo Silenzi de Stagni, defensor del petróleo argentino



 Un día como hoy, pero en 1914, nacía Adolfo Silenzi de Stagni.

 Abogado y profesor universitario especializado en temas mineros y económicos, interventor en Tucumán en 1944. Adscripto a las corrientes del llamado pensamiento nacional, dedicó su vida al estudio y defensa del petróleo argentino y fue autor de "La Soberana Orden Militar de Malta", "El banco central y la circulación monetaria", "El petróleo argentino", "Las Malvinas y el petróleo", etc. Falleció en Buenos Aires el 20 de agosto 1996.

 Fue el técnico en petróleo que logró que la gente de la calle discutiera a gritos sobre complicados cálculos de producción y rentabilidad; y también uno de los pocos especialistas en Derecho Minero, que apasionaba a sus alumnos hasta el extremo de llevarlo en andas a la cátedra.

 El abogado Adolfo Silenzi de Stagni que falleció a los 82 años reunió su condición de técnico en petróleo con una personalidad fogosa, que permanentemente buscó la confrontación.

 Había irrumpido en la vida pública en 1943, cuando la revolución del 4 de junio lo llevó a un cargo en la intervención de Tucumán. Desempeñó la cátedra de Minería y Energía en las universidades de Buenos Aires y la Plata.

 Durante el primer gobierno de Juan Domingo Perón fue enviado a Europa para estudiar el régimen de los ferrocarriles estatales, que en ese momento fueron nacionalizados.

 Protagonizó fuertes debates sobre los contratos petroleros del gobierno de Arturo Frondizi y en 1975 debió exiliarse, bajo amenazas de la Triple A. Según sus palabras, tuvo "una inconmovible posición nacionalista que debe ser profundamente revolucionaria". Sus violentas polémicas con figuras públicas terminaron con frecuencia en los juzgados y hasta en duelos. No hace mucho recordaba con nostalgia que "ya casi no queda nadie de esa generación de viejos luchadores y defensores del patrimonio que le pertenece al pueblo y a la Nación".

✒ | Tucumán Hoy. 20 de noviembre de 2012. 


Batalla de la Vuelta de Obligado


 En 1845, la Confederación Argentina se hallaba en conflicto con Francia e Inglaterra, debido a la pretensión de estas potencias de que no continuase la guerra que sostenía con el gobierno de Rivera en la Banda Oriental. Esta guerra había sido declarada por Rivera con el apoyo de Francia, y no preocupó a las mencionadas potencias mientras se desarrolló en territorio argentino. Comenzaron a juzgarla perjudicial para la “Humanidad” cuando, a raíz de la victoria de Arroyo Grande, Oribe puso sitio a Montevideo. Estaba en juego, por otra parte, el supuesto derecho de esas grandes potencias a la libre navegación de nuestros ríos. Y por sobre todo, la pretensión de Francia e Inglaterra de establecer su influencia y dictar su voluntad en el Río de la Plata.
 El primer episodio de este conflicto tuvo lugar el 2 de agosto. Lo constituyó el incalificable atropello del secuestro de la escuadra argentina que al mando de Brown bloqueaba Montevideo. El hecho se produjo sin previa declaración de guerra, pendientes todavía las negociaciones con los ministros mediadores, Ouseley y Deffaudis, y pudo ser justamente calificado como acto de piratería. Al robo siguió el reparto de los buques, que fueron arbolados con la bandera oriental y puestos al mando del aventurero internacional José Garibaldi. De inmediato los aliados se dispusieron a imponer por la fuerza la libre navegación de los ríos argentinos, y entre el 7 y el 11 de agosto se vió a algunos de sus barcos haciendo trabajos de sondeo en la boca del Paraná Guazú.
 Ante el giro que tomaban los acontecimientos, Rosas adoptó diversas medidas. El 13 de agosto dirige una nota al Comandante en Jefe del Departamento del Norte, General Lucio Mansilla. Este general tenía en su haber una brillante foja de servicios, pues había peleado en las invasiones inglesas, Chacabuco, Maipú, Camacuá e Ituzaingó, comandando además como jefe la división argentina que venció en Ombú al famoso general brasileño Bentos Manuel. En su nota, Rosas le hace ver la necesidad de “construir cuanto antes, en la costa firme del Paraná, una batería en el punto más aparente” y acoderar los buques todo combinado para una resistencia simultánea, de modo que la escuadra enemiga “no pueda pasar más adelante”; le indica la conveniencia de que el lugar destinado para la defensa fuera en la provincia de Buenos Aires o Santa Fé, las cuales reunían más abundancia de recursos que Entre Ríos; pone a su disposición los buques de guerra y demás elementos que están al mando del Coronel Francisco Erézcano con 4 oficiales y 100 marineros. Todo esto es interesante, porque revela hasta qué punto Rosas –que no participó directamente en la Vuelta de Obligado-, fue el inspirador y el alma de la resistencia contra el invasor extranjero.
 Felizmente, el temor que tenía Rosas de una agresión por el Paraná, no se realizó con la prontitud que era de esperar. Los aliados temían lanzar su escuadra por un río que les era desconocido. Y Rosas contribuyó a fomentar este temor. Hizo difundir la falsa noticia de que en cuatro puntos del Paraná se habían echado a pique buques cargados con piedras para obstruir el canal. La noticia llegó a conocimiento de los jefes aliados, quienes el 23 de agosto hicieron detener a un ballenero argentino, exigiendo a su patrón que informara el lugar donde habían sido echados a pique los buques, lo que por supuesto ignoraba. La marcha lenta y llena de precauciones con que más tarde los invasores navegaban el Paraná, demuestra que el ardid de Rosas había producido su efecto.
 Lo cierto es que las actividades bélicas de los aliados tomaron otro rumbo. El 31 de agosto los anglo-franceses y Garibaldi ocuparon, incendiaron y saquearon la Colonia. El 5 de septiembre se presentaron en Martín García. Rosas, aleccionado por la estéril aunque gloriosa defensa de 1838, la había hecho evacuar previamente, dejando sólo una guarnición simbólica compuesta de 10 soldados ancianos y un niño y el pabellón argentino izado al tope del mástil, como signo de soberanía. A Garibaldi cupo la heroica hazaña de semejante conquista, elogiada como tal por la prensa de Montevideo. El 20 de septiembre –recalco la fecha- el mismo Garibaldi saqueó Gualeguaychú, “escandalosamente”, según el propio secretario de Rivera. Conviene recordar más a menudo que para nosotros, los argentinos, el 20 de septiembre es el aniversario del saqueo a Gualeguaychú.
 Mientras tales atropellos se perpetraban bajo la protección de las escuadras de Francia e Inglaterra, los llamados ministros mediadores de estas potencias, que en realidad fueron ministros interventores, declaraban, el día 17, el bloqueo de los puertos y costas de la Provincia de Buenos Aires. “La Gran Bretaña y la Francia –comenta acertadamente Saldías- a título de mediadores, tomaban contra la Confederación Argentina la misma medida que se habían negado a reconocer como emanada de esta última, a título de beligerante, ante la plaza de Montevideo”.
 La verdadera guerra iba a comenzar. “El gobierno argentino –escribía “La Gaceta Mercantil”- se halla pues en el forzoso caso de repeler una guerra de abominable conquista anglo-francesa sobre las nacionalidades americanas”.
 Demás está decir que salvo el pequeño grupo que, según frase de Lavalle antes de imitarlo, había “trastornado las leyes eternas de patriotismo, del honor y del buen sentido”, todos los argentinos, sin distinción de clases sociales, acompañaron a Rosas en esta cruzada por la soberanía. Como expresión máxima de ese sentimiento, Don Vicente López y Planes, que había cantado en “El Triunfo Argentino” la epopeya de las invasiones inglesas, y en el “Himno Nacional” la de la Independencia, compuso una “Oda Patriótica”, donde llamaba así a los argentinos a defender por tercera vez su libertad:
Se interpone ambicioso el extranjero,
Su ley pretende al argentino dar,
Y abusa de sus naves superiores
Para hollar nuestra patria y su bandera,
Y fuerzas sobre fuerzas aglomera
Que avisan la intención de conquistar
Morir antes, heroicos argentinos
Que de la libertad caiga este templo
Daremos a la América alto ejemplo
Que enseñe a defender la libertad!
 Es interesante señalar que la opinión americana, manifestada a través de la prensa, comprendió ampliamente el sentido y la trascendencia de la lucha que se preparaba. Sería largo y pesado abundar en citas. Como ejemplo, bastará con dos. “El Grito del Amazonas”, del Brasil, decía: “Nos llamarán rosistas! somos americanos! Todo el Río de la Plata y sus tributarios, sólo por un milagro dejarán de ser surcados por los galo-británicos. Vosotros, argentinos, acabad con honor. No retrocedáis delante de los que amenazándoos hoy con bombardeos porque os suponen débiles, se olvidan de la humillación de Whitelocke y del tratado de Mackau”. Y “The New York Sun” expresaba: “Nos es grato ver al gobierno argentino firme en su determinación de defender la integridad de la Unión. La rebelión del Uruguay fue puesta en pie por Francia con la esperanza de obtener los dominios del Príncipe de Joinville, hermano político del emperador del Brasil. La sumisión a la vil alianza de Guizot, sería la señal de una repartición de la República Argentina entre las potencias aliadas; pero nuestra confianza en el General Rosas y en su administración no nos deja qué temer al respecto”.
 Mientras estas reacciones se producían en la opinión nacional y extranjera, el General Mansilla se dedicaba activamente a dar cumplimiento a las órdenes de Rosas. Había elegido para ello el lugar conocido por Vuelta de Obligado, en el partido de San Pedro. Allí el río se enangosta y forma una curva muy pronunciada. Su anchura es de unos 600 metros y su profundidad, en el canal principal, de 15. La barranca es muy adecuada para la instalación de baterías.
 Después de algunas vacilaciones, que le hicieron abandonar transitoriamente ese lugar para trasladarse al paraje denominado “Las Hermanas”, situado seis leguas más arriba, Mansilla resolvió definitivamente por la Vuelta de Obligado, donde lo encontramos instalado el 17 de septiembre.
 Veamos como se organizó la defensa de esa posición, de acuerdo a los datos suministrados por el propio Mansilla en su informe del 20 de diciembre. Sobre la costa se instalaron cuatro baterías. La de la derecha, denominada “Restaurador Rosas”, estaba al mando del ayudante mayor de marina Alvaro de Alzogaray y constaba de seis cañones, dos de a 24 y cuatro de a 16. La Segunda, ciento diez varas más arriba, era la “General Brown”, a las órdenes del teniente de marina Eduardo Brown, hijo del almirante, y constaba de cinco cañones, uno de a 24, dos de a 18, uno de a 16 y uno de a 12. A cincuenta varas le seguía la tercera, “General Mansilla”, comandada por el teniente de artillería Felipe Palacios y compuesta de tres cañones, dos de a 12 y uno de a 8, en línea rasante con el río. La cuarta, “Manuelita”, a cuyo frente estaba el teniente coronel de artillería Juan Bautista Thorne, distaba 160 varas de la anterior y tenía siete cureñas de mar, de a 100 y de a 8, rudimentariamente empotradas en troncos de tala. Estas baterías estaban servidas por 160 artilleros y 60 de reemplazo.
 La batería “Restaurador Rosas” estaba guarnecida en su flanco derecho por 500 milicianos de infantería, de los cuerpos de Patricios de Buenos Aires, al mando del Coronel Rodríguez, y por cuatro cañones de a 4 al mando del teniente José Serezo. El flanco izquierdo era defendido por 100 milicianos al mando del teniente Juan Gainza.
 Las baterías “General Brown” y “General Mansilla” eran resguardadas por 200 milicianos del Norte, bajo las órdenes del teniente coronel Laureano Anzoátegui y por el capitán de marina Santiago Maurice.
 Apostadas en un monte, a 100 pasos de distancia, servían de reserva 600 hombres de infantería y dos escuadrones de caballería al mando del ayudante Julián del Río y del teniente Facundo Quiroga, hijo del caudillo riojano, y ambas bajo las órdenes del teniente coronel José María Cortina.
 A estas fuerzas hay que añadir los vecinos de San Pedro a las órdenes de Benito Urraca; de Baradero, a las de Juan Magallanes; y de San Antonio de Areco, a las de Tiburcio Lima, que en número total de 300 se unieron a último momento en patriótico y meritorio esfuerzo.
Y completa esta enumeración la escolta del General Mansilla, compuesta de 70 hombres al mando del teniente Cruz Cañete.
 En el flanco izquierdo de la batería General Mansilla, en un mogote aislado, estaban apoyadas las anclas que sostenían una línea de 24 buques desmantelados, de los que hacían la navegación del Paraná y probablemente algunos de guerra, con tres cadenas corridas por la proa, centro y popa. El extremo opuesto de esas cadenas estaba sostenido por el bergantín “Republicano”, con seis piezas de a diez sobre estribor, y al mando del capitán de marina Tomás Craig. Por si el enemigo intentaba cortarlas, los místicos “Restaurador” y “Lagos”, con una pieza de a 6 cada uno, montaban guardia junto al “Republicano”. Tenían las mencionadas cadenas una doble finalidad: dificultar el paso del enemigo y demostrarle simbólicamente que la navegación del río no era libre y que sólo la lograría a la fuerza.
 En una ensenada de la margen izquierda, 14 embarcaciones a remo con 200 infantes estaban listas para acudir a cualquier parte de la cadena o de la margen opuesta. Por último, se tenían preparadas dos líneas de a 5 chalanas unidas entre sí, con materias incendiarias a su bordo, para largarlas oportunamente a la deriva.
 De todo lo dicho se deduce el acierto de Mansilla en disponer la defensa. Los principales jefes enemigos fueron los primeros en reconocerlo. Hubo fallas, sin duda. La artillería era escasa, las municiones más aún. Las había en Buenos Aires. Hubo demora en pedirlas y en enviarlas. El Teniente Coronel Ramírez Juárez, en el capítulo “Comprobaciones tardías” de su interesante libro “Conflictos diplomáticos y militares en el Río de la Plata”, ha señalado muy bien este aspecto negativo de la Vuelta de Obligado. Pero todo ello fué explicable dada la falta de experiencia en este género de guerra, y no aminora en nada la gloria del combate, sino que en cierto modo la aumenta, ya que en su transcurso el elemento humano supo sobreponerse a las deficiencias y dificultades materiales.
 Dejemos a Mansilla instalado en sus baterías y volvamos al campo enemigo.
 Rosas no se equivocó al esperar el principal ataque por el lado del Paraná. Existió en Montevideo una fuerte empresa comercial inglesa, cuyo jefe era Samuel Lafone. Esa empresa había adquirido el producto de la renta de aduana de Montevideo, dando una asignación usuraria a los orientales, y se beneficiaba, además, con el producto de los saqueos de Rivera. En ella tenían acciones algunos miembros del gobierno riverista, como el ministro Vázquez, y logró interesar también a los ministros mediadores –o interventores- de Inglaterra y Francia, Ouseley y Deffaudis. Había conseguido de la “generosidad” del gobierno de Rivera el privilegio de la navegación del Río Uruguay. Pero le interesaba obtener lo mismo en el Paraná, para comerciar con el Paraguay y con la Provincia de Corrientes, sublevada contra Rosas. Para ello preparaba un “convoy” de barcos mercantes, que sería protegido por la escuadra anglo-francesa.
 El 1º de noviembre, el “British Packet” nos entera de que se habla formalmente de una expedición al Río Paraná. El 6 se concentran los barcos frente al Carmelo. Luego se internan en el Delta remontando en son de exploración el imponente Paraná Guazú. El 10 pasan por Baradero. Se detienen frente a la boca del Ibicuy, en sitio adecuado al entrenamiento de la infantería. El 17, la expedición sigue viaje en busca de la amenaza de la que se tienen noticias imprecisas. El 18 al atardecer fondea a una legua de la Vuelta de Obligado, a la vista de las posiciones de Mansilla. “Las márgenes –expresan en un mensaje- están cubiertas de gente vestidas de colorado, y frente a la obstrucción cruzan una goleta de guerra, cinco lanchas armadas y dos místicos”.
 La escuadra invasora estaba compuesta de los siguientes buques:
 Ingleses:
1) Vapor fragata “Gorgon”, buque insignia del Capitán Hotham, con seis cañones de 64 y 4 de 32.
2) Vapor fragata “Firebrand”, con igual armamento.
3) Corbeta “Camus”, con 18 cañones de 32.
4) Bergantín “Philomel”, con 10 cañones de 32.
5) Bergantín “Dolphin”, con 3 cañones de 32.
6) Bergantín “Fanny”, con un cañón de 24.
 Franceses:
1) Cajor Fragata “Fulton”, con 2 cañones de 80.
2) Corbeta “Expeditive”, con 16 cañones de 8.
3) Bergantín “San Martín”, robado a la Argentina cuando el secuestro de la escuadra y constituído en buque insignia del Capitán Trehouart, con 2 cañones de 26 y 16 de 16.
4) Bergantín “Pandour”, con 10 Paixhans de 30 libras.
5) Bergantín goleta “Procede”, con 3 cañones de 24.
 En total, 11 buques de guerra con 101 cañones, la mayoría de grueso calibre y los Paixhans con balas explosivas, que enfrentaban a las 35 pequeñas piezas de la defensa argentina.
 Acompañaban a esta escuadra los buques carboneros que las abastecían. En el Paraná Guazú, poco antes del Ibicuy, un convoy de 20 barcos mercantes, cargados con mercaderías extranjeras y destinados a las ciudades ribereñas del interior aguardaba el resultado del combate.
 La primera escaramuza se produce el 18, a las cinco de la tarde, cuando Mansilla envía en reconocimiento tres lanchones, que se ven obligados a retirarse ante los disparos del “Dolphin”. Por primera vez había tronado en el Paraná el cañón de los invasores. Mansilla se dispone al combate y proclama a sus soldados. “Considerad el insulto que hacen a la soberanía de nuestra patria al navegar, sin más títulos que la fuerza, las aguas de un río que corre por el territorio de nuestro país. Pero no lo conseguirán impunemente. Vamos a resistirles con el ardiente entusiasmo de la libertad. ¡Suena ya el cañón! ¡Tremola en el río Paraná y en sus costas el pabellón azul y blanco, y debemos morir todos antes que verlo bajar de donde flamea!”.
 El 19, estamos en vísperas del combate. Mansilla envía al General Corvalán el siguiente parte, cuyo original conservo en mi colección de documentos históricos:
“Sírvase V.E elevar al supremo conocimiento del Excmo. Señor Gobernador y Capitán General de la Provincia, Brigadier Don Juan Manuel de Rosas, que hasta ahora que son las siete de la mañana, el enemigo no ha hecho el menor movimiento, permaneciendo fondeado a tiro de cañón, sin hacérsele fuego por éstas baterías porque con sólo al recoger el ancla se pondrán a mejor tiro, para aprovechar con acierto las balas que se les tiren. La relación adjunta le impondrá a su S.E de los buques anglofranceses que componen la fuerza invasora.
“Anoche ha desertado en un botecito un marinero del Bergantín de guerra nacional “Republicano”, e incorporándose al enemigo.
“Dios guarde a Vd. Muchos años –Lucio Mansilla”.

 Curioso episodio el de este marinero, que en vísperas del combate se pasa al enemigo, dando espaldas a la gloria. ¿Sería acaso alguno de esos argentinos adictos a cierta línea histórica, que no pasa, precisamente, por la Vuelta de Obligado? Preferimos no creerlo. Según Mackinnon, había algunos extranjeros, y aún ingleses, en las fuerzas de Rosas. Y Ramírez Juárez atribuye el conocimiento que los aliados parecieron tener de las posiciones de Mansilla, sin haber efectuado ningún reconocimiento previo, a algunas deserciones producidas en esos elementos.
 El 20 es el glorioso día. Amanece con niebla, pero ésta se disipa a las 8 y comienza a soplar una brisa del sur, favorable al ataque. A las 8 y 20 la vanguardia enemiga avanza lentamente sobre las baterías. A las 9 rompe el fuego. De inmediato, la banda de los Patricios de Buenos Aires hace oír los acordes del Himno Nacional, cuya última estrofa es saludada con un ¡Viva la Patria! y coronada con los primeros cañonazos de la defensa argentina.
 Comienzan a avanzar, en primer término, el “Philomel”, la “Procede”, la “Fanny”. Pero no lo hace impunemente. Sufren serias averías mientras intentan tomar posiciones. Una vez anclados todos los buques, el combate se hace general y se mantiene vigoroso por espacio de dos horas.
 Recio es el fuego de las baterías. El “San Martín” donde flamea la insignia del Capitán Trehouart, es el más castigado. Con 28 bajas, inclusive sus dos oficiales, y más de 120 impactos, se ve obligado a retirarse, y Trehouart debe arbolar su insignia en la “Expeditive”. El “Fulton”, que había acudido a socorrerlo, sufrió igualmente un serio castigo, recibiendo más de 100 impactos, y siendo desmontado uno de sus poderosos cañones de 80. También el “Dolphin” y el “Pandour” quedan momentáneamente fuera de combate, debiendo regresar aguas abajo para hacer urgentes reparaciones.
No obstante, el fuego mortífero de los aliados, y en especial las granadas paixhans, consiguen hacer mella en las baterías. Además, al cabo de dos horas de intensa lucha, comienzan a escasear las municiones. A mediodía se habían agotado las del bergantín “Republicano”. El comandante Craig ante la imposibilidad de defenderlo, resuelve volarlo para evitar que caiga en manos de enemigo, y pasa con su gente a engrosar la batería de Thorne.
 Libres ya de este obstáculo y después de varias tentativas fracasadas, los aliados consiguen cortar las cadenas. Realiza esta operación el Capitán Hope, en una lancha protegida por el “Fulton”, que es el primero en cruzar el paso. Forzado éste, los potentes cañones de la escuadra consiguen arrojar su metralla sobre el flanco de las baterías, haciendo estragos en ellas. Las trincheras se llenan de muertos y heridos, imposibles de reemplazar por la escasez de personal. No por ello cesa el fuego de los valientes defensores, que se multiplican a fin de suplir a los que caen. Lo trágico es la falta de municiones. Callan la segunda y la tercera batería. Las otras dos sólo se dejan oír de vez en cuando, a largos intervalos. A las 4, Alsogaray dispara la última metralla de la suya. Sólo queda la de Thorne, sobre la que se concentra el fuego del enemigo. A las 4 y 50 cuenta sus municiones. Sólo le quedan 8 tiros. Personalmente dirige sus últimos disparos, sin errar ninguno, que no en vano es el mejor artillero de la Confederación. Al hacer el último, a las 5 de la tarde, una granada enemiga, que explota cerca de él, lo derriba en tierra, fracturándole un brazo y privándole del oído para siempre. Por eso pasó a la historia como el sordo de Obligado.
 El combate puede considerarse decidido. Sólo resta a los aliados consolidar la destrucción mediante un desembarco. Lo hacen primero los ingleses bajo la protección de los cañones de la escuadra. Mansilla, en formidable carga a la bayoneta, desafiando a la metralla enemiga, consigue arrollarlos hasta las mismas embarcaciones. Pero cae herido por un rebote de granada. Lo reemplaza el Coronel Crespo, quien ordena al Jefe de Patricios de Buenos Aires, Coronel Rodríguez, continuar con la resistencia. Entretanto han desembarcado también los franceses, reforzando el ataque. Rodríguez intenta una nueva carga, pero es detenido por el terrible fuego de la “Expeditive”, la “Procide” y el “Philomel”, que han conseguido situarse a sólo 150 metros. Son tan grandes las bajas, que se ve obligado a replegarse a la altura de las barrancas, donde ofrece una tenaz resistencia, disputando palmo a palmo el terreno a los invasores hasta las 8 de la noche. Sólo entonces se retira, salvando la artillería volante y acampando a dos leguas de distancia, sobre el camino a San Nicolás.
 Tal fué el combate de la Vuelta de Obligado. Once horas había durado la lucha. Según parte británico los aliados tuvieron 28 muertos y 85 heridos. De acuerdo al parte argentino, firmado por Crespo en reemplazo de Mansilla, los defensores muertos ascienden a 150 y los heridos a 101. Es probable que, en realidad, las bajas hayan sido mayores por ambas partes. La diferencia en contra de los argentinos es lógica, dadas las características del combate y la superior cantidad y calidad del armamento extranjero.
 Cabe hacer notar que los propios aliados reconocieron el valor de la defensa argentina. El parte de Capitán Hotham, si bien tergiversa en varios puntos la verdad –haciendo figurar, por ejemplo, 10 buques de guerra argentinos que no existieron- lo que motivó un reto a duelo del General Mansilla, reconoce, por otra parte, que “el enemigo se defendió valerosamente” y que “los hombres que caían eran inmediatamente reemplazados”.
 Resulta difícil hacer sin incurrir en injustas omisiones, el elogio individual de los héroes de Obligado, porque lo fueron todos los que allí combatieron. Hecha esta aclaración previa, no podemos dejar de mencionar algunos de entre ellos, que se distinguieron particularmente.
En primer término el general en jefe, Lucio Mansilla, cuyo elogio hace el propio Hotham, al reconocer que “una gran habilidad militar se había desplegado, tanto al escoger el terreno como en el plan de defensa adoptado”; que –según el “British Packet”- “durante todo el combate estuvo tomando mate con la mayor sangre fría”; y que concluyó la jornada herido por las metralla enemiga.
 Mención especial merecen los coroneles Juan Bautista Thorne y Ramón Rodoríguez. Dejemos su elogio, en el que incurre en un error que luego aclararemos, al almirante Sullivan:
 “En la batalla de Obligado –dice- un oficial que mandaba la batería principal causó la admiración de los oficiales ingleses que nos hallábamos cerca de él, por la manera que animaba a sus hombres y los mantenía en sus puestos, al pie de los cañones, durante un fuerte fuego cruzado, bajo el cual esta batería estaba más especialmente expuesta. Por más de 6 horas se paseó por el parapeto de la batería exponiendo su cuerpo entero, sin otra interrupción que cuando él mismo ponía de tiempo en tiempo la puntería de un cañón."
 “Por prisioneros heridos de un regimiento supimos después que era el Coronel Rodríguez, del Regimiento de Patricios de Buenos Aires. Cuando los marineros y soldados ingleses desembarcaron a la tarde y tomaron esa batería, él, con los restos de su regimiento solamente, y sin otro concurso de las fuerzas defensoras, mantuvo su posición a retaguardia, a pesar del fuerte fuego cruzado de todos los buques que se hallaban detrás de la batería, y fue el último en retirarse."
 “La bandera de esa batería, que había defendido tan noblemente, fué tomada por uno de los hombres de mi mando, y me fue dada por el oficial inglés de mayor rango, Capitán Aotham. Al ser arriada, la bandera cayó sobre algunos de los cuerpos de los caídos y fue manchada con su sangre”.
 Sullivan incurre aquí en una confesión. El jefe de la batería, que se paseaba expuesto al fuego enemigo, no fue Rodríguez, sino Thorne. Sí, fue en cambio el Coronel Rodríguez quien resistió heroicamente a las fuerzas de desembarco. El elogio, por lo tanto, corresponde a ambos. La bandera a la que se refiere Sullivan, la devolvió caballerescamente al Consulado Argentino en Londres, en 1883. Hoy se encuentra, sin leyenda alguna, en el Museo Histórico Nacional. Fue la única bandera de combate capturada en Obligado, y como ya lo hacía notar el “British Packet” el 20 de diciembre de 1845, no es propiamente la bandera oficial argentina, sino una insignia de regimiento, con bonetes e inscripciones. Las banderas que se exhibieron en los Inválidos de París como trofeos de Obligado, no eran banderas de guerra, sino de los barcos mercantes que sostenían la cadena, o de las carpas de los soldados.
 Continuando con la mención de los héroes de Obligado, recordemos a la heroína nicoleña Petrona Simonino, que con un grupo de abnegadas mujeres, algunas de las cuales murieron bajo fuego enemigo, prestó ayuda a los heridos e infundió ánimo a los defensores, consiguiendo salvar el parque sanitario en momentos de ser flanqueada la batería “Manuelita”.
 Y no olvidemos a los que dieron su vida por la patria en tan memorable ocasión. En la imposibilidad de mencionarlos a todos –se calcula su número en 250- recordemos al menos el nombre de los oficiales: Teniente de Marina José Romero, subtenientes Marcos Rodríguez y Faustino Medrano, y alféceres Martínez y Sánchez.
 El combate de Obligado, a pesar de constituir técnicamente, el episodio en sí, una victoria aliada, no lo fue en definitiva, ni por consecuencias prácticas, ni por su trascendencia moral.
 El ejército argentino, aunque diezmado, no se había disuelto. Pronto se rehizo. Las fuerzas aliadas que desembarcaron en Obligado fueron arrolladas en los meses de diciembre y enero por las del Coronel Thorne, que comandaba la línea de observación sobre la costa. El 2 de febrero intentaron un nuevo desembarco, y otra vez Thorne los obligó a reembarcarse. De nada servía haber forzado el paso. El objetivo aliado era dominar el río para comerciar con Paraguay y Corrientes. Pero no se domina el río cuando la costa sigue en poder del enemigo. Desde sus barcos, los anglo-franceses se veían seguidos y observados por los jinetes criollos –poncho y gorro colorado- que “surcaban en todo sentido la llanura, atendiendo a tropas inmensas de caballos y vacas destinadas a su uso y consumo, mientras los marinos famélicos eran presa del escorbuto, a pesar de la huerta de legumbres que habían instalado en una islita”. Veían, por otra parte, levantarse de nuevo sobre la costa las baterías abatidas para siempre. “Rosas está levantando baterías a lo largo de las barrancas entre nosotros y Obligado”, escribía el teniente Robins, de la fragata “Firebrand”, y añadía: “Si no hay una poderosa división abajo con fuerzas de tierra para sacar los hombres de la barranca, ellos echarán a pique algunos de los buques del convoy y probablemente harán daño a los de guerra. Nos hemos internado muy pronto río arriba. Hemos tomado una posición que no podemos sostener sin muchas posiciones fortificadas”. Y el teniente Marelly, confesaba: “Nos preocupan mucho las baterías que Rosas levanta contra nosotros en San Lorenzo”.
 Pronto se vió que tales temores no eran infundados. Los barcos que surcan el río comienzan a ser objeto de continuas agresiones. El 9 de enero el convoy es hostilizado en Acevedo. El 16 en San Lorenzo y el Quebracho, con grandes averías y 50 hombres fuera de combate. El 10 de febrero, el “Alecto” y el “Firebrand” son atacados en el Tonelero. El 2 de abril el “Philomel” es perseguido en el Quebracho. El 6, en el mismo lugar, el “Alecto” quedó bastante descalabrado. El 19 Mansilla se toma un pequeño desquite recapturando con la bandera inglesa el pailebot “Federal”, uno de los barcos que sostenían la cadena en la Vuelta de Obligado y que había sido tomado, armado y rebautizado por los ingleses con el nombre de ese combate. El 21, Thorne acribilla a balazos al “Lizzard”, causándole 4 muertos y otros tantos heridos. El 11 de mayo la escena se repite con el “Harpy”, quedando herido su comandante. Y como coronamiento, el 4 de junio, cuando el convoy regresa a Montevideo cargado de mercaderías de Paraguay y Corrientes, sufre un verdadero desastre en el Quebracho, viéndose obligado a incendiar varios barcos y a emprender una vergonzosa fuga. Desde entonces, el envío del convoy no se repitió y los buques aliados dejaron de surcar las aguas del Paraná. ¿Dónde había quedado el dominio del río, objetivo principal de la Vuelta de Obligado?
 Si desde el punto de vista práctico este combate fué una victoria a lo Pirro, desde el punto de vista moral constituyó un triunfo argentino.
 Lo fué por la desmoralización que produjo el enemigo. Comprendieron que se trataba de una guerra y no de un paseo. Lo dejan entrever en su correspondencia. “Nadie se declara en nuestro favor…Dejarlos que se degüellen unos a otros, limitándonos al bloqueo a menos que vengan otros a completar el trabajo…Nos hemos metido mucho…Hemos hecho demasiado, o demasiado poco”. En vista de ello, los interventores solicitan refuerzos. Piden 10.000 soldados franceses, igual cantidad de ingleses y el envío de una nueva escuadra. Pero los gobiernos de Inglaterra y Francia no contaban con semejante guerra. Habían creído empresa fácil dominar a los argentinos, a los “gauchos cobardes” que decía Thiers en el parlamento francés. La realidad les demostraba otra cosa. La Argentina no era Argelia o Túnez, ni Rosas un reyezuelo africano. Era un país que sabía hacer honor a su noble estirpe y defender la independencia que había conquistado. Hubo que abrir con él negociaciones de paz. El duelo a cañonazos iniciado en Obligado terminó pocos años después con las salvas con que Inglaterra y Francia desagraviaron al pabellón nacional.
 A los argentinos, en cambio, la Vuelta de Obligado les retempló el espíritu. Les dió, como otrora la resistencia a las invasiones inglesas, la conciencia de su propio valer. Fue la réplica viril al infame atropello del robo de la escuadra y su recuerdo subsistió, y subsistirá, como saludable lección a las veleidades de la intromisión extraña. Fue, y sigue siendo para nosotros, aunque todavía no se lo haya declarado oficialmente, el Día de la Soberanía.
 La energía de Rosas y el heroísmo de los combatientes despertó la admiración de todo el mundo. Especialmente la prensa de Estados Unidos, Chile y Brasil abundó en comentarios altamente elogiosos. Periódicos de Río de Janeiro se expresaban en los siguientes términos: “Triunfe la Confederación Argentina o acabe con honor. Rosas, a pesar del epíteto de déspota con que lo difaman, será en la posteridad respetado como el único americano del sur que ha resistido intrépido las violencias y agresiones de las dos naciones más poderosas del viejo mundo. Un día, los americanos del Norte y el Sur repetirán con entusiasmo a sus hijos estas palabras enérgicas y famosas dirigidas por el general argentino a los piratas de las Galias y de la Britania: No cederé mientras tuviese un soldado…Sean cuales fuesen las faltas de ese hombre extraordinario, nadie ve en él sino al ilustre defensor de la causa americana, al principal representante de los intereses americanos. Sea que triunfe o que sucumba en esa verdadera lucha de gigante en que se halla empeñado, Rosas será en le presente época el grande hombre de la América”.
 A su vez, “The Journal of Commerce” de Nueva York, decía: “No somos panegiristas del gobernador Rosas, pero deseamos que nuestros compatriotas conozcan su verdadero carácter, como lo describen los comodoros Ridgley, Morris y Turner y todo los ciudadanos de los Estados Unidos que haya visitado Buenos Aires. Verdaderamente él es un gran hombre; y en sus manos ese país es la segunda república de América”.
Mientras así se hablaba en el exterior, la única nota disonante –triste es decirlo- la dio la prensa de los argentinos emigrados en Montevideo y Chile. La sangre noblemente derramada en Obligado fue innoblemente insultada por ella, mientras incitaba a los extranjeros a continuar la lucha, bajo el pretexto de que no había de combatir el pueblo a los hombres “a quienes consideraba como libertadores”. Con tal motivo, Pinto, ex presidente de Chile, escribía al plenipotenciario argentino: “Seguimos con el más profundo interés las aventuras de la guerra contra Buenos Aires, porque esperamos que tarde o temprano se aplicarán a todos los Estados de América los mismos principios que ha invocado la intervención para crearse gobiernos esclavos que pongan al país a merced de la Inglaterra y de la Francia. Así s que todos los chilenos nos avergonzamos de que haya en Chile dos periódicos que defiendan la legalidad de la traición a su país, y Ud. sabe quiénes son sus redactores”.
 Afortunadamente, no todos los enemigos de Rosas cayeron tan hondo. Don Manuel Erguía protestaba contra esas actitudes en los siguientes términos: “Para la prensa de Montevideo, la Francia y la Inglaterra tienen todos los derechos, toda la justicia. Aun más, pueden dar una puñalada de atrás, arrebatar una escuadra, quemar buques mercantes, entrar en los ríos a cañonazos, destruir nuestro cabotaje…todo esto y mucho más que aún falta, es permitido a los civilizadores…el francés maquinista que cae atravesado por una bala es digno de compasión, y ve caer 400 cabezas argentinas y no muestra el menor sentimiento por su propia sangre. La prensa de Montevideo es completamente franco-inglesa”. El coronel Martiniano Chilavert reacciona aún con mayor energía. “Me impuse –dice- de las ultrajantes condiciones a que pretenden sujetar a mi país los poderosos interventores y del modo inicuo como se había tomado la escuadra. Ví también propagadas doctrinas a las que deben sacrificarse el honor y el porvenir de mi país. La disolución misma de su nacionalidad establece como principio. El cañón de Obligado contestó a tan insolentes provocaciones. Su estruendo resonó en mi corazón. Desde ese instante sólo un buen deseo me anima: el de servir a mi patria en esta lucha de justicia y gloria para ella”.
 Chilavert cumplió su palabra. No pudo luchar en esta guerra, porque después de Quebracho quedó virtualmente concluída. Pero en Caseros defendió a su patria contra otra intervención extranjera. Urquiza le hizo pagar con la vida el terrible delito de haber luchado hasta el fin contra el invasor brasileño.
 El propio Alberdi, que con todos sus errores vió más claro que otros, escribió por aquel tiempo: “Hoy más que nunca, el que ha nacido en el hermoso país situado frente a la Cordillera de los Andes y el Río de la Plata, tiene derecho a exclamar con orgullo: soy argentino. Rosas no es un simple tirano, a mis ojos. Si en su mano hay una vara sangrienta de fierro, también veo en su cabeza la escarapela de Belgrano. Simón Bolívar no ocupó tanto el mundo con su nombre, como el actual gobernador de Buenos Aires”. Y nada menos que Sarmiento, se vió obligado a reconocer que a Rosas “debe la República Argentina en estos últimos años haber llenado de su nombre, de sus luchas y de la discusión de sus intereses el mundo civilizado, y puéstola más en contacto con Europa”.
 Si aún algunos entre los enemigos de Rosas supieron comprender la trascendencia de la Vuelta de Obligado, cabe suponer la impresión que habrá producido en el espíritu del más grande los argentinos, el Gral. San Martín, que supo prever a Rosas y comprenderlo desde su advenimiento y que ya le había ofrecido sus servicios durante el bloqueo francés del año 38. En carta a Rosas de marzo de 1846, le dice: “Ya sabía la acción de Obligado, los interventores habrán visto que los argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que el de abrir la boca…Esta contienda, en mi opinión, es de tanta trascendencia como la de nuestra emancipación de la España”. Su confianza en el triunfo argentino es absoluta, como se lo manifiesta al General Guido: “Me asiste la confianza segura de que a pesar de la desproporción de fuerzas y recursos, el General Rosas triunfará de todos los obstáculos”. Y firmada la paz del 49, le vuelve a escribir a Rosas: “Ud. me hará la justicia de creer que sus triunfos son un gran consuelo de mi achacosa vejez”.
 Lo que es menos conocido es que a causa de Obligado, San Martín estuvo a punto de mandar su sable a Rosas. Lo manifestó expresamente cuando dijo: “Sobre todo tiene para mí el General Rosas que ha sabido defender con toda energía y en toda ocasión el pabellón nacional. Por esto, después de Obligado, tentado estuve de mandarle la espada con que contribuí a defender la independencia americana, por aquel acto de entereza en el cual, con cuatro cañones, hizo conocer a la escuadra anglo-francesa que, pocos o muchos, sin contar los elementos, los argentinos saben siempre defender su independencia”.
 Esta intención quedó concretada en la famosa cláusula 3º de su testamento, donde lega su sable a Rosas “como una prueba la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injusticias pretensiosas de los extranjeros que trataban de humillarla”.
Ningún argentino recibió nunca mejor premio.


✒ | Alberto Ezcurra Medrano
*Publicado en el número XVIII de la Revista del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas. Año 1958.