28.9.13

Operación Cóndor, el vuelo a Malvinas (1966)

 Alrededor de las seis de la mañana del miércoles 28 de septiembre, 18 jóvenes argentinos, entre los que había una mujer, tomaron el control del vuelo 648 de Aerolíneas Argentinas que la noche antes había despegado del aeroparque Jorge Newberry hacia Río Gallegos. Fue el inicio del Operativo Cóndor.
 Dardo Cabo, alias Lito, un joven alto y delgado de 25 años, periodista y afiliado a la Unión Obrera Metalúrgica, era el jefe del comando. Lo secundaba Alejandro Giovenco, de 21 años, de baja estatura pero fornido, apodado El Chicato a causa del grueso aumento de sus lentes.

  Ambos entraron con pistolas a la cabina y le ordenaron al comandante del Douglas DC-4, Ernesto Fernández García, que cambiara el derrotero. "Ponga rumbo uno-cero-cinco", dijo Cabo. El piloto obedeció y enfiló la nave, con 35 pasajeros a bordo, rumbo a las Malvinas.

  La periodista y dramaturga María Cristina Verrier, de 27 años, era la tercera al mando del grupo. Su padre, César Verrier, había sido juez de la Suprema Corte de Justicia y funcionario del gobierno de Arturo Frondizi (1958-1961). Un tío de la muchacha, Roberto Verrier, fue ministro de Economía durante tres meses de 1957, en tiempos de la "revolución libertadora".
 Los otros integrantes del Comando Cóndor eran Andrés Castillo, de 23 años; Ricardo Ahe, de 20 años de edad, empleado; Norberto Karasiewicz, 20 años, metalúrgico; Aldo Omar Ramírez, 18 años, estudiante; Juan Carlos Bovo, 21 años, metalúrgico; Pedro Tursi, 29 años, empleado; Ramón Sánchez, 20 años, obrero; Juan Carlos Rodríguez, 31 años, empleado; Luis Caprara, 20 años, estudiante; Edelmiro Jesús Ramón Navarro, 27 años, empleado; Fernando José Aguirre, 20 años, empleado; Fernando Lisardo, 20 años, empleado; Pedro Bernardini, 28 años, metalúrgico; Edgardo Salcedo, 24 años, estudiante; y Víctor Chazarreta, 32 años, metalúrgico. La edad promedio del grupo era de 22 años. Todos eran peronistas.

  Hacía tres meses que el general Juan Carlos Onganía estaba en el poder en nombre de una autodenominada "revolución argentina". Noventa días antes, un pelotón de la Guardia de Infantería de la Policía Federal había desalojado de la Casa Rosada al presidente Arturo Umberto Íllia, de la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP), quien había llegado al gobierno con poco más del 20 por ciento de los votos y con el peronismo proscrito.

  Onganía, a quien sus compañeros de promoción apodaban El Caño -recto y duro por fuera, hueco por dentro- había proclamado que "la Revolución Argentina tiene objetivos pero no tiene plazos". Dos periodistas habían aportado su intelecto para desplazar a Íllia e instaurar a Onganía: Jacobo Timerman, desde la revista Confirmado, y Mariano Grondona, en Primera Plana. El primero hoy está considerado casi como "un héroe del cuarto poder"; el segundo, es un lamentable neodemócrata televisivo.

  Esa mañana del 28 de septiembre, el general Onganía ignoraba lo que estaba sucediendo en el archipiélago sur. Una de sus mayores preocupaciones era la preparación del partido de polo que jugaría con Felipe de Edimburgo, el príncipe consorte inglés, quien se hallaba de visita en Buenos Aires.

  Veinte soldados constituían la fuerza militar del Reino Unido. Se cree que muchos de ellos eran mercenarios belgas que combatieron el ex Congo en los primeros años de la década del 60. También había una Fuerza de Defensores Voluntarios. Seis ex comandos ingleses que participaron de la Segunda Guerra Mundial entrenaban una o dos veces por año a los voluntarios. En el arsenal local, cada uno de los milicianos poseía su fusil, la provisión de municiones y el equipo militar; algunos guardaban el arma en la propia casa.

  Sir Cosmo Dugal Patrick Thomas Haskard era el gobernador de la isla, pero ese 28 de septiembre de 1966 no se encontraba en el archipiélago. Lo suplantaba el vicegobernador.

"El condor" en Malvinas
 Puerto Stanley carecía de pista de aterrizaje. Aquel día, el radioaficionado Anthony Hardy fue el primero en divulgar una noticia que conmovió a millones de argentinos: un avión Douglas DC-4 había descendido a las 8:42 en la embarrada pista de carreras cuadreras, de 800 metros. Su emisión se captó en Trelew, Punta Arenas y Río Gallegos. Y de esas ciudades se retransmitió a Buenos Aires. Habían transcurrido 133 años desde la última presencia oficial argentina en las Islas Malvinas.
 Los muchachos descendieron del avión y desplegaron siete banderas argentinas. El Operativo Cóndor tenía previsto tomar la residencia del gobernador británico y ocupar el arsenal de la isla, mientras se divulgaba una proclama radial que debería ser escuchada en Argentina. El objetivo no se pudo cumplir porque el avión, de 35 mil kilos, se enterró en la pista de carreras y quedó muy alejado de la casa de sir Cosmo Haskard. La nave, además, fue rodeada por varias camionetas y más de cien isleños, entre soldados, milicianos de la Fuerza de Defensa y nativos armados.

  Bajo la persistente lluvia y encandilados por potentes reflectores, los comandos bautizaron el lugar como Aeropuerto Antonio Rivero. El sacerdote católico de la isla, Rodolfo Roel, intermedió para que los restantes pasajeros -entre los que se encontraba Héctor Ricardo García, director del diario Crónica y de la revista Así- se alojaran en casas de kelpers, mientras los "cóndores" permanecían en el avión.

  Al anochecer, Dardo Cabo le solicitó al padre Roel que celebrara una misa en la nave y después los 18 jóvenes cantaron el Himno Nacional. Al día siguiente, luego de formarse frente a un mástil con una bandera argentina y entonar nuevamente el himno, el grupo entregó las armas al comandante Fernández García, única autoridad que reconocieron. Los muchachos fueron detenidos bajo una fuerte custodia inglesa durante 48 horas en la parroquia católica.

 El sábado a mediodía, el buque argentino Bahía Buen Suceso embarcó a los 18 comandos, la tripulación del avión y los pasajeros rumbo al sur argentino, adonde llegaron el lunes de madrugada. Los jóvenes peronistas fueron detenidos en las jefaturas de la Policía Federal de Ushuaia y Río Grande, en el territorio nacional de Tierra del Fuego. Interrogados por un juez, se limitaron a responder: "Fui a Malvinas a reafirmar nuestra soberanía". Quince de ellos fueron dejados en libertad luego de nueve meses de prisión. Dardo Cabo, Alejandro Giovenco y Juan Carlos Rodríguez permanecieron tres años en prisión debido a sus antecedentes político-policiales como militantes de la Juventud Peronista.
 María Cristina Verrier, hija de un juez, y Dardo Cabo, hijo de un famoso dirigente gremial, se casaron en la cárcel.

  El 22 de noviembre de 1966, los integrantes del comando fueron enjuiciados en Bahía Blanca. Como el secuestro de aviones aún no estaba penalizado en Argentina, los cargos de la fiscalía fueron "privación de la libertad", "tenencia de armas de guerra", "delitos que comprometen la paz y la dignidad de la Nación", "asociación ilícita", "intimidación pública", "robo calificado en despoblado" y "piratería". Así trató la dictadura militar del general Onganía al grupo de jóvenes patriotas, a quienes definió como "facciosos".

Los "cóndores"

  Estas fueron las 18 personas que formaron parte del "Operativo Cóndor", con sus edades y ocupaciones al momento del hecho: Dardo Manuel Cabo, 25 años, periodista y metalúrgico; Alejandro Armando Giovenco, 21, estudiante (subjefe del grupo); Juan Carlos Rodríguez, 31, empleado; Pedro Tursi, 29, empleado; Aldo Omar Ramírez, 18, estudiante; Edgardo Jesús Salcedo, 24, estudiante; Ramón Adolfo Sánchez; María Cristina Verrier, 27, periodista y autora teatral; Edelmiro Ramón Navarro, 27, empleado; Andrés Ramón Castillo, 23, empleado; Juan Carlos Bovo, 21, obrero metalúrgico; Víctor Chazarreta, 32, metalúrgico; Pedro Bernardini, 28, metalúrgico; Fernando José Aguirre, 20, empleado; Fernando Lizardo, 20, empleado; Luis Francisco Caprara, 20, estudiante de ingeniería; Ricardo Alfredo Ahe, 20 estudiante y empleado y Norberto Eduardo Karasiewicz, 20, obrero metalúrgico.
 Casi cuatro décadas después, ningún libro de historia o manual escolar recuerda la gesta. La Academia liberal, mitrista y sarmientina, continúa en la jefatura de la "policía del pensamiento".

✒ | La Gaceta Federal
(Fuentes: www.elortiba.org / www.elperiodista3a.com.ar/ Rebanadas de Realidad - Bambú Press, México, 29/09/05) .

14.9.13

El día que Firpo sacó del ring a Dempsey

 
 Sucedió hace exactamente 90 años. La noche del 14 de septiembre de 1923 en el Polo Grounds de Nueva York. Luis Angel Firpo "El toro salvaje de las pampas" vs Jack Dempsey "El matador de Manassa", campeón indiscutido de la categoría.

 Miles de personas se congregaron para seguir "el combate del siglo" frente a los edificios de los diarios La Nación, La Razón y Crítica. La radio, que recién nacía, efectuó una transmisión especial. 2.500 porteños que no poseían radio siguieron esa transmisión en el Luna Park.

 La pelea fue dramática en todo sentido. Llegando al final del primer asalto, Firpo acorraló a Dempsey contra las cuerdas y con una furibunda derecha a la barbilla arrojó al adversario fuera del cuadrilátero. Éste cayó sobre los periodistas, golpeándose la cabeza contra una máquina de escribir. Estuvo entre 14 y 23 segundos -según la fuente investigada- fuera del ring. Cronistas y público lo hicieron poner en pié y, en medio de palabras de aliento e insultos volvió al ring. Mientras, el árbitro efectuaba un conteo que nunca llegó a diez. Tampoco el juez percibió los golpes antirreglamentarios del estadounidense.

 En el segundo round, el argentino cae en dos oportunidades. El combate lo terminó el árbitro, decretando el knock out a los 57 segundos, sin contarle a Firpo el tiempo reglamentario. El árbitro terminaría siendo suspendido cinco semanas más tarde. Pero la injusticia había sido cometida.

 El combate duró tres minutos cincuenta y siete segundos.

 A miles de kilómetros, gracias a la radio, Luis Ángel Firpo tuvo en su puño a miles de argentinos que pasaron de festejar a las lagrimas. La Radio y el Deporte sellan un romance eterno.
✒ | Fuentes: Revista El Gráfico, Ámbito Financiero (Adrián Pignatelli), La Nación, Télam (Emilio Coppolillo Bianco y Roberto Pettacci), Wikipedia, YouTube.

26.8.13

La rebelión del Gaucho Rivero


 En las cercanías de la ciudad de Boston, Estados Unidos, se ubica el poblado de Lexington, lugar donde se llevó a cabo el primer combate de la Guerra de Secesión de aquél país, hacia 1775. Un navío de guerra norteamericano yace en las costas del lugar: es la fragata USS Lexington, una de las tantas que llevan el mismo nombre de aquella que en diciembre de 1831 destruyó casi por completo las defensas argentinas asentadas en Puerto Soledad, Islas Malvinas, cuando gobernaba don Luis Vernet. Una placa recuerda este cobarde episodio en el sitio nombrado.

 Los invasores, entonces, ocuparon los edificios principales, incendiaron la pólvora acumulada del lugar, saquearon propiedades privadas y apresaron a veinticinco pobladores para averiguar quiénes habían osado detener unos buques balleneros estadounidenses que cazaban de manera ilegal. Con irreverencia, Silas Duncan, el comandante de la Lexington, expresó que las islas pertenecían “al mundo”. No será esta acción un hecho aislado ni mucho menos. A lo sumo habría que decir que Duncan fue el primero de una serie larga de piratas y depredadores de ultramar que intentaron apoderarse de nuestras islas Malvinas. Tres intentos más, los de la goleta Dash, el cúter Sussanah Anne y la goleta Exquisite, de bandera yanqui, imitaron el triste ejemplo de Duncan al saquear la ganadería malvinense hasta hacerla prácticamente desaparecer.  Las declaraciones de aquél, aludiendo la supuesta “universalidad” de Malvinas de seguro ayudaron a alentar las tres acciones ilegítimas.

 La intermitencia de los ataques impidió, por ende, fortalecer la presencia argentina en Puerto Soledad, lo que permitió una vertiginosa sucesión de gobernadores político-militares sin que se pudiera restablecer el orden adecuado para ejercer con solvencia la soberanía nacional. Luis Vernet, el primer comandante político y militar de Malvinas, ungido como tal por el gobierno de Buenos Aires, se aleja de la isla Soledad y fija rumbo al puerto de Buenos Aires, dejando el mando al sargento mayor de Artillería don Francisco Mestivier.  Así lo manifiesta el decreto del 10 de setiembre de 1832, emanado del Ministerio de Guerra y Marina, el cual decía: “El gobierno de Buenos Aires, hallándose en ésta el comandante político y militar de las islas Malvinas y sus adyacentes en el mar Atlántico, don Luis Vernet, y no pudiendo aún regresar, ha acordado y decreta: 1º) Queda nombrado interinamente comandante civil y militar de las islas Malvinas y sus adyacentes en el mar Atlántico, el sargento mayor de Artillería don Francisco Mestivier”.

 Poco va a durar Mestivier como gobernador, pues un motín de dudosa procedencia termina matándolo en diciembre de 1832. Como buen militar que era, Francisco Mestivier repuso el orden y la soberanía argentina en Puerto Soledad, fortificó las defensas e hizo enarbolar nuevamente el Pabellón Nacional.  Los peones obedecían correctamente las órdenes y fueron tratados con todo respeto. La situación, sin embargo, volverá a caer en una anarquía atroz.  Habiendo quedado Juan Simón como el hombre fuerte del lugar, siendo el capataz de los peones, comienza a tomar notoriedad…y también empiezan sus abusos.

 La goleta Sarandí decide regresar a Puerto Soledad, noticia que no fue tan bien recibida por Simón, pues éste veía en tal regreso la imposibilidad de asumir como comandante político y militar de las Islas Malvinas, cargo que ya había sido asignado al teniente coronel de Marina José María Pinedo, quien viajaba en la goleta y era el hombre de confianza de Luis Vernet.  Pinedo, por tanto, puso fin a los amotinados, pero cuando el 3 de enero de 1833 la fragata inglesa Clío desembarca e invade las Islas Malvinas, el teniente coronel no intentó defender esa posición, y entonces embarca la escasa tropa que tenía consigo y regresa a Buenos Aires. Iza la bandera argentina y la deja al cuidado de Juan Simón, nombrado por Pinedo como nuevo comandante político y militar de las islas.

Antonio Rivero, el peón justiciero

 Antonio Rivero, gaucho entrerriano, llega a las islas Malvinas en el año 1827, y fue un testigo presencial fundamental de todo lo antes referido. Se dice de él, que trabajó de peón en Puerto Soledad atrapando ovejas y cerdos, a los que luego amansaba. La gran mayoría de los gauchos e indios insurgentes del 26 de agosto de 1833 eran peones, las más de las veces, mal pagos.

 Juan Simón hizo manejos turbios con dinero que, al parecer, les pertenecía a los peones de Puerto Soledad.  Mientras Simón fue comandante político y militar, el capitán John James Onslow, comandante de la fragata inglesa Clío, le “permitió” ostentar dicho cargo, situación que lo puso en ridículo ante los peones que tuvo tiempo atrás a su cargo, y también ante el resto de la población. Era una marioneta del invasor inglés. También se le atribuye a Simón el haber destruido las cuentas que llevaba de los efectos y el dinero que hizo junto a su amanuense Francisco Freyre, producto de las ventas de reses a los buques depredadores extranjeros.

 Luego de que los británicos ocuparan las islas Malvinas aquel 3 de enero de 1833, un grupo de tres gauchos (Antonio Rivero, Juan Brasido y José María Luna) y 5 indios (Manuel González, Luciano Flores, Manuel Godoy, Felipe Salazar y M. Latorre, éste de ciudadanía chilena) acopian armas y puñales y en agosto del mismo año hacen frente a la usurpación. Logran quitarles la vida a cinco personas, entre ellas Juan Simón y el irlandés Guillermo Dickson. Este último fue el encargado, por orden expresa del comandante John Onslow, de izar y arriar el pabellón británico cada vez que pasara una embarcación y todos los días domingos.

 La bandera del usurpador dejó de flamear desde agosto de 1833 hasta enero de 1834.  No obstante, la suerte de los valientes restablecedores de la soberanía nacional sobre las islas Malvinas tuvo un vuelco significativo cuando llega a las costas de Puerto Soledad el barco inglés Challenger, el 8 de enero de 1834, pues el capitán Seymour despachó al teniente Henry Smith junto a cuatro suboficiales y 30 soldados de Marina para que busquen al grupo liderado por Antonio Rivero.  Recién el 21 de enero los ingleses logran recuperar el control de Puerto Soledad.  La persecución fue más punzante, y Rivero y su gente debieron pedir pequeñas treguas por la falta de alimentos.  El primero en entregarse fue el gaucho José María Luna ante el capitán Seymour el 11 de enero, y el último fue el gaucho Antonio Rivero, el martes 18 de marzo de 1834.

 Conducido a Londres fue juzgado por un tribunal militar -instancia de la que poco y nada se sabe al respecto-, y luego Rivero fue devuelto a Buenos Aires donde posteriormente integró los ejércitos de la Confederación Argentina.  Se estima que murió combatiendo otra vez a los ingleses, junto a sus aliados de Francia, en la Batalla de la Vuelta de Obligado, el 20 de Noviembre de 1845.

 Muchas generaciones, siguieron y seguimos viviendo con el culto de la Soberanía Nacional, basados en la filosofía aglutinante de ser Patria y no colonia, ser potencia y no factoría, nación y no satélite, ni campo de pastoreo de “mesiánicos” o “iluminados” gobernantes.

 Rivero, ha sido el punto de partida, de la nación Justa, Libre y Soberana que merecemos los Argentinos.

Fuente:
Efemérides. Patricios de Vuelta de Obligado
Muñoz Azpiri, José Luis. Soledad de mis pesares. Crónica de un despojo, Corporación Buenos Aires Sur. 2007.
Scolaro Francisco. El “Gaucho” Rivero. Rafaela, Pcia. de Santa Fé. 2006.
Tesler, Mario. El gaucho Antonio Rivero. Bs. As, Theoria. 1970.
Turone, Gabriel O. La Rebelión del Gaucho Rivero. 2007.

Se permite la reproducción citando la fuente: www.revisionistas.com.ar 

✒ | Revisionistas www.revisionistas.com.ar 

16.8.13

El conflicto de Gibraltar en diez preguntas


 Estos días Gibraltar ha vuelto de nuevo al primer plano de medios de comunicación y preocupaciones de los Gobiernos español y británico. Como ocurre con cierta regularidad, la cuestión de la colonia y sus relaciones con España han vuelto a salir a relucir. Como suele ocurrir en estos casos, las acciones políticas van seguidas de sonoras declaraciones por parte de uno y otro bando en una escalada dialéctica que hunde sus raíces en unos hechos históricos ocurridos hace ya unos siglos y que son interpretados por uno y otro bando de forma bien distinta. Vamos a acercarnos a Gibraltar en diez preguntas para intentar entender este eterno conflicto y aportar algo de contexto al, a menudo, simplificado debate.




1.- ¿En qué consiste el último capítulo del conflicto?

 Todo comenzó el pasado 24 de julio cuando el Peñón decidió lanzar bloques de hormigón al mar en unas aguas que las autoridades gibraltareñas han reclamado como propias. El Gobierno español respondió endureciendo los controles fronterizos amparándose en la legalidad europea, ya que la Roca no forma parte del espacio Schenguen de libre circulación de personas y mercancías.


2.- ¿Cuándo perdió España Gibraltar?

 En el tratado de Utrech, firmado tras la Guerra de Sucesión Española, por la que austracistas y Borbones se disputaron la corona española, tras quedar vacante con la muerte de Carlos II, ‘El hechizado’ . El tratado se firmó en 1713, tras 12 años de conflicto. Fue posible gracias al acuerdo entre Francia y Reino Unido a espaldas del Sacro Imperio Romano Germánico. Los británicos, que en un principio apoyaron a los partidarios del Archiduque Carlos de Austria cambiaron de bando y empezaron a negociar con los franceses a escondidas.


Ejemplar del Tratado de Utrecht.

 El pacto con los franceses implicaba la aceptación de Felipe V como Rey de España a cambio de unas cuantas concesiones territoriales para los británicos. Entre ellas, dos afectaron a España: Gibraltar y la isla de Menorca. Sobre Gibraltar se dice en ese texto: “El Rey Católico (Felipe V), por sí y por sus herederos y sucesores, cede por este Tratado a la Corona de la Gran Bretaña la plena y entera propiedad de la ciudad y castillo de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensas y fortalezas que le pertenecen, dando la dicha propiedad absolutamente para que la tenga y goce con entero derecho y para siempre, sin excepción ni impedimento alguno”.

 Asimismo, en ese tratado de paz se añade que “si en algún tiempo a la Corona de la Gran Bretaña le pareciere conveniente dar, vender, enajenar de cualquier modo la propiedad de la dicha Ciudad de Gibraltar, se ha convenido y concordado por este Tratado que se dará a la Corona de España la primera acción antes que a otros para redimirla”. En iguales términos se refiere el tratado a la Isla de Menorca, que sí fue devuelta a España, en este caso en el Tratado de Amiens (1802).


3.- ¿Por qué interesaba Gibraltar a los Británicos?

 En el siglo XVII, Gran Bretaña se había convertido en la primera potencia comercial del mundo. Tenía especial interés en ocupar plazas en la ruta hacia el Mediterráneo para poder así controlar su flujo marítimo con destino a Asia. A tal efecto primero pactó con Portugal a cambio de apoyo militar que garantizara al país luso su independencia respecto a España.

 Ya en medio de la Guerra de Sucesión, en 1704, la flota británica desembarcó en un desguarnecido Gibraltar. Los 80 soldados y 300 milicianos más un centenar de piezas de artillería que defendían el Peñón fueron incapaces de parar a los ingleses. Con esta conquista, que posteriormente se formalizará en el Tratado de Utrech, Gran Bretaña conseguía tener bajo control la entrada y salida hacia el Atlántico de los barcos que navegaban por el Mediterráneo. Consigue así un enclave estratégico de primer orden que refuerza su posición de potencia marítima en una zona hasta entonces fuera de su control.


4.- ¿Es Gibraltar una colonia?

 El diccionario define colonia como “territorio administrado por una potencia extranjera”. Teniendo en cuenta el Tratado de Utrech, que liga la propiedad de Gibraltar a la Corona Británica debería considerarse una colonia, ya que sólo Reino Unido tiene la potestad de “dar, vender, enajenar de cualquier modo la propiedad de la dicha Ciudad de Gibraltar”, como se ha visto más arriba.



 Al pasar a manos británicas, se rompió la integridad territorial preexistente en España, por lo que puede considerarse un territorio colonizado, primero por las armas, después a través de un tratado de paz. Así lo considera la ONU.


5.- ¿Qué dice sobre Gibraltar la ONU?

 La ONU define Gibraltar como un territorio pendiente de descolonización. A través de varias resoluciones, Naciones Unidas resalta la necesidad de llevar a cabo un proceso de descolonización en el Peñón. Así, en la resolución 2429, de 1968, se da a entender que debe realizarse mediante acuerdo entre Reino Unido y Gran Bretaña (“potencia administradora”), si bien no concreta el camino.

 De manera general, la ONU se refiere a las colonias como “territorios no-autónomos” e indica que éstos deben descolonizarse mediante tres vías: libre asociación, integración territorial e independencia. Llegados a este punto, la vía que más interesa a España es obviamente la de la integración territorial, mientras que Gibraltar optaría seguramente por la libre asociación, con Reino Unido, obviamente.


6.- ¿Es Gibraltar un paraíso fiscal?

 Gibraltar carece de IVA debido a que la actividad está enfocada al comercio. Cuenta con un estatuto favorable a las empresas, lo que desemboca en una concentración de compañías bancarias que en la práctica convierte a Gibraltar en un paraíso fiscal.

 En 1967 se estableció un régimen de dos tipos de sociedades: cualificadas (residentes en Gibraltar) y exentas (los extranjeros se inscribían en el Peñón y pagaban un tributo por ello pero no pagaban impuestos). Esta doble tributación ha atraído, por ejemplo, a numerosas empresas de juego virtual hasta sumar 21 operadores con 35 licencias para juegos online entre los que destacan los casinos online y las apuestas deportivas. Entre todos gestionan unas 200 páginas web. Esta situación llevó a la OCDE a incluir a Gibraltar en una lista de paraísos fiscales, aunque ya ha salido de esa lista negra.

 Actualmente, la comunidad internacional sitúa a Gibraltar en el mismo nivel de transparencia fiscal que España. El Peñón ha firmado una veintena de convenios fiscales con países europeos en los últimos años y ya no forma parte de la lista negra de paraísos fiscales. Para la Hacienda española Gibraltar continúa siéndolo.


7.- ¿De quién son las aguas que rodean el Peñón?

 Sobre el conflicto actual subyace un contencioso sobre las aguas que rodean al Peñón. España, amparándose en este caso en el Tratado de Utrecht dice que en éste no se habla de aguas internacionales, ya que por aquel entonces este concepto jurídico ni existía. No obstante, desde 1994, con la entrada en vigor del tratado sobre el Derecho del Mar se estableció que cualquier territorio costero tuviera jurisdicción sobre sus aguas adyacentes.

 Sin embargo, el texto legal actual posee una “claúsula interpretativa unilateral” que España ratificó en 1997 en la que se dice que el texto “no puede ser interpretado como reconocimiento de cualesquiera derechos o situaciones a los espacios marítimos de Gibraltar que no estén comprendidos en el artículo 10 del Tratado de Utrecht, de 13 de julio de 1713, entre las coronas de España y Gran Bretaña”.

 Reino Unido no aceptó esta interpretación española. De este modo, estableció para el Peñón una jurisdicción en la costa de tres millas. El tratado otorga hasta doce a cada Estado.


8.- ¿Qué diferencia hay entre Gibraltar y Ceuta y Melilla?

 El principal argumento que España aduce es que Ceuta y Melilla eran posesiones españolas antes de la creación del reino de Marruecos. Por otro lado la ONU no ha calificado estas posesiones como territorio pendiente de descolonización, si bien el reino alahuí, que reclama estos territorios como propios, ha pedido en repetidas ocasiones a Naciones Unidas que intervenga en la cuestión.


9.- ¿Cuánto ha crecido Gibraltar en terreno ganado al mar?

 Gibraltar se ha expandido paulatinamente sobre las aguas circundantes en los últimos años. Actualmente tiene una superficie de 6,8 kilómetros cuadrados. Resulta complicado establecer la evolución exacta de la superficie, aunque el siguiente plano da una idea de como ha ido ampliándose con el paso de los años.

 Actualmente, la Roca planea la construcción de una urbanización en su costa oriental con terreno ganado al mar. Se trata de “Cabo privilegiado”, un complejo turístico con un hotel, 2.500 apartamentos y un puerto deportivo con amarres para 500 embarcaciones. De momento ya se ha construído un espigón de 50 metros de extensión.


10.- ¿Qué hace Gibraltar con su basura?

 Esta pregunta es más heterodoxa, pero siempre me ha llamado la atención, así que la incluyo en este listado. Gibraltar generó 18.111 toneladas de residuos durante en 2010. Los desechos son recogidos seis días a la semana por una empresa privada y trasladados a Los Barrios (Cádiz).

 Dado que Gibraltar cuenta con una población de 29.441 habitantes, la cifra total equivale a 616 kilogramos de basura por persona. La media es superior a la de los países europeos, que se situaba en 2008 en 524 kilogramos de basura por habitante. Así que, básicamente, la basura gibraltareña es lo único que es español estrictamente.

* Fuentes: Este artículo sobre el Tratado de Utrech, este sobre las aguas en litigio, este sobre la condición de paraíso fiscal, este sobre los residuos. También he consultado este artículo sobre el contencioso de Gibraltar y las citadas resoluciones de la ONU.

Actualizado 17/6/2016

✒ Gonzalo Prieto  | Geografía Infinita | martes 16 de agosto de 2013.
http://www.geografiainfinita.com/2013/08/gibraltar-en-diez-preguntas/#comment-6410

*Gonzalo Prieto
http://gonzaloprieto.es
Editor y creador de Geografía Infinita. Apasionado por la geografía y los viajes. Periodista especializado en comunicación corporativa.


9.7.13

El Crucifijo y el Día de la Independencia Nacional

 Decía Marco Tulio Cicerón: “Los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla”, y Marcelino Menéndez Pelayo: “Pueblo que no sabe su historia es pueblo condenado a irrevocable muerte...”. El olvido y el desconocimiento de la propia historia es, según estos pensadores, sinónimo de fracaso y de muerte para un pueblo. Basados en estos pensamientos, nosotros podríamos parafrasear y decir: “El pueblo que falsifica o reinventa la historia según la ideología de turno, es un pueblo destinado a morir”. Agregamos así una causa más de muerte para un pueblo: la falsificación y la reinvención de la historia según la ideología de turno.


 Para no caer en esta situación, es conveniente entonces, como argentinos y católicos, recordar la historia, tal como fue, para no olvidarla, para no desconocerla, para no falsificarla y para no reinventarla, de modo que los hechos del pasado, contemplados en el presente, iluminen el futuro.


 Es esto lo que tenemos que hacer con el 9 de Julio, Día de nuestra Independencia Nacional, si no queremos ser parte de aquellos pueblos que perdieron el rumbo por olvidar o reinventar su historia.


 Una señal precisa, mediante la cual podemos desentrañar la esencia del 9 de Julio, es el crucifijo que presidió la Sala de la Firma de la Independencia en la Casa Histórica. Desde ese momento, la imagen de Nuestro Señor en la Cruz fue llamada “Cristo de los Congresales”.
 No era un hecho casual, ni una coincidencia, ni un descuido, la presencia del crucifijo: los Congresales, en su totalidad, profesaban la fe Católica, Apostólica, Romana, y querían que la Patria Naciente fuera alumbrada a la luz de la Cruz de Cristo, y por este motivo la imagen de Nuestro Señor en la Cruz presidió la Firma de la Independencia. Con toda razón podemos decir, entonces, que Nuestra Patria nació iluminada por los rayos de un Sol infinitamente más luminoso y radiante que el astro sol, y es Nuestro Señor Jesucristo, porque uno de sus Nombres es el de “Sol de justicia”; con toda razón podemos decir que nuestra Patria nació bañada en la Sangre del Redentor, porque nació al pie de la cruz, y quien se coloca al pie de la cruz, es bañado y teñido por la Sangre que brota de las llagas del Cordero de Dios crucificado; con toda razón podemos decir que nuestra Patria tiene a la Cruz como su origen y su fin, porque el Hombre-Dios que en la Cruz está, es Dios eterno, el alfa y el omega, el Principio y el Fin de todas las cosas, de todos los seres y de todo el universo, visible e invisible, y si nuestra Patria tiene en la Cruz su principio y su fin, nacimiento y su destino eterno, también tiene en la cruz su camino hacia la eternidad, y por eso todo en ella, para ser verdadero, debe llevar el sacrosanto signo de la Cruz; con toda razón podemos decir que nuestra Patria nació mariana, porque si nació al pie de la Cruz, allí se encuentra la Virgen, porque donde está el Hijo está la Madre, y si el Hijo está en la Cruz, la Madre está al pie de la Cruz. Y como prueba de que la Nación Argentina nacía de su Hijo, una vez nacida la Patria, fue la Virgen quien la arropó y acunó entre sus brazos, envolviéndola en su manto celeste y blanco, y ese es el motivo por el cual nuestra Bandera Nacional lleva los mismos colores del Manto de la Inmaculada Concepción.  


 No olvidemos la historia; no olvidemos al Cristo de los Congresales; no olvidemos el glorioso nacimiento de nuestra Patria, al pie de la Cruz y arropada en el Manto de la Virgen; no olvidemos que nada sucede por casualidad, sino que es Dios quien, en su Santísima Voluntad, fue quien dispuso nuestra Independencia, tal como lo sostiene el Padre Castañeda, testigo presencial de los hechos de Mayo, inicio de la Soberanía Nacional: “Por nuestra parte, nada bueno hemos hecho, y ni siquiera el 25 de Mayo (y por lo tanto, el 9 de Julio, N. del R.) es obra nuestra, sino obra de Dios”; no falsifiquemos la Historia nacional, poniendo otros fundamentos que no sea Cristo, crucificado y resucitado.



 Si queremos saber cómo es la Historia real de nuestra Patria, no la historia olvidada, ni desconocida, ni falsificada ni reinventada, contemplemos el misterio del Cristo de los Congresales; si queremos saber cómo fue nuestro pasado como Nación, desde sus orígenes, contemplemos al Cristo de los Congresales; si queremos saber cómo debemos vivir el presente de nuestra Patria, contemplemos al Cristo de los Congresales; si queremos saber cómo debemos construir el futuro de nuestra Patria, contemplemos al Cristo de los Congresales. Y luego de contemplar sus heridas, sus clavos, su corona de espinas, la Sangre Preciosísima que mana de sus llagas y de su Sagrado Corazón traspasado, postrémonos de rodillas ante Nuestro Señor Crucificado, el Cristo de los Congresales, e imploremos su Divina Misericordia. 
✒ | Álvaro Sánchez Rueda. 8 de julio de 2013.

20.6.13

Los colores de la Bandera y del manto de la Virgen


Los colores del manto de la Virgen se asocian a los de los Borbones. Guillermo Furlong señala que “al fundarse en 1794 el Consulado, quiso Belgrano que su patrona fuese la Inmaculada Concepción y que por esta causa la bandera de dicha institución constara de los colores azul y blanco. El P. Salvaire confirma nuestra opinión al afirmar que con indecible emoción cuentan no pocos ancianos, que al adjudicar Belgrano a la gloriosa bandera de su Patria los colores blanco y azul celeste, había querido, cediendo a los impulsos de su piedad obsequiar a la Pura y Limpia Concepción de María, de quien era ardiente devoto (6) . Estas palabras fueron tomadas de José Lino Gamboa y de Carlos Belgrano, hermano del general, a quien atribuyeron haberse amparado en el Santuario de Luján” (7) . Belgrano juró defender como dogma la Inmaculada Concepción en la Universidad de Salamanca el 6 de febrero de 1793 (8). Otro de los elementos a tener en cuenta, es lo realizado por Bolívar en Caracas, importante foco revolucionario de América del Sur, al igual que Buenos Aires. “Bolívar, como orador en la Sociedad Patriótica, formula una vehemente instigación a la osadía; el 4 de julio de 1811, Peña, ante el Congreso, hizo valer la opinión, ahora revolucionaria, de Bolívar: ¡Detestamos a Fernando VII! El 8 de julio se hizo conocer la ‘Declaración de Independencia de la Confederación Americana de Venezuela: art. 8: ¿Juráis a Dios y a los Santos Evangelios que estáis tocando, reconocer la soberanía y absoluta independencia, que el orden de la Divina Providencia ha restituido a las Provincias de Venezuela ...de toda sumisión a la monarquía española...y conservar y mantener pura e ilesa la santa Religión Católica Apostólica romana, única y exclusiva de estos países y defender el misterio de la Concepción Inmaculada de la Virgen María, nuestra Señora? ‘¿Qué tiene que ver el misterio...? Un periódico caraqueño dio la respuesta al enigma.' El pueblo no apoyaba a los separatistas que se habían escudado en el misterio de Fernando VII. Hubo que recurrir a otro misterio, el de la Inmaculada Concepción, para lograr el consenso del arzobispo y de la sociedad” (9).

Notas (6) Escarella, Antonio, La Virgen de Luján y la bandera de Luján, Buenos Aires, 1930. p. 30 y Luis Trente Rocamora, Las canciones religiosas de los próceres argentinos, Huarpe, Buenos Aires, 1944. pp. 91-92. (7) Rosenbrantz, Eduardo, La bandera de la Patria, Grito Sagrado, Buenos Aires, 1989. (8) De Cuevillas, Fernando Néstor A., ob. cit. pp. 49-50. (9) Parra Pérez, C., Historia de la primera República de Venezuela, t. II, Caracas, 1939. p. 52, cit. por De Cuevillas, Fernando Néstor A., “Los colores heráldicos…”, ob. cit. pp. 34-35.

✒ | Instituto Nacional Belgraniano. "La Bandera, los colores y su simbolismo".
http://www.manuelbelgrano.gov.ar

Los colores de la Bandera y de los Borbones


Antes de ocuparnos de esta postura, debemos interiorizarnos en las banderas que se utilizaban en España. Al unirse Castilla y Aragón surgió la bandera roja y gualda (gules y oro), producto de la unión de los colores dominantes respectivamente en la heráldica de esos reinos (3) . Al comenzar el siglo XVIII, al asumir la dinastía de los Borbones, se reformaron las banderas. Se autorizaron sólo tres y luego dos por cada batallón. Con respecto a los colores, en el reglamento de Felipe V, de 28 de febrero de 1707, se ordenó el uso obligatorio de las tres aspas de Borgoña sobre fondo blanco. Se conservaron leones y castillos y se acantonaron los extremos de las aspas con las armas de cada ciudad, provincia o reino y comenzaron a usarse el azul y blanco de la Casa Real, respetándose las aspas que se habían introducido con Felipe el Hermoso, marido de Juana, hija de los Reyes Católicos. Desde 1734, se ordenaron tres banderas por cada regimiento, todas blancas. La coronela del primer batallón privilegiado llevaba escudo real en el medio y, en su centro, la lis blanca en campo azur. Los otros dos batallones llevaban cruces de San Andrés. Esta estructura militar fue conservada por los Patricios de Buenos Aires. Carlos III, al enfrentarse en las guerras con Francia, que mantenía pendones semejantes a los españoles, dispuso por real decreto de 1785, la vigencia de los colores rojo y gualda en las banderas de los navíos de la Real Armada y en las plazas marítimas, como Buenos Aires. Los regimientos mantuvieron la primacía del blanco, pero debían poseer una única bandera (4) . Los historiadores que sostienen que Belgrano se inspiró en los colores de los Borbones al crear la bandera se basan en que estuvieron presentes en el Consulado, cuyo secretario perpetuo–como bien sabemos- fue Don Manuel Belgrano. Según el Acta de instalación del Consulado la enseña elegida por esa corporación tenía los colores blanco y celeste. Estos colores responden a la banda de la Real Orden de Carlos III, establecida en 1771 por ese rey, quien se inspiró en la túnica y manto de la Virgen en su advocación de la Inmaculada Concepción, declarada Patrona Universal de los Reinos de España e Indias en 1760. La condecoración que se creó para la Orden pendía de una cinta celeste-blanca-celeste, como la banda de nuestros presidentes, colocada desde el hombro derecho a la faltriquera izquierda. En el famoso cuadro de Goya sobre la familia real se observa a Carlos IV usando esta condecoración. Mitre sostuvo a partir de 1878 esta interpretación, basándose en esa pintura, ya que antes había adherido a la tesis que lo relacionaba con el uniforme y penacho de los Patricios (5). Según Ovidio Giménez, Belgrano, quien permaneció en España durante ocho años, no podía desconocer los colores de la Orden de Carlos III y su relación con los colores de la Inmaculada Concepción. Los investigadores que se oponen a esta hipótesis, entre los que se encuentra Patricia Pasquali, sostiene que Belgrano, que pertenecía al grupo más radicalizado de la Revolución –es decir al morenista-, no podía adoptar una postura “fernandista”, cuando se pretendía la independencia de España y sus monarcas.

Notas (1) Cit. en Marfany, Roberto, “Origen de la Bandera Argentina” en Boletín de la Academia Nacional de la Historia, vol. LIV-LV, Buenos Aires, 1981-1982. p. 96. Véase también: Pasquali, Patricia, “Hacer de la Patria, una Bandera. Origen y evolución del símbolo patrio” en Revista Todo es historia. Asimismo esta autora, en nota nº 23 afirmaba: “El escudo de la ciudad de Buenos Aires descripto en ambas comunicaciones parece ser igual al que luce una medalla acuñada en 1811, pues tiene una corona, una paloma, un barco y un ancla. Se ignora quien ordenó su fabricación y se la llama medalla de la Junta, por ostentar la leyenda ‘Viva la Excelentísima Junta'”. (2) Corvalán Mendilaharsu, Dardo, Los símbolos patrios, Academia Nacional de la Historia, v. VI, sec. 1ª, Buenos Aires, 1947. pp. 299-300. (3) “Origen y evolución...”, ob. cit. (4) De Cuevillas, Fernando Néstor A., “Los colores heráldicos del Río de la Plata” en: Anales Nº 11, Instituto Nacional Belgraniano, Buenos Aires, 2005. pp. 37-38. Véase también: Carlos III, Rey, “Ordenanzas de Su Majestad para el régimen, disciplina, subordinación y servicio de sus ejércitos”, Secretaría de Guerra, Madrid, 1768. (5) Patricia Pasquali, ob. cit.

✒ | Instituto Nacional Belgraniano "La Bandera, los colores y su simbolismo. Los colores de los Borbones".
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