31.7.05

Che Guevara, la máquina de matar


 Este texto es un amplio extracto de un artículo escrito por el autor, originalmente en inglés, y publicado en la revista norteamericana 'The Republic' con el título 'The killing machine'. La traducción es de Eva Cruz. Álvaro Vargas Llosa pasa una mirada crítica a la vida revolucionaria de Ernesto Che Guevara (1928-1967).

 Che Guevara, quien tanto hizo por destruir el capitalismo, es hoy una marca quintaesencial del capitalismo. Su imagen es adorno de tazas, mecheros, llaveros, carteras, gorras, pantalones vaqueros, sobres de infusiones y, por supuesto, esas omnipresentes camisetas con la fotografía tomada por Alberto Korda: el galán del socialismo, con gorra, en los primeros años de la revolución, pasando casualmente por delante del visor del fotógrafo y quedando fijado en la imagen que, treinta años después de su muerte, sigue siendo el logo del chicrevolucionario.

 Los productos Che son comercializados tanto por grandes corporaciones como por pequeños negocios, como la Burlington Coat Factory, que sacó un anuncio de televisión en el que un muchacho con pantalones militares llevaba una camiseta del Che. Los revolucionarios también se apuntan a este frenesí de la mercadotecnia: desde The Che Store, que cubre "todas tus necesidades revolucionarias" por Internet, hasta el escritor italiano Gianni Minà, que vendió a Robert Redford los derechos cinematográficos del diario que escribió el Che en su viaje por Suramérica en 1952. Por no hablar de Alberto Granado, que acompañó al Che en ese viaje de juventud, trabaja como asesor de documentalistas y ahora lamenta, mientras consume vino de rioja y magret de pato en Madrid, que por culpa del embargo norteamericano contra Cuba le resulta difícil cobrar sus derechos de autor.

 La metamorfosis del Che Guevara a marca capitalista no es nueva, pero la marca está siendo objeto de una operación de revival en los últimos tiempos, y se trata de un revival especialmente notable porque llega años después del colapso político e ideológico de todo lo que Guevara representaba. Este éxito inopinado se debe fundamentalmente a Diarios de motocicleta, la película producida por Robert Redford y dirigida por Walter Salles. Hermosamente rodada en paisajes que han logrado evitar los efectos corrosivos del capitalismo contaminante, la película muestra al joven en un viaje de autodescubrimiento, cuando su incipiente conciencia social se topa con la explotación social y económica -sentando las bases para una reinvención de nuevo cuño del hombre al que Sartre un día calificó como el más completo de nuestra era.

 Es habitual entre los seguidores de una secta no conocer la historia real de la vida de su héroe, la verdad histórica. No es sorprendente que los seguidores contemporáneos de Guevara, sus nuevos admiradores poscomunistas, también se engañen aferrándose a un mito -excepto los jóvenes argentinos entre los que cunde la expresión "tengo una remera [camiseta] del Che y no sé por qué".

¿Faro de la justicia?

 Pensemos en algunas de las personas que han exhibido o invocado la imagen de Guevara como un faro de la justicia y la rebelión contra el abuso de poder. En Líbano, los manifestantes que protestaban contra Siria frente a la tumba del primer ministro Rafiq Hariri portaban la imagen del Che. Thierry Henry, un futbolista francés que juega en el Arsenal, apareció en una gran fiesta organizada por la FIFA con una camiseta roja y negra del Che. En Stavropol, en el sur de Rusia, los manifestantes que denunciaban el pago en efectivo de ayudas sociales tomaron la plaza central con banderas del Che. En el campo de refugiados de Dheisheh, en la franja de Gaza, carteles del Che adornan un muro en el que se rinde tributo a la Intifada. Leung Kwok-hung, el rebelde elegido para el Congreso Legislativo de Hong Kong, desafía a Pekín vistiendo una camiseta del Che. Y el caso más célebre, en la ceremonia de entrega de los Premios de la Academia de Hollywood de este año, Carlos Santana y Antonio Banderas interpretaron la canción de Diarios de motocicleta, y Santana apareció con una camiseta del Che y un crucifijo. Las manifestaciones de la nueva secta están por todas partes. Una vez más, el mito está animando a personas cuyas causas, en general, representan exactamente lo contrario de lo que era el Che Guevara.

 No hay hombre que no tenga alguna cualidad que le redima. En el caso del Che, esas cualidades pueden ayudarnos a medir el abismo que separa la realidad del mito. Su sinceridad le condujo a dejar testimonio escrito de sus crueldades, incluyendo cosas verdaderamente horrendas, aunque no las más horrendas. Su coraje le llevó a que no viviera para asumir la responsabilidad por el infierno cubano. Un mito puede comunicar tanto acerca de una época como la verdad. Y así, gracias a los propios testimonios del Che acerca de sus pensamientos y acciones, y gracias también a su prematura desaparición, podemos saber exactamente el grado de engaño que muchos de nuestros contemporáneos tienen acerca de tantas cosas.

 Puede que Guevara estuviera enamorado de su propia muerte, pero estaba mucho más enamorado de la muerte de los demás. En abril de 1967, hablando desde la experiencia, resumía su idea homicida de la justicia en su Mensaje a la tricontinental: "El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar".

 En otras ocasiones, el joven bohemio parecía incapaz de distinguir entre la ligereza de la muerte como espectáculo y la tragedia de las víctimas de la revolución. En una carta a su madre de 1954, escrita en Guatemala, donde fue testigo del derrocamiento del Gobierno revolucionario de Jacobo Arbenz, escribió: "Fue muy divertido, con todas aquellas bombas, discursos y otras distracciones que rompían la monotonía en la que estaba viviendo".

 La disposición de Guevara cuando viajó con Castro de México a Cuba a bordo del Granma queda reflejada en una frase de una carta a su mujer redactada el 28 de enero de 1957, poco después de desembarcar, y publicada en su libro Ernesto: Memorias del Che Guevara en Sierra Maestra: "Aquí, en la selva cubana, vivo y sediento de sangre".

 En enero de 1957, como indica su diario de Sierra Maestra, Guevara mató de un disparo a Eutimio Guerra porque sospechaba que estaba pasando información al enemigo: "Acabé con el problema con una pistola del calibre 32, en el lado derecho de su cerebro... Sus pertenencias ahora son mías". Luego dispararía a Aristidio, un campesino que expresó su deseo de abandonar la lucha cuando los rebeldes se trasladaran a otro lugar. Mientras se preguntaba si esta víctima en concreto "realmente era lo suficientemente culpable como para merecer la muerte", no le tembló el pulso a la hora de ordenar el asesinato de Echevarría, hermano de uno de sus camaradas, por crímenes no especificados: "Tenía que pagar el precio". En otras ocasiones simulaba ejecuciones, aunque no las llevara a cabo, como método de tortura psicológica.

Fusilamientos en La Cabaña

 Pero la "fría máquina de matar" no demostró todo el alcance de su rigor hasta que, inmediatamente después de la caída del régimen de Batista, Castro lo puso al frente de la prisión de La Cabaña. San Carlos de la Cabaña era una fortaleza de piedra utilizada para defender La Habana de los piratas ingleses en el siglo XVIII; más tarde se convirtió en un barracón militar. Guevara presidió, durante la primera mitad de 1959, uno de los momentos más oscuros de la revolución. José Vilasuso, abogado y profesor de la Universidad Interamericana de Bayamón, en Puerto Rico, que perteneció al organismo a cargo de los procesos judiciales sumarios en La Cabaña, me contó hace poco que el Che dirigía la Comisión Depuradora. "Se regía por la ley de La Sierra, tribunal militar, de hecho y no jurídico, y el Che nos recomendaba guiarnos por la convicción. Esto es, sabemos que: 'Todos son unos asesinos, luego proceder radicalmente es lo revolucionario'. Mi función era de instructor. Es decir, legalizar profesionalmente la causa y pasarla al ministerio fiscal. Se fusilaba de lunes a viernes. Las ejecuciones se llevaban a cabo de madrugada, poco después de dictar sentencia y declarar sin lugar (de oficio) la apelación. La noche más siniestra que recuerdo se ejecutó a siete hombres".

 Javier Arzuaga, el capellán vasco que consolaba a los condenados a muerte, habló conmigo recientemente desde su casa de Puerto Rico. Este ex cura católico que ahora tiene 75 años y que se define como "más cercano a Leonardo Boff y a la Teología de la Liberación que al antiguo cardenal Ratzinger", recuerda que había alrededor de 800 prisioneros en un espacio donde no cabían más de 300: antiguos militares y policías de Batista, algunos periodistas, unos pocos hombres de negocios y comerciantes. El tribunal revolucionario estaba compuesto por milicianos. Guevara presidía el tribunal de apelaciones. "Nunca anuló ninguna condena. Después de que yo me fuera, en mayo, ejecutaron a muchos más, pero yo personalmente fui testigo de 55 ejecuciones".

 ¿Cuántas personas fueron asesinadas en La Cabaña? Pedro Corzo da una cifra de unos 200, similar a la ofrecida por Armando Lago, un catedrático de economía jubilado que ha elaborado una lista con 179 nombres como parte de un estudio sobre las ejecuciones en Cuba que le ha llevado ocho años. En cables secretos enviados por la Embajada estadounidense en La Habana al Departamento de Estado en Washington se hablaba de "más de 500" ejecuciones. Félix Rodríguez, un agente de la CIA que formó parte del equipo encargado de dar caza al Che en Bolivia, me contó que se enfrentó al Che tras su captura recriminándole las "más o menos 2.000" ejecuciones de las que fue responsable a lo largo de su vida. "Me dijo que eran todos agentes de la CIA y no discutió la cifra", recuerda Rodríguez. Las cifras más altas podrían incluir ejecuciones llevadas a cabo en los meses después de que el Che dejara de estar al mando de la prisión.

 Lo que nos devuelve a Carlos Santana y su chic vestimenta Che. En una carta abierta publicada en El Nuevo Herald el 31 de marzo de este año, el gran músico de jazz Paquito D'Rivera criticaba a Santana por su atuendo en los Oscar. Y añadió: " Uno de estos cubanos fue mi primo Bebo, preso allí precisamente por ser cristiano. Él me cuenta siempre con amargura cómo escuchaba desde su celda en la madrugada los fusilamientos sin juicio de muchos que morían gritando '¡Viva Cristo Rey!".

 El ansia de poder del Che tenía otras formas de expresión, además del asesinato. Escribiendo sobre Pedro de Valdivia, el conquistador de Chile, Guevara reflexionaba: "Pertenecía a esa clase especial de hombres que la especie produce de vez en cuando, en quienes el anhelo de poder ilimitado es tan extremo que cualquier sufrimiento padecido para lograrlo parece natural". Podría haber estado describiéndose a sí mismo. En cada etapa de su vida adulta, su megalomanía se manifestó en una urgencia depredadora por arrebatar a otras personas sus vidas y sus posesiones, y por abolir su libre albedrío.

Obsesión por controlar

 La obsesión del Che por el control colectivista le llevó a colaborar en la formación del aparato de seguridad que se montó con objeto de subyugar a seis millones y medio de cubanos. A principios de 1959 tuvieron lugar una serie de reuniones secretas en Tarará, cerca de La Habana, en la mansión a la que el Che se retiró temporalmente para recuperarse de una enfermedad. Ahí fue donde los líderes más importantes, incluyendo a Castro, diseñaron el Estado policial cubano. Ramiro Valdés, subordinado del Che en la guerrilla, fue puesto al frente del G-2, un organismo creado a partir del modelo de la Checa. El propio Guevara asumió el poder del G-6, el organismo encargado de adoctrinar ideológicamente a las fuerzas armadas. La invasión de Bahía de Cochinos, llevada a cabo con apoyo estadounidense en abril de 1961, se convirtió en la ocasión perfecta para consolidar el nuevo Estado policial, con la captura de cientos de miles de cubanos y una nueva oleada de ejecuciones. Como el propio Guevara le contó al embajador soviético Sergei Kudriavtsev, los contrarrevolucionarios "no volverían a levantar cabeza".

 "Contrarrevolucionario" es el término que se aplicaba a cualquiera que se desviara del dogma. Era el sinónimo comunista de "hereje". Los campos de concentración eran una de las formas que el poder dogmático adoptaba para aplastar la disidencia. La historia atribuye al general español Valeriano Weyler, capitán general de Cuba a finales del siglo XIX, la primera utilización de la palabra concentración para describir la política de rodear a multitudes de adversarios potenciales -en este caso, partidarios del movimiento de independencia cubano- con alambre de espino y vallas. Qué apropiado, que los revolucionarios cubanos, más de medio siglo después, adoptaran esta tradición. Al principio, la revolución movilizó a los voluntarios para que construyeran escuelas y trabajaran en los muelles, las plantaciones y las fábricas -proporcionando exquisitas oportunidades para que el Che se fotografiara en versión Che estibador, Che cortador de caña, Che trabajador textil-. No pasaría mucho tiempo antes de que el trabajo voluntario se hiciera algo menos voluntario: el primer campo de trabajos forzados, Guanahacabibes, se puso en marcha a finales de 1960 en el oeste de Cuba.

 Este campo fue el precursor del confinamiento sistemático, que finalmente comenzaría a producirse a partir de 1965 en la provincia de Camagüey, de disidentes, homosexuales, víctimas del sida, católicos, testigos de Jehová, curas afrocubanos y demás ralea, bajo la bandera de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción. Hacinados en autobuses y camiones, los no aptos eran transportados a punta de pistola a campos de concentración organizados a partir del modelo de Guanahacabibes. Algunos jamás regresarían; otros serían violados, apaleados o mutilados, y la mayoría acabarían traumatizados de por vida.

 Quizá la revista Time estuviera poco acertada en agosto de 1960, al describir el reparto de tareas de la revolución con un reportaje de portada en el que Che Guevara aparecía como el "cerebro", Fidel Castro como el "corazón", y Raúl Castro como el "puño". Pero esta visión reflejaba el papel crucial de Guevara en la transformación de Cuba en un bastión del totalitarismo. Che era un candidato bastante dudoso como ejemplo de pureza ideológica, dado su espíritu bohemio, pero durante sus años de entrenamiento en México y, en el periodo siguiente de lucha armada en Cuba, se reveló como un ideólogo comunista enamorado de la Unión Soviética, para gran incomodidad de Castro y los demás, que eran básicamente oportunistas dispuestos a utilizar cualquier medio necesario para hacerse con el poder. Cuando los revolucionarios en ciernes fueron arrestados en México en 1956, Guevara fue el único que admitió ser comunista y estar estudiando ruso. Durante la lucha armada en Cuba, estableció una alianza férrea con el Partido Socialista Popular (el partido comunista de la isla) y con Carlos Rafael Rodríguez, un personaje fundamental en la conversión del régimen de Castro al comunismo.

 Este temperamento fanático convirtió al Che en un eje de la sovietización de una revolución que en repetidas ocasiones se había jactado de su carácter independiente. Poco después de que los barbudos tomaran el poder, Guevara participó en negociaciones con Anastas Mikoyan, viceprimer ministro soviético, de visita en Cuba. El viaje de Guevara a Rusia en agosto de 1962 fue significativo, porque selló el acuerdo que convertiría Cuba en una cabeza de playa nuclear. Se reunió con Jruschov en Yalta para cerrar los detalles de una operación que ya estaba empezada y que tenía que ver con la introducción de 42 misiles soviéticos, la mitad de los cuales estaban provistos de cabezas nucleares, además de lanzaderas y unos 42.000 soldados. Después de presionar a sus aliados soviéticos amenazándoles con el peligro que supondría que Estados Unidos descubriera lo que estaba sucediendo, Guevara obtuvo garantías de que la marina soviética intervendría -en otras palabras, que Moscú estaba dispuesto a ir a la guerra.

 Guevara se distanció de la Unión Soviética en los últimos años de su vida. Lo hizo por razones equivocadas, reprochando a Moscú su blandura ideológica y diplomática, y que estuviera haciendo demasiadas concesiones -no como la China maoísta, que llegaría a ver como el refugio de la ortodoxia-. A Guevara le molestaba el hecho de que Moscú estuviera pidiendo a otros miembros del bloque comunista, incluida Cuba, algo a cambio de su colosal ayuda económica y apoyo político. Su ataque final contra Moscú llegaría en Argelia, en febrero de 1965, en una conferencia internacional en la que acusó a los soviéticos de adoptar la "ley del valor", es decir, el capitalismo. Su ruptura con los soviéticos, por tanto, no fue un grito por la libertad, sino un aullido en pos de la subordinación total de la realidad a la ciega ortodoxia ideológica.

Su visión económica

 El gran revolucionario tuvo la oportunidad de poner en práctica su visión económica -su idea de la justicia social- al frente del Banco Nacional de Cuba y del Instituto Nacional de Reforma Agraria del Ministerio de Industria a finales de 1959, y, a partir de principios de 1961, como ministro de Industria. La etapa en la que Guevara estuvo a cargo de la mayor parte de la economía cubana coincidió con el desplome casi total de la producción azucarera, el fracaso de la industrialización y la introducción del racionamiento -y todo esto en lo que había sido uno de los cuatro países de mayor éxito económico de Latinoamérica desde antes de la dictadura de Batista.

 Su período al frente del Banco Nacional, durante el cual acuñó billetes firmados por "Che", ha sido resumido por su segundo de a bordo, Ernesto Betancourt: "Ignoraba los principios económicos más elementales". Los poderes de percepción de Guevara en relación con la economía mundial fueron expresados en una famosa frase de 1961, en una conferencia hemisférica en Uruguay, donde predijo para 1980 una renta per cápita mayor que la de "Estados Unidos hoy". De hecho, en 1997, cuando se cumplía el trigésimo aniversario de su muerte, los cubanos estaban restringidos por el racionamiento a una dieta de dos kilos de arroz y medio kilo de alubias al mes, 100 gramos de carne dos veces al año, 100 gramos de pasta de soja a la semana y cuatro huevos al mes.

 La reforma agraria arrebató la tierra a los ricos, pero se la entregó a los burócratas, no a los campesinos (el decreto fue escrito en casa del Che). En aras de la diversificación, se redujeron las zonas cultivables y la mano de obra se distrajo hacia otras actividades. El resultado fue que entre 1961 y 1963, las cosechas se redujeron a la mitad. (...)

✒ Álvaro Vargas Llosa | El País | Domingo, 31 de julio de 2005.

3.7.05

Una historia oficial con justificaciones y detalles



 El historiador inglés admite las dudas británicas sobre sus derechos en Malvinas, revela algunos pormenores y preserva la imagen de Thatcher.

 Margaret Thatcher estuvo a la altura del desafío histórico que le planteó la dictadura militar argentina de 1982 en las islas Malvinas pero... Quizá no debiera haber ido a la guerra. En primer lugar porque los títulos de soberanía británicos sobre los archipiélagos australes eran lo suficientemente precarios como para que una buena parte de la burocracia estatal —básicamente la del Foreign Office— tuviese serias dudas sobre la validez de los mismos. El argumento no es nuevo, excepto por el hecho de que ahora ha quedado estampado en la historia oficial inglesa de la guerra, escrita por el académico Lawrence Freedman por encargo del gobierno de Tony Blair.


 En los dos volúmenes de "La historia oficial de la Campaña de las Falklands", distribuido el último día de junio, la "Dama de Hierro" emerge del texto con la corona de laureles intacta. Aun si la guerra pudo haber sido de dudosa conveniencia, si se quedó en la oscuridad informativa en las horas previas al hundimiento del crucero General Belgrano o si, como sucedió con la batalla de Pradera del Ganso, ordenó una carga de sus tropas por razones más propagandísticas que militares. Estos hechos fueron registrados por el autor, que tuvo un acceso sin precedente a los archivos oficiales británicos del conflicto.

 Freedman —vicerrector del King's College en Londres, donde enseña Estudios de Guerra— no intenta empujar a lady Thatcher del pedestal y tampoco se detiene más de lo necesario en el derecho argentino porque, queda claro en los volúmenes, este trabajo también parte de la premisa según la cual el triunfo de armas concede derechos a quien lo obtiene. Las cosas no vuelven a ser nunca como antes de que hablaran los cañones, que es lo que ha buscado, busca también hoy, desde aquella derrota, la diplomacia argentina. En muchos sentidos esta historia oficial inglesa es menos crítica de lo hecho por Inglaterra que su precedente, el informe de la comisión parlamentaria que presidió Lord Franks en 1983.

 Pero al menos Freedman tiene la honestidad intelectual de registrar los claroscuros de aquel breve drama bélico. Algo que uno no podría haber esperado si los militares argentinos de entonces hubiesen durado lo suficiente como para ensayar algo similar. La parodia del Informe Rattenbach argentino es un antecedente. 

 Freedman está autorizado para el intento; su trabajo está signado por ese conflicto de los 80. En marzo de 1982 asumió su profesorado y un mes después el destino le dio una guerra recién estrenada para estudiar. Desde entonces su nombre estuvo vinculado a la bibligrafía, notablemente por "Señales de Guerra: el conflicto de las Falklands de 1982", un libro de 1991 que escribió junto a la argentina Virginia Gamba. Esta es una colaboración para notar: Gamba se ha esforzado por hacer de aquel choque algo menos absurdo de lo que fue desde el proceso de decisión argentino.

 Freedman sólo logra varios momentos recordables. El recuento del análisis que llevó al primer canciller de Thatcher, lord Carrington, a elaborar, en 1981, una propuesta a la Argentina para un retroarriendo de las islas por 99 años —al estilo Hong Kong— que discutieron en secreto dos enviados en Suiza, Nicholas Ridley y el vicecanciller militar, comodoro Carlos Cavándoli. Es de notar el enlace que construye entre esta iniciativa y las dudas de los políticos británicos sobre el derecho que asistía a su país. A pesar de más de siglo y medio de ocupación —decían éstos con sordina—, lo cierto es que Londres había reconocido a la Argentina independiente en el siglo XIX, cuando había un gobernador argentino en las islas, sin hacer reservas territoriales.

 Está también la duda hamletiana que asoló al gabinete de guerra de la Thatcher cuando se comprobó que a la flota, rápidamente armada para viajar a las islas, se habían sumado dos unidades que llevaban en su arsenal cargas de profundidad nucleares. Freedman describe a la Thatcher como desesperada "por retirarlas de los buques" —lo que finalmente se hizo—, pero al mismo tiempo revela discusiones que prueban que "la opción atómica" estuvo en el trasfondo todo el conflicto.

 Igual es posible decir que la Argentina continental nunca estuvo completamente segura: algunos comandantes sostuvieron la posibilidad de atacar primero otros territorios australes argentinos menos fortificados.

 Freedman sostiene que el hundimiento del crucero General Belgrano no fue una jugada política sino militar y perfectamente racional. Aunque admite que la Thatcher, que autorizó el ataque, no fue informada durante cuatro horas críticas de que el crucero había cambiado curso y se dirigía a puerto. El historiador asegura que la decisión de modificar las reglas de combate —que permitió el hundimiento— se hubiese debido adoptar igual. Thatcher recibe así una pátina de inocencia.


 Para quienes aquella guerra es un objeto de culto intelectual el trabajo inglés ofrece pocas novedades, pero ayuda a completar el cuadro. Quizá sea más valioso para los que se interesan por el futuro del diferendo; alimenta cierta sospecha de que el deseo y el reclamo argentino han quedado atrapados en una realidad que ya no existe, la de antes de la guerra. 


✒ Oscar Raúl Cardoso Clarín | Domingo 3 de julio de 2005.

"Sin la ayuda chilena, para los británicos habría sido más difícil"


Definiciones del investigador británico


 Lawrence Freedman, el autor del libro con la versión oficial británica sobre la guerra de Malvinas, dio una entrevista a la revista chilena Qué Pasa, publicada ayer, donde se refirió al papel que cumplió el país gobernado por el dictador Augusto Pinochet durante el conflicto. No sólo aportó apoyo para asuntos de inteligencia, como se creía hasta ahora, sino que también respaldó operaciones militares concretas:


 "Los británicos sabían de la tensión existente entre Santiago y Buenos Aires y pensaron de inmediato en obtener cooperación en Chile. Posiblemente Chile también lo consideró muy pronto", sostuvo Freedman. 

 "Un agente especial británico —relató— fue enviado a Santiago para llevar a cabo las negociaciones con Chile. Llegó el 14 de abril, doce días después del inicio de la guerra. Ese agente fue clave de todos los contactos durante los siguientes dos meses... fue el oficial Sidney Edwards, comandante de la Fuerza Aérea Británica."

 "La información entregada por los radares chilenos fue importante."

 "El avión de reconocimiento Nimrod comenzó a operar desde la isla de San Félix (en el Pacífico chileno) en mayo. El avión podía realizar varios viajes, reabasteciéndose en una base aérea en Concepción, y luego volar por el espacio chileno hacia el Atlántico Sur. La nave podía obtener información útil fuera del alcance de los radares argentinos. El uso de la pista de la isla San Félix fue un pedido expreso de Londres a Chile."

 "Se sugería que la posición del crucero General Belgrano (hundido el 2 de mayo del 82) pudo haber sido entregada a Gran Bretaña por Chile. Yo puedo creer que sí, pero no hallé nueva información que lo ratificara. No tengo evidencias", dijo.

 "La opción de instalar una base británica en Tierra del Fuego (que habían analizado los ingleses) no fue conversada con Chile. Era una muy mala idea. Surgió muy al principio y no pasó mucho tiempo antes de que los mandos militares se dieran cuenta de que era poco realista. Y volvía a Chile muy vulnerable a ser atacado por la Fuerza Aérea argentina."

 El 20 de mayo de 1982 cayó un helicóptero británico Sea King cerca de Punta Arenas, en Chile. Los carabineros chilenos dieron con sus tripulantes, que luego fueron enviados a Londres. Freedman reveló que junto a esos tripulantes abandonaron Chile ocho agentes de las Fuerzas Especiales Británicas "que debían destruir una base argentina en Tierra del Fuego".

 La tarea de esos agentes era "hacer una operación de reconocimiento para ver si podía atacar los aviones Super Ettendart argentinos sorpresivamente. Pero la operación salió mal a causa del mal tiempo, y aterrizaron en un lugar equivocado". ¿Las autoridades chilenas sabían que esta operación se produciría? "Algunos tenían que estar informados", fue la lacónica respuesta de Freedman.

 "El gobierno británico quedó muy agradecido de la ayuda dada por Chile. Yo lo pongo de esta manera: si no hubiera habido cooperación chilena el resultado habría sido el mismo, pero habría sido más difícil. En ese sentido —concluye Freedman—, la ayuda chilena no cambió el destino de la guerra, pero claramente ayudó."

✒ Redacción Clarín | Domingo, 3 de julio de 2005.

Malvinas: el día en que Gran Bretaña pensó invadir Tierra del Fuego



 Contemplaba un ataque desde el territorio chileno. La colaboración de Pinochet con Gran Bretaña duró toda la guerra. Lo revela una investigación oficial encargada por el gobierno británico y publicada esta semana.


 El libro del historiador inglés Lawrence Freedman sobre la guerra de Malvinas, basado en documentos secretos de Londres y que acaba de publicarse en Gran Bretaña, contiene información detallada sobre la sostenida colaboración del régimen de Augusto Pinochet con las fuerzas británicas, que llegó al punto de hacer pensar a los militares británicos en la posibilidad de invadir el territorio argentino de Tierra del Fuego desde el lado chileno de la isla.

 El plan, que fue desechado por cuestiones operativas, echa luz sobre otro hecho polémico del que sí se tuvo noticia: la misteriosa caída de un helicóptero inglés a 18 kilómetros de la ciudad chilena de Punta Arenas, el 20 de mayo de 1982. En aquel momento, sus tres tripulantes —Alan Benett, Richard Outching y Blain Imrie— fueron "devueltos" a Londres. Pero Freedman revela ahora que en el helicóptero había otros ocho tripulantes, que fueron sacados de Chile en silencio (ver página 37). Según el historiador, eran oficiales de las Fuerzas Especiales Británicas que debían destruir una base argentina en Tierra del Fuego. A continuación, un extracto del capítulo dedicado al apoyo chileno.

La colaboración de Chile con Londres

 Una de las cuestiones más controvertidas en lo referido a la campaña por Malvinas fue en qué medida Gran Bretaña gozó del beneficio de una cooperación estrecha con Chile. Esta cuestión fue particularmente dominante en 1999, cuando el general Augusto Pinochet fue arrestado en Londres a causa de un pedido de extradición de España para enfrentar un juicio por crímenes contra la humanidad. La baronesa Thatcher se mostró enérgica en su defensa, entre otras cosas en razón de su apoyo a Gran Bretaña en 1982. El propio Pinochet habló de cómo "cuando las fuerzas argentinas ocuparon las Malvinas en 1982, di instrucciones a mi gobierno para que ofreciera, dentro del contexto de nuestra neutralidad, cualquier asistencia que pudiéramos a nuestro amigo y aliado. Lo consideré una cuestión de honor nacional de Chile".

 La lógica de la cooperación era clara. Ambos países mantenían disputas territoriales con Argentina y en ambos casos Argentina se comportaba de una manera inaceptable, ignorando los intentos de arbitraje en el caso del Canal de Beagle del mismo modo que había recurrido a las Fuerzas Armadas en el caso de las Malvinas. El principal obstáculo a la cooperación abierta era la renuencia chilena a contradecir la solidaridad hemisférica y la preocupación británica respecto de la tensión entre su reivindicación de que estaba actuando en nombre de la democracia y los funestos antecedentes de Chile en el área de derechos humanos. Chile también debía reflexionar sobre la fuerza militar superior de Argentina al evaluar los riesgos de apoyar una intensificación de fuerzas militares británicas. Por eso era inevitable que cualquier cooperación fuera secreta.

 La posibilidad de cooperar con Chile se planteó desde el inicio de la crisis. (...) Cuando el 2 de abril de 1982 se realizaron las primeras evaluaciones de probables respuestas sudamericanas a la invasión argentina, enseguida se señaló la importancia de Chile. Empezaron a plantearse dudas en cuanto a si Gran Bretaña podía solicitar instalaciones y cómo reaccionar si Chile las ofrecía. Un primer indicio de la actitud chilena positiva fue un ofrecimiento de postergar la entrega del buque HMS Norfolk a la Marina chilena, que debía realizarse el 6 de abril. Esto no fue considerado muy útil debido a la pequeña magnitud de la tripulación de la Marina Real, sus malas comunicaciones y falta de armas. Por otro lado, el buque auxiliar de la Armada Real Tidepool, un buque tanque que también debía ser entregado el 7 de abril, estaba totalmente tripulado y si se podía comprar una carga plena de combustible, resolvería problemas de reabastecimiento para la Fuerza de Tareas. Los chilenos lo aceptaron. Zarpó el 14 de abril hacia la cita con la Fuerza de Tareas y tuvo un papel clave en la toma de Georgia del Sur.

 Existía una posibilidad seductora de acción militar directa que dependía de la cooperación con Chile. Tierra del Fuego, una isla en el extremo sur de Argentina, estaba dividida en las provincias del oeste chilena y la del este argentina. La provincia argentina estaba escasamente poblada pero incluía un yacimiento de petróleo que producía 24.000 barriles por día y dos campos de aterrizaje, en Río Grande y Ushuaia. Si podía ser capturada, sería una bofetada al orgullo nacional argentino; ofrecería un elemento de regateo en cualquier negociación permitiendo a la vez aprovechar instalaciones militares útiles que de lo contrario podían ser usadas en contra de las fuerzas británicas. A los comandantes, la isla les pareció a primera vista un objetivo militar más fácil para la Fuerza de Tareas que las Malvinas. Estaría peor defendida y se adaptaba más a un ataque por tierra desde Chile que a un ataque británico por mar. Habría un riesgo menor de víctimas civiles y un mayor elemento de sorpresa. No obstante, un aterrizaje exitoso exigiría primero operaciones intensivas contra la Marina argentina y los aviones de combate con base en tierra. Y por lo tanto, aunque pudiera establecerse una fuerza británica en la isla, ésta sería vulnerable al ataque de aviones argentinos que operaran desde campos de aterrizaje en territorio continental. Esto justificaba, pues, operaciones secretas de fuerzas especiales para inhibir los ataques aéreos argentinos. Por lo tanto, aunque los riesgos a corto plazo parecían manejables, los problemas a más largo plazo eran mayores. También la política era problemática. La colusión entre los dos países, indispensable para que la operación funcionara, causaría una tormenta.

 Todas las instalaciones portuarias y de campos de aterrizaje podían acelerar el avance de las fuerzas británicas, aliviar los problemas de apoyo y reabastecimiento de combustible y mitigar la ventaja geográfica argentina. En contra estaba el riesgo de llegar a depender demasiado de su ayuda, con el temor de que fuera retirada si las presiones regionales sobre Chile se volvían irresistibles. Las propuestas de cooperación se concentraron en la obtención de inteligencia. En particular, a los comandantes les interesaba analizar la posibilidad de apostar el avión Nimrod de la Patrulla Marítima en el sur de Chile. La información sobre blancos desde el Nimrod aumentaría considerablemente la eficacia de los submarinos, que llegarían pronto al Atlántico Sur. Internacionalmente se lo podía describir como avión de reconocimiento, pero no tenía capacidad ofensiva contra aviones de combate transportados por barco o en tierra. Su radar Seachwater le permitiría permanecer fuera de la zona de batalla.

 Una cuestión delicada era establecer cuál era la mejor manera de enfocar la cooperación. El embajador británico en Santiago entendía que debía hablar directamente con los militares chilenos. Se suponía que sería necesario un quid pro quo. Las ideas se volcaron primero a la venta de aviones Hunter, en los cuales los chilenos tenían interés. A la vez, los chilenos tenían un interés estratégico en un éxito británico rápido contra Argentina, ya que les preocupaba que de lo contrario los atacaran "en tres semanas" y ya estaban disponiendo aprestos militares para responder a esa contingencia. (...)

 Si bien el Comité Conjunto de Inteligencia opinaba que Chile estaría de acuerdo en que un avión Nimrod de reconocimiento aéreo no armado operara desde los campos de aterrizaje chilenos, el embajador era más cauto. Por ejemplo, era poco probable que se pusiera a disposición un campo de aterrizaje del sur. Uno que había sido mencionado —en la isla de San Félix— estaba a 3.000 kilómetros de la zona de operaciones, a menos que el Nimrod sobrevolara Argentina. Solo sería útil como base de operaciones si las pistas de aterrizaje más al sur pudieran ofrecer reabastecimiento de combustible.

 Los ministros no sabían bien hasta qué punto llevar los vínculos con Chile. (...) También había cautela del lado chileno, lo cual reflejaba una conciencia cada vez mayor de que lo más conveniente para los intereses continentales chilenos más generales era "no alargar demasiado el cuello". Los medios en general se mostraban favorables a Gran Bretaña, aunque la opinión pública estaba dividida entre la satisfacción de que la arrogante y agresiva Argentina por fin recibiera su merecido y la angustia por un derramamiento de sangre latinoamericana. En Santiago todavía había miedo de que si Argentina podía salir adelante con su agresión con un bajo costo, después se volvería en contra de Chile. (...)

 Al mismo tiempo, los chilenos estaban angustiados ante la perspectiva de que las hostilidades entre Gran Bretaña y Argentina se desbordaran sobre su larga y expuesta frontera. Si había evidencias de confabulación en la obtención de inteligencia británica, Argentina podría de pronto volverse contra Chile. Había más tropas argentinas concentradas en Río Gallegos y Comodoro Rivadavia de las que podían necesitarse para las Islas Malvinas. Para no llevar la situación más allá de lo prudente, el embajador John Heath optó por solicitudes cuidadosamente redactadas, evitando pedir algo que permitiera demostrar que aviones ingleses o chilenos volaban sobre el espacio aéreo argentino desde Chile. (...)

 Los comandantes fueron cautelosos por otra razón. ¿Serían respetados los ofrecimientos de asistencia? Heath confiaba en que sí. Muy pocos conocían los considerables y secretos esfuerzos que se habían hecho para que la Cancillería no se enterara, pero Pinochet aparentemente apoyaba la cooperación. Había un deseo de apoyar la resolución británica, pero en privado. En público la posición sería neutral. Si circulaban rumores de cooperación chilena con Gran Bretaña, se negarían de inmediato. (...)

 A cambio de la ayuda, Chile quería transferencias de armas. (...) Después de la invasión, se realizó una propuesta por la cual uno o más aviones Canberra serían vendidos y volarían a Chile con tripulaciones británicas que entrenarían a las chilenas realizando reconocimiento fotográfico desde una base aérea en el sur de Chile. (...) Esto prosperó hasta el punto de seleccionar los aviones y las tripulaciones y dejarlos en reserva, pero Chile rechazó este proyecto ya que estaba seguro de que los aviones serían identificados y era posible que fueran derribados.

 Se consideró entonces la posibilidad de proveer aviones Canberra a un precio más atractivo. El 16 de abril, se acordó que se enviarían en préstamo o para compra algunos aviones Canberra y Hércules de apoyo, todos con marcaciones chilenas. Los Hércules se podían describir como comprados por Chile para su propia fuerza de transporte aunque Gran Bretaña podía recuperarlos después de la guerra. No era posible enviar los Nimrod ya que resultaría increíble que Chile estuviera comprándolos. Se permitiría no obstante que los Nimrod volaran sobre el espacio aéreo chileno y para aterrizar en una emergencia. También se tomaría un radar. Por último, se pondrían a disposición detalles de movimientos de superficie de la flota para su transmisión.

 El 18 de abril, Lewin informó a Nott sobre el avance. Su prioridad era la inteligencia sobre las fuerzas argentinas. (...) El uso de un campo de aterrizaje chileno adecuado daría a Gran Bretaña una capacidad nueva e indispensable. Debido a la urgencia de este requerimiento, había muy poco tiempo que perder. (...)

 Tripulaciones de la RAF (Real Fuerza Aérea) operarían dos Canberra en el Atlántico Sur durante un período de traspaso. Se desplegaría un avión de apoyo Hércules tripulado hasta un campo de aterrizaje chileno. Los chilenos querían anunciar su contrato de compra de aviones Canberra, pero Londres prefirió mantener toda la colaboración secreta, para garantizar que cualquier reconocimiento inicial de Malvinas se mantuviera en secreto. Inicialmente la operación avanzó según lo planeado, y para el 26 de abril habían llegado a Santiago disimulados dos aviones Hércules. Ahora se esperaba que los Canberra llegaran a Chile después del 30 de abril. (...)

 Los chilenos también estaban poniéndose ansiosos en cuanto al posible impacto que recibirían si Argentina decidía que el juego por Malvinas había terminado y se volcaban a Chile para "recuperar el honor nacional". (...) Se observó, luego de la captura de Georgia del Sur, que la satisfacción por la frustración de Argentina tenía como contrapeso la aprensión de que Chile se viera arrastrado al conflicto. Pinochet dijo a la prensa que estaba "preocupado" por los hechos en el Atlántico Sur, y el canciller comentó ambiguamente "lamentamos sinceramente que los llamados de paz hayan sido desoídos".

 La votación en la OEA era inminente. El canciller chileno había propuesto una postura cautelosa, que habría sido denegada por Pinochet. Chile se abstendría el 27 de abril, aunque esto sería visto como un acto "inamistoso". Esto reflejó una mayor convicción de que Galtieri y su gobierno no sobrevivirían al conflicto y que la crisis interna sería un preludio de un ataque contra Chile.

 El 28 de abril, justo después de la votación de la OEA, Reuters informó lo que fue calificado como una declaración oficial del vocero del Ministerio de Defensa en Londres, en el sentido de que Chile había dado su permiso para desviar el Tidepont con el fin de que fuera a unirse a la Fuerza de Tareas británica en Malvinas. Posteriormente, pudo saberse que el tema había aparecido en una conferencia de prensa en la cual se había declarado, en respuesta a algunas preguntas, que no se sabía "si cambió de manos dinero" pero se sabía "que la venta seguía adelante pero la entrega había sido pospuesta con el acuerdo de los chilenos". (...) Chile quiso una desmentida inmediata (...). El punto de vista del Foreign Office era que sería poco prudente arriesgar una desmentida formal ya que podría simplemente generar más interés. Para entonces, el Gobierno chileno ya había publicado su propia desmentida. Chile consideraba que la pregunta había sido planteada a través de un periodista francés como una manera de ejercer presión sobre Chile después de su abstención en la OEA, ya que aparentemente Argentina conocía la situación del barco desde hacía cierto tiempo.

 Los chilenos entonces advirtieron que en cuanto las operaciones de los Canberra fueran detectadas por Argentina o por la prensa, los hombres de la RAF (18 oficiales y 24 suboficiales) que habían llegado antes que el avión tendrían que abandonar Chile de inmediato. El 27 de abril, el (diario inglés) Daily Star informó que: "La semana pasada, aviones caza Phantom volaron en secreto al sur de Chile, vía isla de la Ascensión, desde una base de la RAF en Suffolk. (...) Gran Bretaña ha pagado bajo cuerda a los chilenos por permitir que nuestros aviones utilicen su base vital de Punta Arenas. El precio: ocho aviones Hunter Hawker. Los aviones sin marcación abandonaron Brize Norton de la RAF el domingo a bordo de un Boeing 747 civil estadounidense".

 (...)Los detalles de la historia eran tan falsos que Heath se preguntó si no sería desinformación argentina deliberada. (...) Chile también negó como "totalmente sin fundamento" informes según los cuales aviones Phantom de la RAF serían autorizados a aterrizar y recargar combustible en Punta Arenas. El 29 de abril fue emitida una declaración británica. Heath advertía que Argentina estaba tratando de desacreditar la neutralidad de Chile en el tema Malvinas con preguntas hechas por medio de periodistas amistosos, y propuso los repudios más cuidadosamente redactados.

 En la tarde del 29 de abril, los Canberra todavía no habían recibido el visto bueno de Chile. Había aparecido otro informe de prensa, esta vez de Reuters, diciendo que Gran Bretaña tenía permiso para utilizar las instalaciones de aviación en el sur de Chile. Esta mayor postergación hizo que el entusiasmo del Ministerio de Defensa por la operación comenzara a disminuir, y se hicieron planes para retirar un Hércules. Cuando finalmente se recibió el visto bueno para que llegaran los Canberra el 3 de mayo, el curso de acción prudente parecía ser una primera misión de los Hércules mientras los Canberra se entregaban con más lentitud a Chile. A los chilenos les habría gustado quedarse con los Hércules y estaban ansiosos por los dos Canberra.

 De modo que a comienzos de mayo se estaban entregando los primeros seis Hunter y se estaban seleccionando otros dos, pero no se había tomado ninguna decisión respecto de otros (y al parecer había pedidos 20 más). Dos Canberra y repuestos estaban en oferta para Chile. (...) Chile había expresado interés en un radar que se instalaría cerca de la frontera argentina. La oferta era a un precio rebajado con apoyo en su operación y mantenimiento. A mediados de mayo, se había enviado el borrador de una carta de intención relativa a la venta de los dos Canberra, junto con una cantidad de repuestos y equipo de apoyo terrestre, y habían concluido las negociaciones en relación con los otros dos Hunter adicionales. (...)

 En una entrevista realizada en 1999 pero publicada en 2002, el general Fernando Matthei, comandante en Jefe de la Fuerza Aérea chilena en 1982, describió cómo acordó con un "agente secreto" la entrega de inteligencia a Gran Bretaña a cambio de pertrechos militares, sobre todo aviones de combate Hawker Hunter, un potente radar y aviones Canberra. Matthei recordó que después de la guerra "conservamos los aviones, el radar, los misiles. Ellos recibieron información puntual y todos estábamos contentos". También afirmó que Pinochet no había sido plenamente informado del acuerdo, "de tal manera que si la operación era descubierta, pudiera afirmar que no sabía nada". Describió la creación de un centro de mando subterráneo bien protegido en Punta Arenas, desde donde se enviaba la información sobre los movimientos aéreos de Argentina desde todas las fuentes a Northwood usando un sistema de comunicaciones por satélite. La hija de Matthei, de hecho, ya había informado parte de esto en una carta a The Sunday Times cuando la controversia por Pinochet estaba en su punto culminante, señalando correctamente que el principal contacto de su padre había sido un comandante de brigada de la RAF (y no un agente secreto), y poniendo de relieve la importancia del control chileno de la actividad aérea argentina, con información transmitida mediante una conexión satelital a la Fuerza de Tareas. Por ese medio, se advertía a la flota del Atlántico Sur cualquier ataque inminente.

 Entones comenzaron a producirse avances en todas las áreas. Se acordó que se aceptaría un avión de reconocimiento Nimrod en el campo de aterrizaje de San Félix, una isla remota frente a la costa de Chile. Desde San Félix, el avión podría hacer varias misiones muy valiosas, recargando combustible de noche en la base aérea chilena de Concepción en la costa continental, y luego volar en el espacio aéreo chileno en dirección al Atlántico Sur. El avión podría recoger información útil fuera del alcance del radar argentino y transmitirla a la Fuerza de Tareas. El Nimrod sería apoyado por un VC10. La primera misión tuvo lugar temprano en la mañana del domingo 9 de mayo, una segunda el 15 de mayo y una tercera dos días más tarde. Se obtuvo información limitada pero significativa. El 18 de mayo existía preocupación de que fuera demasiado arriesgado continuar con los vuelos, ya que probablemente esto llevaría a arruinar toda la operación y a afectar operaciones futuras. Woodward quiso que el avión volara las noches del 19-21 de mayo solo por si el Grupo de Transporte argentino estaba en el mar durante esos días cruciales, pero el deseo chileno de ver concluida esa misión era firme. (...)

 Mientras tanto, la conexión chilena estaba empezando a generar atención en Gran Bretaña. El 24 de mayo, la primera ministra y otros ministros superiores recibieron cartas idénticas de miembros del Parlamento conectados con la Comisión de Derechos Humanos en Chile. (...) Gran Bretaña no quería avalar la política de derechos humanos chilena y a la vez quería asegurarse de no verse implicado en una acción chilena directa contra Argentina.

 Durante el curso de la guerra, la presencia de una sólida fuerza chilena en la frontera había ayudado a Gran Bretaña aunque más no fuera por el hecho de que tenía amarradas a dos de las brigadas de Infantería de Marina superiores de Argentina: Chile no había dejado de golpe de ser percibido como una amenaza por Argentina. A medida que la guerra se acercaba a su conclusión, surgió preocupación de que Chile pudiera querer aprovechar las dificultades de Argentina. Pareció organizarse con cierta prisa una operación importante con 10.000 hombres que se iniciaría a comienzos de junio. Heath sugirió dar instrucciones de convocar en privado a algunas altas figuras chilenas para aclarar que Gran Bretaña no tenía intención de ser parte de ningún "incidente fronterizo" entre Chile y Argentina. Si bien el Foreign and Commonwealth Office seguía pensando que era poco probable una acción chilena precipitada, Heath recibió autorización de establecer contacto para averiguar qué estaba pasando, siempre y cuando no expresara ninguna opinión sobre la cuestión. Heath informó acerca de la visión chilena de que los refuerzos en el Sur se habían considerado necesarios debido a la incertidumbre acerca de las intenciones argentinas, especialmente si mantenían lejos a Gran Bretaña, pero que teniendo en cuenta que ahora esto era poco probable y que Gran Bretaña regresaría a Malvinas, se sentían más tranquilos y estaban retirando algunas unidades. 

Traducción: Cristina Sardoy

Cristina Sardoy Clarín | Domingo 3 de julio de 2005.

27.1.05

Chile: País de mercenarios

José Miguel Pizarro Ovalle
 Los abusos en la cárcel de Abu Ghraib, en Irak, y las torturas cometidas por soldados ingleses nos muestran que a veces ni siquiera quienes se rigen por el derecho humanitario respetan sus normas de honor militar. Qué quedará para los que lo hacen sólo por un sueldo

 Hace una semana se anunció por la prensa que el hijo de Mark Thatcher confesó en el tribunal de Ciudad del Cabo que financió un grupo de mercenarios para apoyar el financiamiento de un intento de golpe contra el Presidente de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang. A cambio de permitir el ascenso del adversario del gobernante, Severo Moto, Thatcher recibiría garantías de acceso a las reservas de petróleo del país. 

 Es oportuno mencionar que Obiang es uno de los peores dictadores africanos de la actualidad, y se encuentra en la lista negra de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU y de la ONG Amnistía Internacional, acusado de gobernar y enriquecerse con el petroleo a base de secuestros, torturas, encarcelamientos arbitrarios, juicios manipulados y asesinatos de personas activas en los partidos de la oposición, y, prácticamente, de cualquier sospechoso de disidencia. Obiang también vive protegido por una guardia pretoriana de soldados marroquíes y por sus guardaespaldas paramilitares, los ninjas, tan mercenarios como los financiados por Mark Thatcher. 

 Para asombro del lector, Chile no es ajeno a este fenómeno. José Miguel Pizarro Ovalle, ciudadano chilenonorteamericano, ex capitán de ejército que fue dado de baja por problemas mentales, que adquirió la nacionalidad norteamericana y que, según antecedentes fundados, cumpliria funciones como agente de la CIA, montó una empresa virtual, sin personalidad jurídica, denominada REDTACTICA, la que cuenta con página web (www.redtactica.cl). Esta singular empresa se dedicó al rubro de seleccionar, entrenar, y enviar a Irak, entre otros destinos, ex militares chilenos para realizar labores militares y de vigilancia en recintos militares y privados. Su campo de entrenamiento se encontraba en la V Región. Hace 6 meses, junto al Diputado Antonio Leal denunciamos ante los tribunales sus actividades. 

 Entre los antecedentes acompañados, destacaba la labor de 17 años del Relator especial de las Naciones Unidas sobre las actividades de los mercenarios, Enrique Bernales Ballesteros, quien concluye que la actividad de los mercenarios afecta los derechos humanos, la libre determinación de los pueblos, y la soberanía sobre los recursos naturales, a través de actividades ligadas al terrorismo, la tortura y el crimen organizado; así como la Convención Internacional contra el reclutamiento, la utilización, la financiación y el entrenamiento de mercenarios de 1989. 

 Los mercenarios son cuerpos no jerarquizados, que venden sus servicios al mejor postor, no sometidos al Código de Justicia Militar ni al Derecho Humanitario, sin cultura de honor militar, requeridos para los trabajos más sucios en el mundo de la guerra, violadores de derechos humanos básicos, y de los derechos a la libre determinación de los pueblos, serviles a intereses comerciales, coloniales, imperialistas, y hostiles. Los mercenarios de Chile, en su mayoría militares en retiro, alegan que van al exterior para ejercer labores de "seguridad". Habrá que ver cuán respetuosos son de los derechos humanos si los tienta una oferta irrechazable. 

 Es de esperar que estos hechos nos hagan percatar de que la globalización económica, y uno de sus productos más terribles, como es la guerra por los recursos naturales, no puede convertirnos en surtidores de muerte, exportadores de posibles violadores de derechos humanos, replicando en el extranjero lo que nunca debió ocurrir en Chile. Los abusos en la cárcel de Abu Ghraib, en Irak, y las torturas cometidas por soldados ingleses nos muestran que a veces ni siquiera quienes se rigen por el derecho humanitario respetan sus normas de honor militar. Qué quedará para los que lo hacen sólo por un sueldo. 

✒ Alejandro Navarro Brain* | El Mostrador (Chile)  | Jueves 27 de enero de 2005.

Diputado del Partido Socialista por la Octava Región.

3.2.04

El linaje del heroico saladeño sargento Juan Bautista Cabral


 Leopoldo Jantus, director del Archivo de la Provincia, redactó un informe sobre los aspectos del linaje de Juan Bautista Cabral. Se recuerda así al heroico y bravo saladeño, al cumplirse hoy 191 años del combate de San Lorenzo donde perdió la vida por salvar al Padre de la Patria, general José Francisco de San Martín.

 Juan Bautista Cabral: “Es bien sabido que nació en Saladas en las postrimerías del siglo XVIII. Siendo un joven entusiasta con excelente predisposición, decide poner su persona al servicio de la Patria, migrando junto a otros voluntarios enviados por el gobierno de la capital correntina, para formar parte del Regimiento de Granaderos a Caballo, al mando de su creador don José Francisco de San Martín, donde en San Lorenzo (Santa Fe), combatió el 3 de febrero de 1813 y allí con su muerte salvando a su jefe, abrir la senda de la perpetuidad de su nombre.
 El ejemplo de Cabral, es el ímpetu que constituye la identidad de los correntinos, bravura, arrojo y decisión a la hora de defender lo suyo, y así salvó la vida de su general a costa de la suya con su postrer despedida: ‘Viva la patria, muero contento por haber batido a los enemigos’. En cuanto a su genealogía, es un tema de investigación permanente, teniendo en cuenta la existencia, por aquella época, de la radicación en Saladas de religiosos predicadores del orden de Santo Domingo (lugar que conserva su nombre) de cuyos antecedentes se conservan pocos documentos. Por otra parte, existen en el archivo parroquial de San José de las Lagunas Saladas, actas de bautismo, pero curiosamente no se halla la de Juan Bautista Cabral.
 El único manuscrito original que revela la existencia del héroe de San Lorenzo, se encuentra en Archivo General de Corrientes, donde haciendo uso de la diplomática archivística se la puede calificar de auténtica. El firmante don Luis Cabral, hijo legítimo de don Eugenio Cabral y doña María Teresa de Soto, nieto paterno de don Joseph Ignacio Cabral, quien testó en Corrientes el 10-10-1748 y doña María Robledo de quien la madre de Juan Bautista Cabral toma el apellido, se dirige en los siguientes términos a su esposa doña Tomasa de Casajus:
 ‘Después de mi muerte’/ ‘Señora Tomasa de Casajus’/ ‘Amada esposa mía’/ ‘Por la dignidad de la familia Cabral y por el respeto de la tuya guardarás el secreto que te voy a decir’/ ‘Juan Bautista es hijo de mi hermano José, …, y nuestra negra llamada Carmen Robledo, por eso no quiero que lo bauticen hasta después de mi muerte y dale 25 vacas, … caballos y 5 onzas de oro’/ ‘Tu afectísimo esposo’ Luis Cabral.
 Tanto la familia Casajús como Cabral, pertenecen a distinguidos linajes, que permitieron a lo largo de la historia entronar a numerosísimas familias. Los Cabral, tuvieron numerosos esclavos y como sello de propiedad les daba el apellido, se cita entre otros esclavas de don Luis Cabral: Nicolaza Cabral (su hijo Joseph Eugenio Cabral nació el 17-8-1812, bautizó el 2-12-1812); Angela Cabral (su hija Josepha Cabral nació el 10-7-1815 bautizado el 16-7-1815); Juana María Cabral (su hija María Juliana Cabral no consta su fecha de nacimiento, se bautizó el 2-3-1812). El cura Joseph Cabral, hermano de don Luis, tuvo como esclavo a: Joseph Cabral, casado con Mercedes Mendosa (Parda libre) (sus hijos Juan Pablo Cabral, nació 4-6-1826, bautizado el 20-8-1826; y Pabla Cabral nacida el 24-1-1824, bautizada el 10-6-1824).
 Según un relato escrito que me dejara don José Tomás Obregón Sosa, hombre de mucha sabiduría e increíble memoria, hace mención que Juan Bautista Cabral tuvo, entre otros hermanos, a Aparicio Cabral y Fortunato Cabral, todos hijos de Carmen Robledo.
 Fortunato Cabral estaba casado con Juana Lafuente, su hijo Juan Manuel Cabral tuvo una hija llamada Pilar Maciel habida en Máxima Maciel, ésta hija de Honorio Aguado y nieta de Eulacia Barrios.
 Estos lineamientos bien sustentados nos permiten avizorar un mejor futuro acerca del prócer saladeño. Lo importante, es saber que el espíritu por hallar la verdad está firme, y saber que los descendientes de doña Pilar Maciel están vivos, como viva la tradición en ellos de saber que son de la sangre de Juan Bautista”. Por el doctor Leopoldo B. Jantus (El autor cita las fuentes que no se transcriben por cuestiones de espacio)
✒ Leopoldo Jantus | Diario Época | Martes 3 de febrero de 2004.
http://diarioepoca.com/48008/El-linaje-del-heroico-saladeandntildeo-sargento-Juan-Bautista-Cabral/

28.8.02

"The New York Times" plantea en su tapa la idea de una Patagonia independiente


 El influyente diario estadounidense publicó ayer un artículo de su corresponsal en Buenos Aires, Larry Rohter, titulado: "Algunos en Argentina ven la secesión como una respuesta a la crisis económica". Considera el periodista que, con la profundización de la crisis económica argentina, aumentó el resentimiento de los habitantes patagónicos hacia Buenos Aires. Advierte entonces que "la autonomía política, integración regional y hasta la secesión son abiertamente discutidas como posibles soluciones" y que la Patagonia se convertiría en "un país escasamente poblado pero próspero".


NEUQUEN, Argentina - Durante años esta ciudad pequeña de 250.000 habitantes se enorgullecía de ser "la puerta a la Patagonia". Pero en estos días es también el centro de un movimiento creciente para separar esta región, rica en minerales y petróleo, del desastre económico que es el resto de la Argentina.

 Por esa crisis profunda, los servicios públicos han sido recortados abruptamente para los patagónicos, a pesar de que la propia generosidad de su región continúa generando ingresos para el gobierno central. Como resultado, un resentimiento antiguo hacia Buenos Aires se intensificó, y la autonomía política, la integración regional e incluso la secesión están siendo discutidas abiertamente como soluciones.

 "Lo que está ganando espacio es una búsqueda de soluciones", dijo Gerardo Mario de Jong, director del programa de estudios regionales en la Universidad del Comahue. "La gente se está cuestionando el concepto de un único centro de poder nacional al que muchos de nosotros culpamos por nuestros problemas".

 Una Patagonia independiente estaría escasamente poblada pero sería una nación próspera. A pesar de que menos del 5% de los 37 millones de argentinos viven en la Patagonia, la región cuenta con casi la mitad del territorio nacional, muchas de sus reservas de agua potable, y poder hidroeléctrico y el 80% del petróleo y gas natural.

 Tradicionalmente, el resentimiento hacia el gobierno federal es especialmente fuerte en la Patagonia, que se ve a sí misma como una hijastra descuidada por el resto del país. La región era administrada como un territorio federal, sus residentes incapaces de elegir sus propios gobernadores y legisladores, hasta los años "50.

 Mucho del deseo de un cambio en las relaciones con el resto de la Argentina ha sido provocado por la reciente propuesta de fusionar las dos provincias ubicadas más al norte de la Patagonia, Neuquén y Río Negro. Como una señal de lo severo que es el colapso económico del país, la localidad de Carmen de Patagones, el condado más sureño de la quebrada provincia de Buenos Aires, está buscando terminar esa afiliación para unirse a la nueva provincia.

 Nominalmente la unión de ambas provincias, que sería sujeta a un plebiscito, es simplemente una medida económica para reducir la burocracia y el gasto. Pero como la revista Parlamentaria advirtió recientemente, "Hay también sectores que advierten sobre la posibilidad de que ciertas provincias se estén agrupando como un primer paso hacia una eventual independencia de Argentina".

 Eduardo Amadeo, el vocero del Presidente Eduardo Duhalde, descartó esa especulación calificándola de "completa idiotez". Dijo que la movida para fusionar las provincias fue "un proyecto estratégico e inteligente que es un ejemplo para todo el país en términos de hacer mejor uso de los recursos". Describió la idea de que la crisis económica argentina está perjudicando injustamente a la Patagonia como "no basada en datos objetivos".

 "Si ustedes ven la recaudación impositiva, los niveles de desempleo y el salario promedio, verán que la Patagonia no es la región que más sufrió", dijo. "De hecho, está en la mejor posición relativa".

 Como en el resto de la Argentina, la mayoría de los residentes de la Patagonia son de ascendencia española o italiana. Pero la Patagonia tiene un mayor porcentaje de europeos de otros orígenes, yugoslavos, galeses, alemanes y franceses. Jorge Sobisch, el gobernador, tiene ascendencia croata.

 No es claro si esto es un factor importante, pero los habitantes de la Patagonia se consideran a sí mismos diferentes de los demás argentinos por la topografía de la región, su lejanía y por el hecho de que la mayor parte de la inmigración comenzó a principios del siglo pasado.

 En una encuesta de mayo, el 53% de la gente que respondió dijo que quería una Patagonia independiente. El sentimiento por la separación fue más fuerte entre la gente joven, el grupo con el mayor nivel de desempleo, de los cuales 78% dijeron que apoyarían una secesión.

 "Si comparamos el área norte del Río Colorado con el área hacia el sur, veremos que ya tenemos dos países separados", dijo Elfo Kruteler, un profesor de Francés y artista del lugar, en referencia a los límites naturales de la Patagonia. "Se llevan todo de aquí, nuestro petróleo y gas, madera y minerales, y no nos dan nada a cambio excepto problemas".

 El gobernador Sobisch se negó a hablar de una secesión pero dijo que una nueva relación entre la Patagonia y Buenos Aires es esencial. "¿Por qué deberíamos ser prisioneros de un sistema que es ineficiente y concentra todo el poder en la capital?" se preguntó en una entrevista.

 A pesar de los reclamos de Sobisch y de otros dirigentes locales, las autoridades en Buenos Aires están claramente preocupadas sobre un posible desmembramiento del país y la pérdida del ingreso que esto podría causar. Según un civil que enseña en una institución militar, uno de los problemas que las fuerzas armadas argentinas han comenzado a examinar es cómo reaccionar en el caso de que la Patagonia o cualquier otra región intente separarse.

 Esas preocupaciones pueden ser alentadas por la debilidad obvia y cada vez más creciente del presidente Duhalde, quien anunció en julio que planeaba dejar su cargo en marzo, con nueve meses de anticipación. Desde que asumió en enero, Duhalde ha sido forzado repetidamente a hacer concesiones políticas a los 23 gobernadores, especialmente los 14 de su propio partido Peronista.

 "Imaginemos si George Bush tuviera que negociar con los gobernadores de California, Nueva York, Texas y Florida cada vez que quisiera hacer algo", dijo Carlos Escudé, un comentarista político en Buenos Aires. "Esta es una situación que es totalmente irregular y nunca fue prevista por nuestra Constitución".

 Amadeo, el vocero presidencial, admitió que Duhalde lidera "un gobierno de transición que no fue elegido por el voto popular sino por una asamblea especial, y como tal tiene que negociar con los gobernadores y el Congreso". Pero también dijo que la Argentina es "un país con una fuerte y profundamente arraigada tradición de federalismo" y una Constitución que predice y alienta la regionalización.

 La debilidad del gobierno central ha llevado al país hacia instancias de abierto desafío por parte de las provincias. A pesar de la orden de Duhalde de detener la emisión de nuevas monedas, un paso que tomó para satisfacer las demandas del FMI, la provincia patagónica de Chubut anunció en junio que estaba emitiendo bonos que serían usados como una moneda paralela.

 Los habitantes de la Patagonia tienden a verse como víctimas de "una integración incompleta y un subdesarrollo inducido", para citar el título de un libro nuevo.

 "Siempre somos los olvidados aquí abajo", se quejó Alicia Rosa, de 54 años, cuya familia fue una de las pioneras que migró aquí un siglo atrás. "Todo está medido por la cantidad de votos, y como no representamos esa mayoría, todos los gobiernos en el poder en Buenos Aires nos abandonaron e ignoraron".

 Al mismo tiempo, hay una creciente convicción de que el control de las riquezas regionales está pasando a las manos de intereses extranjeros, sin que Buenos Aires haga ningún esfuerzo para defender la soberanía nacional. La compañía de ropa Benetton, la dueña de más de dos millones de acres de estancias con ovejas, es ahora el mayor terrateniente de la región, y otros extranjeros como el multimillonario americano Ted Turner, compró ranchos y complejos de ski.

 Sumado al resentimiento local, dos de las compañías petroleras más grandes en la Patagonia también tienen dueños extranjeros. Una, un monopolio gubernamental que era el empleador más grande de la región hasta que fue privatizada en los "90, está en manos españolas; la otra, privada pero debilitada por la crisis actual, está siendo vendida a la empresa estatal brasileña Petrobrás.

 La Patagonia está incluso inundada de rumores que indican que el gobierno federal está pensando en vender los parques nacionales para obtener desesperadamente los necesitados ingresos. De acuerdo a esas historias, la Argentina también renunciaría a sus reclamos por partes de la Antártida y permitirían a las tropas americanas instalarse en Tierra del Fuego a cambio de la refinanciación de la deuda pública de $141 mil millones, después de que declarara el default en diciembre.

 Las autoridades en Buenos Aires han desmentido repetidamente esas nociones calificándolas de absurdas. Pero los legisladores provinciales en Chubut rechazaron formalmente "la posibilidad de ceder territorio nacional bajo ninguna circunstancia para cancelar deudas públicas". "Cuando una familia está endeudada, vende un lavarropa o un televisor, algo de lo que puede prescindir", dijo Rubén Reveco, editor de una revista de historia patagónica. "Porque se encuentran tan distantes de los centros de poder, los habitantes de la Patagonia sienten que están en una posición similar en relación al resto del país".

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✒ Redacción | Río Negro | Miércoles 28 de agosto de 2002.