24.2.16

Camarada Eduardo Bertoglio ¡Presente!


 En la noche del 24 de febrero de 1964, durante la realización de una reunión plenaria gremial de la CGT en el Sindicato de Cerveceros de Rosario, fue vilmente asesinado el Camarada Eduardo Ángel Bernardino Bertoglio perteneciente al Movimiento Nacionalista Tacuara junto a los gremialistas peronistas Víctor Militello y Eduardo Giardina, a manos de una banda criminal integrada por miembros del Partido Comunista que llegaron al lugar fuertemente armados para romper el plenario sindical que analizaba un plan de lucha.

 Bertoglio que era encargado de seguridad, respondió enérgicamente a la agresión de los marxistas tiroteándose con ellos hasta que agotó el parque, circunstancia en que fue rodeado e inmovilizado por varios comunistas y prácticamente fusilado sin posibilidad de defenderse. Fue rematado a patadas y palazos, idéntico destino tuvieron los dos gremialistas mencionados con anterioridad.
El Camarada Eduardo seguía así el camino que antes habían transitado Lacebrón y Passaponti, cayendo gallarda y heroicamente en su puesto de lucha contra las fuerzas de la antipatria. Tenía 20 años de edad.

 “... el solemne homenaje de quien como él ha hecho un culto por la lucha y el triunfo del pueblo, dentro de un marco de la más absoluta nacionalidad, donde sólo exista como enseña patria nuestra bandera azul y blanca y una nación de los argentinos y para los argentinos. Ángel Bertoglio, paz en tu tumba”*

*Extracto de la carta enviada por José Ignacio Rucci al secretariado regional de la CGT con motivo del traslado de los restos de Eduardo Bertoglio.

Camarada Eduardo Bertoglio ¡Presente!

Agrupación Nacionalista Lacebrón Guzmán


✒ Agrupación Nacionalista Lacebrón Guzmán | martes, 24 de febrero de 2015.
http://www.lacebroncordoba.com/2015/02/camarada-eduardo-bertoglio-presente.html 

12.1.16

Bandera Mapuche En Festival Jesús María



 En la Argentina (en particular) y nuestro continente (en general), los Dueños del Poder Global se reservan la opción militar sólo como última instancia. En su lugar vienen aplicando una metodología más compleja, sutil, indirecta y a largo plazo, atacándonos en un abanico de flancos aparentemente no inter-relacionados pero que sin embargo forman una única estrategia amplia y abarcadora.

 Esta nueva forma de “guerra” hace uso muy intensivo de la Guerra Psicológica – quizás la “madre de todas las guerras” – para lograr el “copamiento e invasión no militarizada” del territorio argentino utilizando la desinformación, confusión y neutralización de la Opinión Pública. (A. Salbuchi)

 En este caso concreto, el hecho de ver dos banderas , una la nacional y otra representando a otro estado, confunde al menos cuando no maneja a su antojo la opinión pública , lo que nos invita a que con uds. pensemos “con cerebro propio “y no con el del enemigo.

 Por el bien de todos los argentinos que originarios o no, conformamos esta bendita nación, abordemos este tema cuando todavía estamos a tiempo!

 No aceptemos toda censura y auto-censura periodística o impuesta por lobbies y organizaciones de presión ideológica para mantenernos dormidos.

 Sepamos que nos prefieren enfrentados y confundidos antes que despiertos y lúcidos para lograr nuestra unión y verdadera soberanía.

 Que la unión de nuestro pueblo la decidamos nosotros, que la explotación de nuestros recursos y tantos otros temas que hacen al bien común también . No seamos incautos!
Que esta imágen que se reproduce sobre el festival de Jesús María al que asisten miles de argentinos proveniente de todo el territorio, nos sirva para entender hacia dónde nos quieren llevar -(por guerra psicológica) y estemos alertas porque los hermanos debemos estar unidos para que no nos devoren los de afuera.

 Sirva este mensaje para que contrariamente a sus intereses, nos encontremos en procura de un destino de unión y paz que es nuestra noble esencia.



Recomendamos y pedimos difundir la fuente: 


Argentina Today | Martes 12 de enero de 2016.
http://argentinatoday.org/2016/01/12/bandera-mapuche-en-festival-jesus-maria 

22.12.15

Ex combatiente inglés en Malvinas: "No entendemos por qué estas islas son británicas"


Michael Ward volvió a Malvinas 33 años después: "El regreso fue antipático", reconoce. Sus recuerdos, la importancia de la guerra y el desconocimiento de la causa


 Se confunde entre los turistas, su figura espigada recorre cada tarde con un trote intenso el pasillo externo de uno de los pisos de su nueva casa, un buque de 70.000 toneladas y 12 pisos, que lejos está de ser un acorazado de guerra; más bien está repleto de shows, comida, bebidas y diversión. Si el viento helado del Mar Argentino se planta como una barrera insalubre, en todo caso ocupará durante una larga hora una de las ocho cintas para correr dentro del gimnasio del Norwegian Sun, el crucero de esta compañía con base en Miami que de noviembre a marzo hace la ruta Buenos Aires-Valparaíso (Chile). Tiene 51 años y en medio de esta travesía sumará otro más. Los números dan vuelta en su cabeza. Tenía 16 cuando en 1980 ingresó en la Marina Real Británica (Royal Navy) y allí estuvo tres décadas. A los 18 recién cumplidos, en abril de 1982, también se subió a un barco. Pero no tenía el colorinche del Sun, ni la piscina de la cubierta rodeada de reposeras y sus bares repletos de refrescantes tragos. Todo era gris y estaba lleno de armas, cañones y municiones. Era parte de la flota de Royal Navy. Era, en ese joven momento, la casa obligada de Michael Ward, el ex combatiente que volvió a las Islas Malvinas después de 33 años. Ahora, con otros aires, otra templanza y la opción de vida de poder analizar y dar su propia mirada de aquella espantosa guerra. El Norwegian Sun ancla a varios metros de la costa de Puerto Argentino y los turistas se suben a cada tender para cruzar y llegar en unos 20 minutos. Mike se sube y va, en silencio, acompañado por algunos de sus nuevos amigos a bordo. También de sus alumnos, todos como parte de la tripulación, que tienen en Ward al principal instructor en cuanto a todas las medidas de seguridad y prevención se requieren a bordo.


 “Fue un antipático regreso, porque muchos británicos preguntaban ¿por qué? Así como ustedes las llaman Malvinas (lo dice en español, por primera y única vez en la charla, pero la traducción se cae de madura), a nosotros no nos enseñaron en nuestra educación acerca de las Falklands, así que un montón de británicos no las conocían. Y en la Royal Navy, de donde provengo, ninguno de nosotros sabía nada acerca de las islas. Cuando nos dijeron que íbamos a las Malvinas, no sabíamos a dónde estaban. El gobierno decidió ir a pelear y allá fuimos. No fue algo divertido para nadie, como toda guerra. Nunca hubo posibilidades, aún ahora, de construir un puente con Argentina”, cuenta, expresivo y serio, Ward, sentado y de piernas cruzadas en uno de los sillones del quinto piso del barco, algo así como el lobby de este hotel flotante.

¿Cuál es su tarea en este barco?

 Mi responsabilidad principal es la seguridad del barco, me ocupo de los sistemas de seguridad de la nave. También me ocupo del entrenamiento de toda la tripulación, unas 40 horas por semana de entrenamiento. Es un trabajo grande y tengo un equipo de tres personas trabajando conmigo. Hace dos años que estoy en este barco, en el Sun, y cinco en Norwegian.

¿Y antes?

 Antes estuve en la Royal Navy por 30 años. Ingresé en 1980, con 16 años de edad. Estuve en la guerra de Malvinas (dice Falklands) y esta es la primera vez que regreso acá en 33 años.

¿Qué recuerdos tiene de los soldados argentinos?

 Admiro a sus pilotos. Sus pilotos fueron gente muy valiente, fueron pilotos realmente muy buenos y tuvimos un montón de problemas por ellos. Demostraron ser muy valientes. Nos hundieron varios barcos.

¿Conoció algún ex soldado argentino?

 Sí, sí, sí, me encontré con algunos de los pilotos cuando estaba en la Royal Navy.

 En ese momento se nos viene el recuerdo de aquel poema de Jorge Luis Borges, publicado por primera vez el 26 de agosto de 1982 en Clarin. “Juan López y John Ward”, se titulaba, como un giro del destino en la identidad de este británico que tres décadas más tarde volvió a tocar su tierra de guerra. “Les tocó en suerte una época extraña. El planeta había sido parcelado en distintos países, cada uno provisto de lealtades, de queridas memorias, de un pasado sin duda heroico, de derechos, de agravios, de una mitología peculiar, de próceres de bronce, de aniversarios, de demagogos y de símbolos. Esa división, cara a los cartógrafos, auspiciaba las guerras. (…) Hubieran sido amigos, pero se vieron una sola vez cara a cara, en unas islas demasiado famosas, y cada uno de los dos fue Caín, y cada uno, Abel. Los enterraron juntos. La nieve y la corrupción los conocen”.

¿Pero les fue posible salir?

 Sí, unos días antes del final. Es difícil recordar todo perfectamente... Muchos británicos no entienden cómo pueden ser británicas. No entendemos mucho. Vemos que hubo referéndums en los que la gente quiere ser británica, pero los británicos de allá no saben por qué. Incluso nosotros, ex militares como yo, servidores del gobierno, miramos para atrás y no sabemos por qué. No entendemos por qué las Malvinas son británicas. Y en Gran Bretaña es muy difícil escuchar hablar de las Malvinas, en ninguna conversación sale ese tema.

Como ya aclaró, no sabían a dónde iban...

 No teníamos idea de las islas Malvinas, casi nadie en el barco lo sabía, y éramos una tripulación de 350 personas. Había un miembro de la tripulación que sí había escuchado de ellas, pero nadie de nosotros estaba enterado de que las islas Malvinas eran británicas, ni dónde estaban. Esa es la verdad. Y no pensábamos que entraríamos en guerra cuando la Primer Ministro nos envió.

 Ward se refiere a Margaret Hilda Thatcher, quien fuera la premier británica desde 1979 a 1990 y falleciera en abril de 2013. Un dato de actualidad indica que la última inauguración que se dio en Puerto Argentino (Stanley, para Mike) es un busto de Thatcher. Ward no se guarda elogios hacia ella, y sigue, mientras mira su reloj aunque no parece apurado. En todo caso un tic cronológico lo debe llevar a ese gesto aún asombrado de estos 33 años que el grupo de periodistas argentinos le hace repasar.

¿Estando acá pensaban que todo se iba a resolver antes?

 Sí, de manera política. Ninguno de los militares pensaba que iba a entrar en una guerra. Pensábamos que Margaret lo iba a solucionar, era una fantástica primer ministro, muy fuerte y con decisión.

¿Cuánto tiempo estuvo?

 Llegamos como Task Force (una fuerza de tareas), todos nuestros barcos llegaron juntos y estuvimos la guerra entera. Hicimos los desembarcos en el estrecho de San Carlos. Nosotros llevábamos marines que bajaban en la playa Azul y nosotros estábamos al frente. Permanecimos en San Carlos durante toda la guerra, donde nos hundieron algunos barcos. El Sheffield fue el único barco hundido en mar abierto, el resto fue ahí, en el estrecho de San Carlos. Creo que fueron cuatro los barcos hundidos ahí con los Mirage. Ustedes volaban por debajo del alcance de los radares y por eso no los podíamos detectar. Sus pilotos fueron personas muy, muy valientes. Venían por debajo del nivel del radar y, una vez que los detectábamos, muy pocos podían regresar. Así nos hicieron mucho daño en nuestras naves, hasta que se quedaron sin misiles. Si no se hubiesen quedado sin misiles aire-tierra para atacar nuestras naves, nos hubiera sido difícil de defender, sin duda. Estuvimos en problemas allí.

¿Cuál era su tarea en la guerra?

 Recargaba combustible de las aeronaves, sobre todo helicópteros. En el desembarco en playa Azul los helicópteros salían, regresaban, los recargaba y volvían a salir. Yo tenía 18 años. Cumplí años en marzo y la guerra empezó en abril.

¿Qué siente ahora?

Tristeza, porque la isla es un terreno muy inhóspito, y en 1982 la población era muy pequeña. Ahora hay dos o tres mil personas. ¿Sabes? No entendemos por qué. Fue por política, política pura. Muchos de mis amigos ya habían regresado. Fue una guerra grande por una ganancia muy pequeña, con unas mil muertes, pero fue sólo política. Es un lugar a 6 mil millas de distancia. A mi hija, que ahora tiene 25 años, nunca le explicaron sobre las Malvinas, sabe que su padre estuvo en la guerra de Malvinas, pero nunca nadie le dijo nada al respecto más que lo que sabe por mí, lo que es realmente muy poco.

¿No lo enseñan en las escuelas?

 No, nadie habla de eso. Yo mismo hablo más de las guerras de Afganistán o Irak, muy raramente menciono las Malvinas.

¿Ella le pregunta?

 Sí, me pregunta. Porque fue el primer conflicto en el que estuve, después estuve en Bosnia a finales de los ‘90 y en Irak y Afganistán en los 2000. Los militares británicos nunca tuvieron conflicto alguno antes de las Malvinas, por muchos años antes y por muchos años después. Vas a un bar y les preguntás a los británicos acerca de las Malvinas y no sabrán qué decirte.

Parece que fue ayer…

 Sí, pero fue hace 33 años, y hoy aún no lo entendemos, sólo la gente de las islas quiere seguir siendo británica, nadie más apoya esta causa.

¿Cómo terminó trabajando en un crucero?

 Me retiré de la milicia luego de un contrato de 22 años. Estuve ahí mucho tiempo y obtuve una pensión. Me retiré como a los 46 años de edad y volví a navegar. Intenté no volver a hacerlo, intenté regresar a casa, pero no pude.

✒ Gastón Leturia Clarín | Martes 22 de diciembre de 2015.

22.11.15

Izquierda e Islam, la extraña pareja


 "Hay muchísima gente que aquí, en Occidente, no tiene ninguna salida y yo creo que son elementos estructurales en donde hemos fallado. No sólo en la seguridad, no sólo en las agencias de información". Son las palabras ya famosas/infames del eurodiputado de Podemos Miguel Urbán explicando la negativa de su partido a sumarse al Pacto Antiyijadista. Olviden por un momento el esperpéntico concepto de "estructurar gente", fruto probable de haber oído campanas sin saber muy bien dónde. Con diferentes grados de confusión o precisión gramatical y semántica, Urbán está lejos de encontrarse solo en su postura más que comprensiva con los radicales islámicos, en España y en el resto de Occidente. 

 Lejos de ello: desde el propio Pablo Iglesias pidiendo diálogo, a la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena asegurando que "la respuesta a la barbarie no es la venganza, sino hablar" o su homóloga barcelonesa Ada Colau y su concejal Gerardo Pisarello ("el Gobierno de Hollande responde a las muestras de solidaridad y de condolencia con más terrorismo desde el aire. Un acto indecente que no resolverá nada"), son otros tantos indicios de uno de los fenómenos más curiosos de la historia ideológica de nuestros tiempos: la alianza antinatural de la izquierda con el islam.

 El Islam -más el radical, pero incluso el moderado- representa una visión de la sociedad que está en el extremo opuesto de lo que la izquierda defiende con más énfasis. Todo aquello de lo que los podemitas puedan y suelan acusar a la derecha, el Islam lo cumple elevado a la máxima potencia. ¿Estado secular? Imposible: el islam no diferencia entre ambos, y muchos de sus mandatos exigen una autoridad política que los aplique. ¿Ideología de género? Absolutamente 'haram'. ¿Feminismo? No me haga reír. Pacifismo, tolerancia, libertad de expresión... Elijan el campo que quieran.

 Y, sin embargo, las evidencias de una alianza táctica entre la izquierda, y especialmente la más radical, y el islam, y especialmente el islam más radical, están por todas partes. Ante cualquier comportamiento violento de grupos islamistas, es siempre la izquierda la que muestra la reacción más comprensiva, esforzándose por 'explicar', minimizar o incluso justificar el acto.

 Vivimos un momento de extraños compañeros de cama, de fractura de las líneas ideológicas de la posguerra y alianzas inesperadas. Ante cada nueva crisis observamos cómo ya no hay una derecha que defienda en bloque una postura, atacada también en bloque por la izquierda. Así, el conflicto de Ucrania o la figura de Putin agrupa a izquierdistas y derecha en un bando y a otra izquierda y otra derecha, en el otro.
Pero ninguna de estas alianzas es, como señalamos, tan violentamente antinatural como la que une al islam con la izquierda. ¿Cómo es posible, de dónde nace este estrambótico 'pacto de suicidio'?

 Lo primero que hay que entender, el sucio secreto de la izquierda occidental, es que a lo largo de la posguerra fue perdiendo su base natural, su ejército proletario, los parias de la tierra de los que canta la Internacional. El obrero fabril, lejos de cumplir las profecías de Marx y depauperarse hasta la absoluta indigencia y multiplicarse en número, mejoró de forma constante sus perspectivas económicas y nivel de vida, pasando a engrosar la creciente clase media.  La izquierda, aunque mantuvo la retórica obrerista, necesitaba urgentemente otra 'clase oprimida' que justificara su visión y su lucha, y encontró muchas: el propio planeta, con el ecologismo, las mujeres oprimidas por el Patriarcado, los homosexuales y demás compañeros de viaje, los pueblos indígenas oprimidos por la herencia colonial, los inmigrantes discriminados por nuestra sociedad xenófoba...

 El Islam representa a estos dos últimos grupos. El islamismo exterior, en el extranjero, viene a ser una revuelta marxista de los desheredados con un pintoresco disfraz religioso; el interior, es la reacción contra la opresión xenófoba. Los musulmanes son, en fin, una potente internacional proletaria que aún no tiene la conciencia correcta, pero es solo cuestión de tiempo.

 Basta con observar una lista parcial de intelectuales de izquierdas que mostraron una actitud ambigua, justificaron o incluso celebraron públicamente el atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York de 2001 para hacerse una idea de la amplitud del fenómeno: Jean Baudrilliard, Damien Hirst, Norman Mailer, Dario Fo, Nelson Mandela, Harold Pinter, Arundhati Roy, Jose Saramago, Susan Sontag, Karlheinz Stockhausen, Oliver Stone, Hunter S. Thompson, Ted Turner, Desmond Tutu, Peter Ustinov, Gore Vidal...
Sí, el islam parece representar todo lo que la izquierda aborrece, pero eso es solo producto de la 'falsa conciencia'. El enemigo es el de siempre, Occidente, y muy especialmente su herencia cristiana. Explica perfectamente el periodista y autor británico Peter Hitchens: “La hostilidad de la izquierda hacia el cristianismo es específica, porque el cristianismo es la religión de sus propios hogares y de su tierra. El Islam ha sido un credo distante y exótico que nunca se les ha enseñado como una fe viva y probablemente nunca se les ha propuesto en la práctica como opción de vida.  Por tanto pueden simpatizar con él porque es el enemigo de su monocultura y como un factor anticolonialista y, por tanto, progresista. Algunos marxistas formaron alianzas con los musulmanes británicos pese a sus muy reaccionarias actitudes con respecto a las mujeres y los homosexuales. Otros prefieren vivir en un estado de doblepensar no resuelto.”

 La izquierda está atrapada en una prisión conceptual marxista que la obliga a ver el mundo bajo un prisma simplista, el de opresor/oprimido, ciega para cualquier realidad que no quepa en ese esquema aunque le golpee en la cara. Como resume el periodista americano Dennis Mitzner,la izquierda pasa por alto la religiosidad islámica porque ve a los musulmanes como parte de su propia lucha contra la hegemonía occidental. "El islam no parece a la izquierda una amenaza en el mismo sentido que el cristianismo o el judaísmo. Miran a cristianos y judíos y ven riqueza; miran a los musulmanes y ven pobreza". Siendo hijos de Marx, "ver el mundo bajo el prisma de las condiciones económicas es perfectamente lógico".

 En Occidente, el islam se deja querer. Vota a esa misma izquierda sin dios porque es votar concesiones, sin más. Pero la ironía es que la victoria total de cualquiera de los dos aliandos es el exterminio absoluto del otro. Si la izquierda triunfa absolutamente, impondrá un régimen en el que no habrá lugar para la discriminación de los homosexuales, la discriminación de las mujeres o, ya que vamos a ello, la religión, mucho menos una que pretenda imponerse políticamente. Si, por el contrario, los islamistas se salen con la suya, la izquierda sufrirá el mismo destino que el resto de los infieles, multiplicado. Los cristianos tienen un lugar, subordinado y servil, en la cosmovisión islámica. Los ateos, en cambio, son reos de muerte. De la independencia de la mujeres o de la 'visibilización' de los homosexuales, mejor nos olvidamos.

 Para los izquierdistas más perceptivos, los que advierten estas irreconciliables diferencias -igual que para los islamistas más astutos-, se trata de una carrera. La izquierda confía en 'domar' a los islamistas, que a corto plazo suponen, sin más, un contingente añadido de votos. Confían en que nunca lleguen a imponerse numéricamente o que, cuando lo hagan, ya hayan sido convenientemente secularizados por la influencia de la vida occidental. En su cosmovisión, la religión no es más que "superestructura". Su ignorancia sobre los siglos de historia musulmana suele ser total.

 Para los islamistas, en cambio, la izquierda occidental son traidores útiles en Dar al Herb, la Tierra de la Guerra, de los que han encontrado muchos a lo largo de la historia, fenómenos pasajeros que serán absorbidos y sometidos a su tiempo sin problemas. Y que, si se obstinan en sus ideas seculares y nefandas, ni siquiera obtendrán el magro consuelo de los dhimmis y su destino será la espada.

✒ Redacción | La gaceta (España) | Domingo 22 de noviembre de 2015.

27.10.15

Exposing the real Che Guevara and the useful idiots who idolize him


 El libro no sólo se preocupa por la vida pública de Ernesto Guevara, sino que también profundiza en su vida privada para contrastar la versión que lo presenta como un despreocupado por las riquezas terrenales. Permanentemente, Fontova nos recuerda de la crueldad y el ansia de sangre y muerte del Che Guevara utilizando como fuentes sus propias declaraciones y escritos. La evidencia es elocuente. Los datos y testimonios del libro por momentos ponen la piel de gallina al lector. Sin embargo, este genocida latinoamericano sigue siendo idolatrado por miles y miles de jóvenes, intelectuales, periodistas y hasta políticos.


 Buscar desenmascarar un mito es indudablemente una tarea ardua. Si encima se trata de quien adorna las remeras, brazos, colgantes, bolsos y demás accesorios de buena parte de la juventud del mundo, el desafío se hace casi imposible. Por supuesto, se trata de Ernesto “Che” Guevara, el inmortalizado mito guerrillero, a quien la prensa mundial y hasta Hollywood se han deleitado describiendo y mostrando como un joven rebelde, en permanente lucha por sus ideales.

 Este es el gran desafío que se propone Humberto Fontova, autor de varios libros sobre el tema y una de las víctimas de las atrocidades realizadas por el Che Guevara y sus socios cubanos, ya que a los siete años de edad tuvo que huir raudamente del país con su madre y hermano sin saber si su padre sería o no fusilado por el argentino que entonces capitaneaba las ejecuciones en la cárcel La Cabaña. Así, intentando despegarse de toda carga emocional, Fontova realiza una minuciosa investigación sobre el Che Guevara, suministrando datos bien documentados y testimonios de quienes en uno u otro momento de sus vidas compartieron un tiempo con el mítico guerrillero.

 Con gran sencillez y una impecable rigurosidad, Fontova comienza describiendo la llegada del Che Guevara a Nueva York para dar su famoso discurso ante la Asamblea General de la ONU en 1964. Aunque tal como documenta el autor, esto era sólo una máscara para ayudar a coordinar la voladura de la Estatua de la Libertad, atentado afortunadamente frustrado por el FBI.

 Durante todo el libro, Fontova se centra en la actitud de roqueros como Santana y Rage Against the Machine, o estrellas de Hollywood como Johnny Deep, Robert Redford y Angelina Jolie que llevan en sus atuendos o en sus pieles el marketinero rostro inmortalizado por Korda. Por este motivo, dedica gran parte del libro a demostrar las crueldades del Che para con todo rebelde, en fin, con quien pretendiera romper las reglas impuestas por él. Incluso el nieto de quien fuera idolatrado por sus biógrafos, Jon Lee Anderson y Jorge Castañeda, Canek Sánchez Guevara, ahora exiliado en México, tomó la decisión de abandonar el sistema creado por su abuelo por considerar que “el régimen demanda sumisión y obediencia… el régimen persigue a hippies, homosexuales, libre pensadores, y poetas… Utilizan un sistema constante de vigilancia, control y represión”.

 El libro está repleto de anécdotas y detalles no muy conocidos, no sólo del Che Guevara, sino también del régimen que Fidel Castro dominó con mano férrea durante casi cincuenta años y ahora su hermano pretende extender en una suerte de dinastía. Así también, detalla la persecución específica recibida por homosexuales por parte del gobierno cubano desde mediados de la década del 60 con las Unidades Militares de Ayuda de Producción (UMAP). Se trataba de campos de concentración y trabajo forzado para homosexuales y otros “elementos antisociales” cuyo lema era “El trabajo los hará hombres” frase que recuerda al cartel de Auschwitz “El trabajo los hará libres”.

 El libro no sólo se preocupa por la vida pública de Ernesto Guevara, sino que también profundiza en su vida privada para contrastar la versión que lo presenta como un despreocupado por las riquezas terrenales. De todas las propiedades confiscadas por el régimen en 1959, el Che eligió como morada la más lujosa de la isla, perteneciente al, hasta entonces, constructor más importante del país, una mansión con puerto de yates, una enorme pileta de natación, siete baños, sauna y hasta un enorme televisor con lo que en esa época era poco conocido incluso en Estados Unidos: un control remoto. En este sentido también profundiza sobre la ambición de Guevara e incluso pone en duda con documentos concretos, su supuesto título de médico.

 En otro apartado el libro alcanza momentos hilarantes al relatar los “conocimientos” del Che sobre la guerra de guerrillas y su rol, tanto en Sierra Maestra como en el Congo y en Bolivia, donde éste se entrega con la famosa frase: “¡no disparen! Valgo más vivo que muerto” (como si esto fuera distinto para quienes él fusiló…). Aparentemente el Che se entrega gustoso no sólo creyendo que no lo iban a matar, sino viendo que ésa era su mejor salida, ya que estaba perdido, con hambre y bastante solo (sin apoyo popular) en medio de la selva boliviana. De hecho, en el único enfrentamiento en el que el Che tuvo éxito, según el autor, fue cuando tuvo lugar la invasión de Bahía de los Cochinos, momento en el cual el argentino vio su oportunidad de lucirse y se dirigió con un buen batallón al lugar opuesto de la isla donde la CIA había preparado un señuelo.

 Permanentemente, Fontova nos recuerda de la crueldad y el ansia de sangre y muerte del Che Guevara utilizando como fuentes sus propias declaraciones y escritos. “Si los misiles se hubiesen quedado en Cuba los habríamos utilizado contra el mismo corazón de los Estados Unidos, incluyendo Nueva York. Nunca debemos establecer una coexistencia pacífica. ¡Debemos caminar el camino de la victoria incluso si cuesta millones de víctimas atómicas!” declararía el argentino alLondon Daily Worker . Fue este supuesto Jesús contemporáneo quien afirmó “un revolucionario debe convertirse en una fría máquina de matar motivada por puro odio”. Esto sumado a su famosa declaración en Montevideo en 1964: “Claro que fusilamos. Y continuaremos fusilando cuanto sea necesario”. Según estimaciones, hasta 1970, el número de fusilamientos alcanzaba los 1400 en el “paraíso tropical”.

 Por este motivo, Fontova dedica un capítulo a una de las aparentes pasiones del Che: los fusilamientos. De esta forma, explica cómo el argentino idolatrado entonces por la revista Times y el New York Times, se convirtió en una “efectiva y violenta máquina de matar”. Es aquí donde el libro toma su lado más doloroso y relata historias realmente dignas de una película de terror sádico. Cuenta cómo este supuesto héroe mandó a fusilar a personas ante la impotente mirada de sus padres, esposas y familiares en general, deleitándose en el acto. A tal punto llegaba su sadismo, que el argentino eligió, en La Cabaña, la oficina que mejor vista tenía al paredón donde se realizaban los fusilamientos.

 Pero no todo es crítico. Fontova relata los éxitos del Che Guevara como Ministro de Economía. Ya que fue con la gran ayuda de este argentino que Cuba logró convertir a la sangre humana en un commodity para venderla a Vietnam del Norte. Todo esto está incluso documentado por la Comisión de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos.

 La evidencia es elocuente. Los datos y testimonios del libro por momentos ponen la piel de gallina al lector. Sin embargo, este genocida latinoamericano sigue siendo idolatrado por miles y miles de jóvenes, intelectuales, periodistas y hasta políticos. ¿Por qué esta idolatría si los datos son tan concretos, si se sabe que asesinó a sangre fría a tanta gente y se quedó con las ganas de acribillar a tantos más? El libro también responde esta pregunta con una anécdota en la cual el cubano americano Henry Gómez caminaba por la calle luciendo su remera casera con la frase “El Che está muerto – acéptenlo”. Justo entonces, se cruza con el guitarrista Carlos Santana quien le dice que eso no es cierto porque “el Che vive en nuestros corazones”. Por supuesto, este joven cubano le comenzó a dar datos respecto del odio y la crueldad de este personaje como así también los sufrimientos por los que han pasado los cubanos por casi medio siglo, a lo cual el roquero le contesta: “Te estás aferrando demasiado a los hechos”.

 Es así, no hay peor ciego que el que no quiere ver. Pero quien esté dispuesto a abrir sus ojos y aferrarse a los datos concretos, en lugar de las fábulas imaginarias de hagiógrafos del Che y adoradores del régimen castrista que prefieren vivir en Estados Unidos, aquí tienen el libro indicado. Contundente, ameno, pero a la vez crudo y fundamentalmente basado en datos concretos.

Hernán Alberro es Director de Programas del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL) www.cadal.org


✒ Hernán Alberro* | Análisis Latino  | 31 de octubre de 2007.
http://www.analisislatino.com/notas.asp?id=2142 

* Acerca del autor
Hernán Alberro
Licenciado en Periodismo en 2002 (Universidad del Salvador) y Maestrando en Administración y Políticas Públicas (Universidad de San Andrés). Realizó seminarios en Foundation for Economic Education (FEE) en Nueva York, en The Institute for Humane Studies y en National Endwoment for Democracy en Washington D.C. sobre temas referentes a la libertad y administración de think tanks. Fue Coordinador de Programas de la Fundación Atlas para una Sociedad Libre (2000-2002). Trabajó como periodista económico en Internet Global Solutions (2001-2002) y en Total News (1998 y 2000). Fue Profesor de Comunicación Social y Metodología del Instituto Secundario Toratenu (2001). Trabajó como director de cuentas y análisis de contenidos en SCi, Sistemas de Comunicación Interna (1999-2001). Como traductor ha publicado varios trabajos dentro de las organizaciones en las que se desempeñó, destacándose la traducción de La Rebelión de Atlas de Ayn Rand (Grito Sagrado, Buenos Aires: 2003).
Twitter: @halberro

20.10.15

El mito Guevara


 La pala­bra mito, de raíz griega, tiene varias acep­cio­nes en el dic­cio­na­rio; una de ellas es: “Per­sona o cosa a la que se le atri­bu­yen cua­li­da­des o exce­len­cias que no tie­nen, o bien, una reali­dad de la que care­cen”. Rodrigo Borja, en su Enci­clo­pe­dia Polí­tica nos dice que “en los pue­blos moder­nos se ha for­jado tam­bién una suerte de mito­lo­gía polí­tica. El mito, en defi­ni­tiva, tiene ele­men­tos extraí­dos de la reali­dad y de la fan­ta­sía”. La fic­ción y la his­to­ria se entre­mez­clan para dar a cier­tos indi­vi­duos y a sus actos, una ima­gen agran­dada, por fac­to­res sen­ti­men­ta­les o ideológicos.

 Todas estas refle­xio­nes con­cep­tua­les se me vie­nen a la mente al medi­tar sobre la trans­mu­ta­ción que, con el paso de los años, ha expe­ri­men­tado la ima­gen del gue­rri­llero argen­tino Ernesto “Che” Gue­vara. Cuando este hom­bre murió en las sel­vas de Boli­via, luego de una embos­cada que le ten­dió el Ejér­cito boli­viano, ase­so­rado por la CIA, las úni­cas lágri­mas derra­ma­das por su triste muerte pro­vi­nie­ron de los sec­to­res de ultra­iz­quierda, obse­sio­na­dos con la toma del poder por la vio­len­cia, quie­nes vie­ron con frus­tra­ción la desa­pa­ri­ción de su ada­lid en esa lucha. A nadie se le ocu­rrió que había muerto un már­tir de vida ejem­plar; un modelo de con­ducta para los seres huma­nos. Pero, con el correr de los años y la falaz repe­ti­ción de una his­to­ria dis­tor­sio­nada por bió­gra­fos e inte­lec­tua­les mar­xis­tas, comenzó el pro­ceso de miti­fi­ca­ción del per­so­naje. La foto del gue­rri­llero con boina se con­vir­tió en un recurso estra­té­gico de mar­ke­ting polí­tico e ideo­ló­gico; y, des­pués de más de 40 años de su muerte, los jóve­nes, en su gran mayo­ría des­co­no­ce­do­res de la his­to­ria, pien­san que el “Che” Gue­vara fue un idea­lista obse­sio­nado con nobles metas, un lucha­dor por la jus­ti­cia, un pala­dín al que hay que venerar.

 Nada de eso. Gue­vara ase­sinó con cruel­dad a mucha gente. En una orgía de san­gre, en la famosa pri­sión de la Cabaña, fusiló, sin jui­cio pre­vio, a cen­te­na­res de pri­sio­ne­ros. Se citan por dece­nas sus pre­di­cas de odio e inci­ta­ción al cri­men como recurso nor­mal en la lucha de cla­ses. Jamás se puede jus­ti­fi­car arre­ba­tar la vida a los seres huma­nos en nom­bre de la jus­ti­cia, en la igual­dad de los hom­bres y otros nobles fines. Cuando a Octa­vio Paz se le pre­guntó por qué no se había adhe­rido a la revo­lu­ción, uti­lizó en su con­tes­ta­ción el mismo argu­mento que esgri­mió Cha­teu­briand hace dos siglos, quien, cuando se le inqui­rió por qué no par­ti­cipó en la revo­lu­ción fran­cesa, mani­festó que tuvo la inten­ción de abra­zarla, pero cuando vio una cabeza humana cla­vada en una pica, dio un paso atrás, pues jamás podía admi­tir que se ase­si­nara en nom­bre de la libertad.

✒ Enrique Valle Andrade | Diario Hoy, Ecuador  | Miércoles 29 de febrero de 2012.